Ötillö Swimrun Cannes

jueves, 22 de octubre de 2020

Inscritos en enero con la intención de dar un pasito más en el tema swimrun y correr una de la "franquicia" sueca Ötillö, elegimo Cannes por aquello del destino turístico atractivo. ¿Öticuálö? Ötillö es al swimrun lo que Ironman es al triatlón (y lo que intenta UTMB), los inventores de este deporte, los que tienen la carrera estrella y los que han hecho un circuito para clasificarse en ella. La comillas vienen porque ellos organizan la prueba, no les pagas un cánon y te ceden la marca y las plazas por las que la gente lucha, no, en este caso los suecös son los que organizan. Suele haber tres distancias y las 'World Topeguay' son de distancia maratón, que empiezan a ser palabras mayores.

Cuando salieron las nuevas pruebas de Swimrun Madrid (la segunda era a finales de junio y no se hizo) parecía hecha para que preparáramos Cannes, porque era justo un mes y medio antes y de distancia larga pero no excesiva. Poco antes de hacerla para mi sorpresa descubrí que la carrera de Cannes tenía 8500 metros de natación y era a mediados de octubre, no a finales por lo que era un mes la diferencia entre carreras no mes y medio. El primer pensamiento al redescubrir lo de los 8500 fue ¿en qué cojones estaba yo pensando en enero? ¿De verdad me veía capaz de nadar en octubre ocho mil quinientos metrazos? Si la respuesta es afirmativa, justifíquela. Me quedé a cuadros.

Desguazado de Madrid, dos días "comatoso", sin embargo a partir del tercer día empecé a recuperar muy bien e incluso pude retomar la natación en aguas abiertas el viernes posterior y me fui viendo razonablemente suelto, apretándome en cuanto a distancia porque veía demasiado lejos lo de los 8500. Recuerdo que soy de secano. A mi favor, había hecho más de 6000 en Madrid por error mío pero había acabado un poco justo. Evolucioné hasta hacer un día de 6000 continuo, pero entró mal tiempo, pacientemente esperé a que se abrieran los cielos y a diez días de la carrera me marqué el que es mi récord, 7006 metros continuos, con el agua cerca del límite de temperatura que aguanto sin padecer y sin ser inseguro y además acabé razonablemente entero, lo cual me dio una importante dosis de confianza que necesitaba.

Para ponerlo en contexto, confirmaron la prueba dos semanas antes, momento en el que nos pusimos a buscar vuelos, descubrimos que Iberia ya no volaba a Niza en un reordenamiento de destinos, así que lo hicimos a Marsella, que dista 160 kilómetros de Cannes. Pero el covid planeó más cerca: a mi compañero Diego le confinarían la noche del día que volamos y a mí en cuanto pisé tierras españolas de nuevo, es decir, sin saltarnos nada ni cometer alegalidades, raspamos los dos confinamientos selectivos con precisión quirúrjica si lo hubiéramos planeado. No es presumir de ello, es por hacernos una idea de lo cambiante que es todo esto y cómo debemos adaptarnos: no poder nadar un tiempo en verano por otro confinamiento, visto bueno a 48 horas en Madrid, dos semanas para el OK en Cannes que requiere más preparativos y logística, entrenar sin tener nada claro si íbamos a competir y despegar a horas de un confinamiento y llegar a casa dos horas antes de otro. El deporte de competición en estas épocas es para quien no le tiembla el pulso o para quien no tiene demasiado que perder.


La prueba tenía una parte que me hacía dudar -era mar, no pantano, cero días en 2020- y otra que a priori no me apasionaba -era bastante urbana. Lo primero se solucionó con un día tranquilo y unos agradables 20 ºC del aire, bien por Cannes, además de generosas cantidades de vaselina en prevención de rozaduras y lo segundo... bueno, es Cannes, que está chulo, puestos a correr en entornos urbanos este molaba, e incluía dos islas y unas cuantas zonas más traileras y naturales. Sólo por ver los cochazos que hay por allí, a un petrolhead ya le merece la pena.

Poco antes de salir descubrí un nuevo motivo de preocupación: los tiempos de corte. Nunca me he tenido que preocupar de ellos, la verdad, pero esta vez los vi muy ajustados. Desconozco si es por cierto elitismo que le quieren conferir a la carrera larga, si es por seguridad (quitarte a gente lenta en un medio, el acuático, que es mucho más delicado), o es que soy demasiado malo para este deporte (posiblemente), pero me vi haciendo cálculos rápidos y rozábamos el irnos fuera. Una cosa a nuestro favor es que habíamos decidido ir con cuerda: como ya comenté en el anterior post, David es mucho mejor nadador y yo corro a veces algo más, y para ello y dado que es por parejas (en la larga no hay posibilidad de ir en individual), el uso de cuerda para tirar el uno del otro es masivo, y por primera vez lo usaríamos en Cannes, primera primera, no lo entrenamos tampoco y se notó. La cuestión es ecualizar el rendimiento del equipo, podría darnos mejor media en ambas disciplinas a costa del esfuerzo del que mejor iba.

Y, por último, el tipo de carrera. No sólo la carrera es más larga sino que cada sección también lo es, lo que requiere de más soltura en cada disciplina. Compárese el de Madrid vs Cannes:

  • distancias a pie/natación/total/porcentaje: 25 km/4500 m/30 km/16% vs 35 km/8500 m/44 km/19%
  • distancia más larga a pie/natación: 5 km/800 m vs 8 km/1400 m
  • número de secciones: 29 vs 21
  • distancia media de natación (a ojo): 300 m/800 m
Muy a ojo 8500 m son 3h30' nadando para mí y 35 km a 6'/km (contando subidas y avituallamientos) son también 3h30', es decir, se emplea aproximadamente el mismo tiempo en cada disciplina (para un mal nadador). Si lo comparas con Ironman, por ejemplo, la natación es 1h-1h15' y la maratón 4 h: se ve lo descompensados que están éstos y es que deberían de nadar tres veces más para más o menos igualar deportes (cálculos hechos con mi ojímetro). Además en Cannes cada vez que te metes al agua es para 20' al menos, cada vez que corres es media hora y tienes algún tramo de una hora. A lo que voy: la carrera de Cannes es mucho más larga, exigente, cada tramo más potente y es otro nivel respecto a los swimrun largos que se hacen en España. Pero si íbamos allí era por esto, claro, por el desafío. Porque una cosa está clara: nunca, ni en sueños, nos clasificaremos para la Ötillö original, falta muchísima natación y algo a pie, pero está lejos por horas. No hay problema, puedo vivir sin ello.

La salida era en una isla enfrente a Cannes, nos llevaban en ferry pero primero pusimos el puerto porque a esas horas aún no estaba montado, qué ganas de madrugar, copón. La isla está ahí al lado hasta que sabes luego tienes que volver nadando, pero nada, en un ratillo estábamos en la Isla de Santa Margarita, perteneciente a las Islas de Lérins. Iríamos además a otra, nadando entre ellas a la ida y a la vuelta, y esta es la parte que más me gusta del swimrun: hacer recorridos lógicos y naturales, ir de isla en isla nadando, cruzar fiordos o entrantes de mar/pantano, salvar distancias directas por tus propios medios, con tus pies y tus brazos. En la primera de las islas hay un antiguo fuerte desde donde saldríamos (dice Wikipedia que construido por españoles y que fueron islas nuestras, si lo sé llevo una banderita para hacer acto de posesión)... una hora después, y, como siempre, la gente tiene la paciencia justita y se pone ya de carreras una hora antes. Porque tiene uno ya el culo bien pelado que si no me hubiesen puesto nervioso, qué gente. Me vestí el último, entré en la cámara de llamadas el último y no me estresé nada. Y no cogí frío, que a esas horas calor tampoco hacía.




Los protocolos covid nos hacían salir en cuatro salidas y para mí, no es del seguro, explico por qué: a estas alturas de partido sabemos cómo se contagia el bicho bastante bien, los deportes outdoor están lejos de las formas de contagio peligrosas pero correr bastantes minutos detrás de alguien puede hacerte comprar papeletas porque otra de las variables es el tiempo de exposición. La mascarilla todos la llevamos puesta en la cámara de llamadas y se tiraba a 300 metros de la salida (salíamos a pie), pero sigues corriendo con gente durante minutos, vinieron senderos y aunque la probabilidad es baja la exhalación de los otros y tus inhalaciones son mucho más profundas. Creo que pudiendo hacerse en formato contrarreloj o en grupos muchísimo más pequeños (saldríamos 50 o así), las probabilidades de contagio son prácticamente nulas. Todo esto es aplicable al trail y opino lo mismo. Como no lo veía especialmente seguro decidí dejarme la mascarilla y la tiré hacia el kilómetro 3'5. Ah, se puede correr con ella sin problema y con cierta intensidad, que nadie venga con excusas cuando se obliguen en ciertos escenarios.

Teníamos por delante unos 7 km a pie para empezar, rodeando la isla, y tenía que ir frenando a David que me parecía que iba algo optimista, nos fuimos colocando en carrera y viendo el nivel. La primera sección de natación fue nuestro estreno con la cuerda... y fue un desastre. Mi función básicamente era mover los brazos haciendo que nadaba y no dar mucho por culo. Un par de veces tuve que guiar a David porque iba algo apollardado (se entonó luego y se ve lo rectos que íbamos) y no sé qué pasaba pero iba que me lo comía con la cuerda completamente destensada. De hecho hasta más o menos el 5000 tenía que frenarme, le iba dando en los pies cuatro de cada tres brazadas, la cuerda siempre iba destensada y me iba peleando con la puta cuerda que se le enredaba en el pie izquierdo (hasta hacerle herida). Eso sí, a partir del 5000, amigo, ahí se notó quién es más de tierra que las patatas, la cuerda bien tensita casi todo el rato y un dolor de hombros más que importante. Uno de los curiosos descubrimientos es que el lunes por la mañana es que casi no podía levantar los brazos y por la tarde no me dolían nada, desconozco si por la cercanía al corazón, por estar por encima de éste o por estar más y mejor irrigados pero los  hombros recuperan muchísimo más rápido que las piernas.



Salida del agua, otra media vuelta de isla, y cruce a la segunda (San Honorato), donde había una ¿abadía? y una torre de Belem (clavadita a la lisboeta) y vuelta nadando a la segunda isla, molaba mucho toda esta zona, natural, lógica, algún barquito de vela fondeado, aguas cristalinas, una pocholada. Las fotos son más bonitas de lo que ves a tu altura, pero era un entorno francamente atractivo para competir. Nos pasaba alguna pareja nadando que luego generalmente recuperábamos corriendo, y es que a partir del tercer tramo me puse yo al frente corriendo con cuerda y el patatero sacó de lo poco que vale. Me encontré bastante bien a pie, con soltura y sin bajones, sin hacer tonterías ni dando shows innecesarios, llevaba a David algo tenso (literalmente en este caso) y le hacía apretar el culo, el desgaste de tirar a alguien que corre casi lo mismo que tú es pequeño y nunca puedes ir tan a degüello pero incluso me venía bien para no entrar de nuevo en el agua y estés para chopped, así que el objetivo era desde el principio ritmos sostenidos y sin petar. Una cosa que me tranquilizó es que íbamos con gente que se movía bien, que los veías con agilidad, y dejé de preocuparme por el tiempo de corte, no nos permitía un gran fallo, perdernos, una petada buena o algo por el estilo, pero por ritmo estábamos en faena. Y venía la parte más graciosa. Volver al continente. 1400 metros de mar abierto. Comimos y bebimos, nos dieron una boya entiendo que por visibilidad para el tráfico marítimo y tras más o menos localizar el destino, nos lanzamos al agua. Uno de los problemas de esto es saber adónde tienes que nadar, David hacía un gran trabajo y siempre preferimos parar y otear el horizonte que seguir a cualquier precio, suele compensar, pero es que en mar se ve un puto mojón, y eso que estaba en calma, olitas pequeñas y alguna mayor de barcos. Pero es que ver una bandera naranja pálido a kilómetro y medio (o a la mitad) tiene su aquel, especialmente desde la perspectiva de un nadador.



En pareja acojona menos pero que no te dé por pensar, claro, esa distancia ya es seria, es lo que se nada en un triatlón olímpico, y esta era sólo una sección de diez. Para hacerse a la idea, según tito Fénix nadé 1629 metros, en 41' incluyendo alguna parados orientándote y tal, el tiempo previsto según los cláculos de la organización de un corredor lento eran 35'. Con mal calmada éramos mucho más lentos que el tiempo estimado para los lentos, y nos pasaron "dos", de ahí mis dudas en cuanto a lo elitista que es este tipo de carreras largas marca Ötillö. Como curiosidad un tipo casi me pasa por encima y me dio ligeramente con la pala: me cago en mi vida, tienes todo el puto Mediterráneo para nadar, vale que vamos al mismo sitio, pero hombre de dios, vaya nula vista perimetral tienes para atizarme.

Quitado el escollo psicológico del sector más largo en agua llegaba la parte urbana, tramos de 20'/20' a ojo y dos largos a pie, de 7-8 km, el segundo de ocho kilómetros lentos, una hora. Todo esto iba rápido, sucediéndose en secciones bastante cañeras a pie (por paseo marítimo, encordados, esquivando niños, viejos, coches aparcados y tiovivos, cruzando calles) y nataciones de costeo. Al salir de una de ellas pasamos una carretera y una vía de tren reptando por la arena porque el paso era muy bajo, muy Spartan esto, y a continuación un tramo de más de 7 km por un parque urbano con ciertos desniveles que acababa en una bonita zona antigua de escalones, empedrado, iglesia y demás pocholadas de ciudad europea.

En este tramo y siguientes pasó una cosa que si no la digo reviento: un equipo femenino aparentemente se había separado, pensamos que una había abandonado y la otra miembra parecía que iba a continuar, aunque estaba estirando tranquilamente. Una hora después nos las encontramos a los dos en carrera delante de nosotros. ¿Cómo podía ser? Pues sólo se me ocurre que eran unas cerdas. Las pasamos, nos tuvimos que parar a descalzarnos porque llevábamos media playa en las zapatillas, y las volvimos a pasar, se puede uno imaginar que sutiles improperios que salieron de nuestro boca por lo bajo en esos momentos, porque lo de hacer trampas es algo que llevo muy mal. Ni que decir tiene que no nos salimos del recorrido que estaba perfectamente marcado, nadie nos pasó nadando y no veíamos a nadie delante ni detrás en ningún momento.

El último tramo a pie largo incluía una dura subida por las vías abandonadas de un antiguo teleférico con pendientes muy majas, me recordó a las imágenes del kilómetro vertical de La Fouly pero menos vertical, entiendo, y luego una bajada delicada y para dejarte los dientes. Foto inferior. Lo teníamos en la mano, comíamos y bebíamos bien (dos geles, dos barritas, un tercio de plátano y un litro de agua para siete horas en mi caso), no decaíamos en ritmo aunque ya no era espléndido, sin perder tiempo, sin grandes problemas, estaba saliendo todo razonablemente bien y valíamos donde estábamos. A partir de acabar esa zona técnica había tramos más cortos a pie, dos de 500 y 900 de natación y meta. Empezaba a oler.


Pero hay gente mala y en el infierno hay un lugar para ellos: los que te ponen el caramelo en la boca a final de carrera. En el penúltimo tramo de natación vemos a una pareja sin cuerda que estaba a 1-2', como los vi primero se me pusieron los ojos como platos, grité un "¡A por ellos mis valientes!"y los puse en el objetivo. David, que no se pica menos que yo, lanzó un ataque en la natación y los rebasamos, pero no les debíamos sacar más de 20" a la salida del agua. Me pasé esos 514 metros acuosos pensando en salir del puto agua, se iban a cagar, ya podían correr, pero correr de verdad. Iba frenando y frustrado de no poder hacer más, los hombros eran una masa informe de músculos agotados que daban poquito de sí ya. Peor tarde o remprano saldríamos del agua. Y salimos, cambiamos la cuerda de posición y me puse a correr. A toda puta hostia. Si llega a caerse David le arrastro hasta la playa. Solo quizá hubiese intentado ver algún número mágico, pero entre que no corría solo y que había playistas y demás apenas vi un 4'10" puntual, que para llevar siete horas de carreras no está mal. Otros 200 metros de natación y meta. Contentos. Medallita de madera, cuscús, dolor de hombros importante y tras ver otro centenar de bicis de 6000 € y varias docenas de coches 150000, nos volvimos a casa, a nuestros confinamientos. Se acaba la temporada.


Experiencia interesante, larga y exigente. Carita también. 8823 metros nadados, nuevo récord, casi un Everesting natatorio (me lo acabo de inventar). Quizá repitamos alguna de estas largas pero está claro que hay que llegar entonado y con los deberes hechos, a pie tiro de rentas pero nadando me exige centrarme un tiempo para estar seguro de lo que hago. Tengo un bonito peto rojo Ferrari antiguo (era casi burdeos, no el actual) con el número 28 (clásico de Ferrari en F1 también) como recordatorio de estos buenos días. A vegetar unos meses.
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P.D.: si has llegado hasta aquí tengo una mala noticia que darte: o los franceses cambian radicalmente su visión, conocimiento y compromiso hacia la pandemia o no habrá UTMB ni nada parecido. No he visto gente más irresponsable, sudapollista e ignorante respecto a este tema. En octubre. Con 30000 casos al día que tienen. Preocupante.

Swimrun Madrid

jueves, 15 de octubre de 2020

En menos de dos meses se me apiñaron las fallidas Montañas Vacías, un día de 64 km corriendo a mi rollo, un swimrun y un segundo confinamiento. Y los entrenamientos asociados, una maratón "un día cualquiera", hacer un par de días de bici "largo" y nadar en aguas abiertas contadas ocasiones. Para más emoción, a dos semanas del swimrun rompí el neopreno, estrené uno nuevo a cinco días de la carrera y el OK de las autoridades a la carrera fue el viernes, dos días antes, momentos en los que el covid estaba ya explotando y se empezaban a imponer restricciones en Madrid. Así que los prolegómenos son lo contrario a tranquilidad para entrenar y tener la cabeza para competir, pero tengo asumido que es lo que toca y hay que adaptarse a ello.

Entre lo poco que compito y la novedad de los protocolos covid se me olvidó mi 'road book', una pequeña tarjeta plastificada donde llevo los parciales de la carrera (mucho más lioso que el trail) y un mapita orientaivo. Añadí así 1,5 km a pie a los 25 km corriendo 4500 m nadando (16 %), en 29 secciones, secciones más largas de 5,3 km y 800 m. Aunque ya tenía la experiencia de Vitoria en 2018, 29/5400, en dos años, con una natación en esta temporada algo justa en aguas abiertas y las restricciones para nadar en mi piscina (tres meses cerrada, una hora máximo cuando abrió) me hacían no estar de lo más tranquilo en la parte acuática, la que me preocupa.


La prueba se celebraba en la zona de la Sierra Norte de Madrid, bien centradito en el mapa de España para ser más accesible que otras en extremos, una zona de la sierra madrileña bastante poco frecuentada pero que este verano al parecer lo estaba petando por el tipo de turismo al que ha girado la gente este verano. El pueblo, Cervera de Buitrago, es el acceso más natural a un gran pantano (El Atazar) que si no me equivoco es uno de los muchos que nutre de agua potable a la capital. Mi compañero de Vitoria, David, sería el mismo para este swimrun, y al no quedar a nadar por distancias entre domicilios nos retrajo de usar cuerda entre nosotros, un dispositivo permitido para tirar uno de otro. Nuestro nivel en natación es bastante dispar y mucho más igualado a pie, él es triatleta con lo que le viene de largo lo de nadar largas distancias y yo soy un buen pedrusco que a mi ritmillo me defiendo pero es insuficiente para estar en puestos delanteros, lo cual me preocupa lo justo.

Lo del covid le añadió un punto de aislamiento, pero al ser un deporte pequeño y ser la primera carrera de la organización en swimrun, el número era reducido y repartido en tres distancias. Al final, éramos "cuatro gatos" y había playa suficiente para salir separados, nos quitamos la mascarilla segundos antes de salir, y a nadar, al fresquito agua. 

La primera mitad no tuvo demasiada chicha, pista de correr llana, tramos cortos y medios nadando, me descuelgo siempre de mi compañero en el agua y a pie buenos ritmos de 4'20-4'30"/km sin apretar demasiado pero sin dormirnos. Ya tuvimos unos tramos de costeo y cierta técnica, nada del otro mundo, y cuando nos separamos de los corredores de la distancia media empezó la auténtica distancia Marathon. Tras una bajada chula de sendero entramos en un bonito cañón donde nadabas a pocos metros de las paredes, guapísimo verte ahí con dos personas más y al no haber más categorías por ahí ni ser una zona fácilmente accesible, zona solitaria que está muy bien disfrutar... hasta que pasan cosas.

Lo que me pasó es que en medio de la salida de ese cañón dudaba en si tenía que girar a derecha o izquierda, y tras debatirlo conmigo mismo, me paré, saqué el road book y comprobé que era a la izquierda, donde suponía, guardé y seguí nadando. La situación era: en medio del agua, flotando a duras penas, saca el mapita con cuidado de que no se te caiga del bolsillo trasero, míralo en un segundo localizando la sección en la que estás, guarda y tira millas, a la izquierda. Era el tramo más largo, 800 metros, que ya va siendo una distancia respetable para ser sólo una de los 15 secciones de natación, fui girando a la izquierda y se me estaba haciendo largo. La perspectiva es de 10 centímetros sobre tu horizonte (el agua), mi compañero se había ido por delante y estábamos separados como para no ver a ningún otro competidor. Se me seguía haciendo largo. Bastante después me para un participante que hacía la carrera en solitario (es la primera carrera que veo dejar hacer la distancia larga solo) y me dice que vamos mal y que "tu compañero ha ido a la izquierda". Pero si yo iba a la izquierda. Vamos al borde, vemos balizas de alguna sección a pie, saco el mapa y era a la izquierda, pero más a la izquierda de lo que hice. El colega dice que él tira por las balizas, yo digo que vuelvo al agua, por la sencilla razón de que si voy a pie estoy descalificado. El colega me siguió y me "debe" no haber abandonado. Un buen rato después visualizo el final de la sección, y cuando salgo, francamente cansado y sin mi compañero a la vista, veo 2400 m en el GPS (2340 visto después) y una hora, en vez de los 800 y menos de 20' que debí tardar. No tuve más de un par de segundos de duda sobre qué hacer y decidí seguir en solitario, no pensé en la probable descalificación por haber perdido a mi compañero, agaché la cabeza y tiré millas. Y esta es la parte valiosa y la que espero recordar: cambiar de mentalidad, adaptarme a la situación y tratar de hacerlo lo mejor posible, sin dejarme ir. 


Pasé a tres competidores en los primeros cientos de metros de esa sección a pie, que era la más larga corriendo, con un calor importante (se preveían 30 ºC, ¡con neopreno!, os aseguro que nada da más calor en el mundo que una buena torraera al sol con un neopreno largo), y llegué algo justo a la siguiente natación por la calorina. Luego te metes en agua fresquita y el choque térmico es enorme, creo que es una de las razones por las que este deporte se endurece "externamente", por esos cambios de temperatura tan grandes, es duro y no creo que todos los cuerpos lo asimilen bien del todo, y en los tramos a pie me iba entreteniendo buscando la forma de quitarme lo menos posible pero no morir de golpe de calor: más de 2 km, me desabrochaba delante el neopreno; 1-2 km fuera gorro y gafas; menos de un kilómetros, no me quito ni desabrocho nada. Esto es muy personal y se tiene que adaptar al día, temperatura del agua, del aire, lo que aguantas el frío y el calor, si da el sol o está nublado, etc.

Según iba avanzando la carrera fue sorprendiéndome lo duras que eran algunas secciones a pie, técnicas, fuertes pendientes, y yo me acordaba de alguna zapatilla que vi de asfalto... De hecho creo que este fue un fallo de la organización: avisar que la distancia Marathon no es sólo distancia, es que hay secciones más delicadas, pedrolos entre los que moverse, costeo pestoso, una subida de manos, etc., que hay que tener cierta experiencia en trail y/o al menos llevar calzado de trail. Y esto lo digo porque este deporte es muy nuevo y la inmensa mayoría de la gente proviene del triatlón, y aunque es un perfil de deportista que se cruza con varias disciplinas, algunas zonas eran tirando a cachondas, que yo no le veía problema, pero creo que no eran para todo el mundo. Recuérdese que además vas empapado, y aunque la suela se puede secar muy rápido, los pies nunca lo harán y rotan fácilmente dentro de la zapatilla. Además vas con neopreno, pensando en no caerte o no rozarlo porque se rompen con mirarlos, y en mi caso, que casi lo estrenaba y ya que me lancé a comprar un bueno, me hubiese jodido. Dos minicaídas tuve y dos veces que me preocupé más por el neopreno que por mí. Obviamente.

En otra zona de agua me despisté y una vez fuera no sabíamos por dónde era. Usé el plan C, GPS: siempre siempre siempre mete el track (sabiendo cómo se maneja luego, claro) y consúltalo cuando lo necesites. Es cierto que los segundos que tardó en cargar se hicieron infinitos pero una vez hecho supimos adóde ir. Casi todo el resto de la carrera fui con el tipo con el que me desorienté, cada uno haciendo su competición pero viéndonos. Nunca vimos a nadie más.

Es difícil comparar los esfuerzos a pie y natación porque además depende de lo que se te dé bien a ti o no, en mi caso los tramos finales cortos e intensos, el que se "arrugue" un poco el agua, algún desnivel fuerte, las horas de carrera (con pérdida, se me fue a casi seis horas, tiempo ya respetable) y lo poquito que se come y bebe por las prisas (de ahí que no creo que fuera el único que daba breves traguitos al agua del pantano para quitarme la sensación de sed) y un tonto pero motivador pique final hacen que acabara razonablemente desguazado, a nivel como poco de una ultra corta, pero ultra. El pique vino de que con el que me desorienté mediada la carrera nos andábamos viendo todo el rato y me sentí como Williams, el equipo de Formula 1, y quedaba saber quién era George Rusell y quién Nicolas Latifi. Williams es actualmente el peor equipo de F1 y cuando sólo tu compañero lleva tu mismo coche es el único que al que seguro debes ganar, por eso las batallas entre compañeros de equipo son fraticidas, y él es tu mayor rival. Sólo el colega y yo habíamos hecho el "recorrido alternativo" y él se convirtió en mi único rival, no veíamos a nadie desde hacía horas y fue mi motivación de las últimas secciones, así que me apliqué a ello. En el penúltimo tramo de natación había viento y había algo de olejae; en el último a pie me tuve que parar a sacarme la abundante grava y arena que llevaba en una zapatilla; y en el último de natación hice una de mis mejores medias. Fui George Russell (el mejor de los dos pilotos Williams). A metros del arco de meta estaba David esperándome, no había cruzado, lo hicimos juntos y aunque supongo que debimos ser descalificados (cosa que me la suda bastante), lo hicimos como pareja.

Ni que decir tiene que en meta no quedaba ya ni "el de las medallas" por ser la categoría larga y venir con tanto retraso, pero vamos, paladeé unos pocos segundos el orgullo de haber seguido adelante y sin pensar en la retirada o el recorte. Y con eso me quedo. También con haber batido mi récord de natación en un día en 6518 m (el de del tirón sigue en 5300). Me sorprende ver un mes después cuando consulto el día que el desnivel me dice que fue de +2000 m cuando la organización decía +800, pero quizá le afecte los cambios de temperatura dado que lo calcula por diferencia de presión.


Aseguro que quedo para chopped tras un swimrun, además de casi malo con una congestión bestial por el agua (algo que me pasa todos los días que nado en aguas abiertas dulces y frescas). Pero contento. Como más o menos dije tras Vitoria 2018, no me veo un gran futuro en swimrun, algo más en aguas abiertas porque me entretiene, me aprieta el culo un poco (sin asumir riesgos, siempre me parece muy psicológico y tienes que luchar con tus miedos) y es muy diferente a lo que hago a diario. Así que contento con la experiencia.

P.D.: la única situación de riesgo covidiano que vi en todo el día fue el la de las juventudes del pueblo en una terraza todos sin mascarilla.


+: Swimrun Madrid

Mis Montañas Vacías

domingo, 13 de septiembre de 2020

Con ciertas apreturas y ajustando calendarios, cuatro mamarrachos (David, José, Juan y un servidor) se disponían a hacer una ruta en mountain bike por una de las zonas más despobladas de Europa, de ahí lo ajustado de su nombre, Montañas Vacías. La ruta, de unos 700 km y muchos miles de metros de desnivel, discurre por las provincias de Teruel, Guadalajara y Cuenca. No saldría como pensábamos.

Teruel existe, y los "segundos" que nos llevó cruzarla, parece bastante bonita. Es un pedín de ciudad y acercándome a ella en coche comprendí las reivindicaciones políticas que se piden, francamente mal conectada con el resto del país excepto con la capital de la comunidad y el sureste, desde casi cualquier otro punto pilla "lejos y mal", y en parte esa es la "reivindicación" de la ruta y el motivo por el que estuviéramos allí, porque queríamos estar lejos de todo y todos, y no era necesario que fuera en este coñazo de año 2020 de distancias sociales y confinamientos, pero desde luego que era El Año, zonas con menos densidad de población que Laponia, mucha distancia entre localidades y muchas montañas que recorrer, una zona completamente nueva para mí y de la que ya guardo un gran recuerdo. Qué bonita es España, joder. 

Por mi parte, justo de entrenamiento, sobre todo de días largos, iba con cautela, tratando de llevar el resto de cosas lo mejor posible y confiando en la tan manida "memoria" que es cierto que siempre está ahí pero de la que hacemos un uso a veces excesivo. Traté de preparar el material lo mejor que pude consciente de que en la bici (y viajando) la cantidad de variables se incrementa respecto a lo de poner un pie delante del otro, un cambio de sillín el último mes, tocando altura de sillín, cambio de cadena o reponer líquido en ruedas era lo que consideré necesario, sabiendo que tengo una buena bici que conozco bien y que no me da problemas. Las bolsas eran novedad, opté por (posiblemente) las mejores, Apidura, es un elemento clave porque no sólo por los movimientos indeseados o tener que hacer ajustes o ñapas en marcha, sino porque una tortura puede suponer perfectamente tener que abandonar.

Forma física aparte mi otra preocupación era el culo, he tenido tradicionalmente problemas de culo, es mi mayor factor limitante en bici y no he dado con la solución. Debería de invertir más en culotes (pero, hostia, qué caros son) pero como mis salidas normales son cortas me pilló algo el toro, me compré un culote a última hora pero en la talla no acerté, pero aún así lo usaría para el primer día, el más corto, y llevaría dos más de repuesto. Tres culotes y una camiseta, esta es la importancia del culo en la bici.

Día 1: Teruel-refugio de la Portera

Vengas de donde vengas, tienes unas horas de transporte, descargar, últimos preparativos y salir. Mediodía, con la fresca. En plena ola de calor vi 45 ºC en la bici y muchas horas por encima de 40 ºC, no lo sentí especialmente intenso porque ya venía del julio más duro por calor que recuerdo, sudando mucho pero con energías. Rápido nos dimos cuenta de que cada kilómetro iba a ser luchado, rampas muy serias, calor, ritmo vivo y continuidad. Los cuatro sabemos de qué va esto, uno de los miembros tiene claramente más nivel y se nos va pero el resto nos aplicamos con ganas, porque vamos bastante ágiles y porque las cuestas así lo exigen. Especialmente el tramo Albarracín-Bronchales tenía unas subidas de aúpa, de llevar todo metido y con fuerzas, dándolo todo y muy justo para no tener que empujar, y repito, sabemos de qué va esto, tenemos cierta técnica en la bici e íbamos frescos, aunque a cambio íbamos cargados, lo que aparte de que la gravedad es una losa importante, si no llevas el peso bien distribuido puede alentar a caballitos indeseados, no era mi caso, porque la bolsa delantera con el saco de dormir equilibraba el peso.


Aunque no habíamos hablado de etapas ni sitios donde dormir, intentaríamos hacerlo en refugios o vivac si el tiempo acompañaba (iba a ser que sí) pero no llevábamos tienda, es decir, no podíamos pasar una noche lloviendo al raso. Dormir fuera -o plantearlo así- implica saco, aislante y alguna cosa más. Dada las distancias entre algunos pueblos (dos tramos de 70 km), lo pequeños que son algunos de éstos y las horas a las que quizá cruces añadían la variable de la comida, llevábamos un par de comidas -liofilizados en mi caso- por si no podíamos cenar algún día. Creo que el peso que llevaba era de 17 kilos, no excesivo pero en subida se nota, dos coronas más altas en zonas empinadas, pero con lo bien que ruedan las 29" y con cadena nueva y bien engrasada rodaba bien la bici, sin problema.

Por la mentalidad de los miembros del "grupo" y por cómo íbamos, apenas íbamos juntos, cosa curiosa aunque nos veíamos casi siempre íbamos solos, se nota que somos gente de fondo acostumbrados a entrenar solos; alguno comentó que íbamos de carreras, no diría que tanto, pero íbamos a buen ritmo y era exigente, pero si queríamos avanzar lo que pensábamos y no eternizarnos había que ir así. El primer día conseguimos llegar al refugio destino con las ultimísimas luces, día exigente por las pendientes de las subidas, los 90 km y el calor. 

A 1800 m de altitud te esperas frío, y de ahí que el refugio sería una necesidad. He dicho que estábamos en ola de calor, y a las 02h00 harto del calor, me salí a vivaquear fuera porque era insoportable estar dentro. Con lo que ya penaba un poco para el día siguiente en cuanto a descanso.

Día 2: refugio de la Portela-Zaorejas

Desayunar, recoger, cuatro personas, bolsas a presión, sacos, cargadores, mierdas mil lleva su tiempo, y yo soy especialmente lento por las mañanas. Cuando salimos ya hacía calor, coronamos lo poco que quedaba de puerto y bajada veloz hasta el nacimiento del Tajo, como todos los nacimientos de ríos, modestos y acogedores, parece mentira que este hilillo sea lo que es en Porto.

La etapa era rápida, la más rápida del recorrido, aunque no faltaban +2000 m, y durante muchas horas por el Alto Tajo: espectacular. Al principio el río iba y venía, pero cuando ya se estabilizó, el bonito recorrido que hace, encajonado muchas veces entre altas paredes, su transparencia y el bosque alrededor es sencillamente alucinante, porque hacía un calor importante y porque sabes dónde estás, pero eso pasa por Canadá perfectamente, muy muy recomendable. En cierto momento nos paramos a darnos un chapuzón (temperatura canadiense la del agua también, joooder) y me percaté de que el culo empezaba a dar síntomas de molestias. El primer día el culote se me recogía, no fui mal pero entre el calor y ese culote ya esa noche me di ración doble de cremitas-a-ver-si-obran-el-milagro (que no lo obraron). Empapados continuamente por el calor, una zona tan poco aireada como la entrepierna, sentado sobre una superficie dura y mis problemas recurrentes no son una buena combinación.



Los culos en bici sufren principalmente por tres razones: la dureza de los sillines (los glúteos mayores -tejidos blandos- quedan aprisionados entre dos duros, pelvis y sillín, aún más duro que aquél), la vida microbiana de una zona con calor y humedad y poca ventilación (la badana ventila lo justo) y, finalmente, rozaduras, en mi caso nunca he tenido grandes problemas de esto usando buenos culotes y cremas. En mis cuatro lejanas experiencias de carreras de 24 horas, durísimas todas ellas, sufrí de las tres pero especialmente de la segunda. Pero al final son "sólo" 24 horas, muy largas pero como una ultra a pie, lo das todo, te mueres 87 veces, pero se acaba "pronto". En las etapas, muy diferentes a los esfuerzos non-stop, a veces te permiten errores, tienes que ser más constante y tienes también mucho tiempo para pensar y cometer o solucionar problemas, pero también un margen limitado de maniobra porque cada día castigas las mismas partes de tu cuerpo.

De este segundo día recuerdo también la subida de Checa a Chequilla, por asfalto, "cuatro cuestas" en palabras de un mascasopas que la conocía. La madre que nos ha parido. Qué subida, dándolo todo, con todo metido (32-50, pero cargado), todo recto, larguísima en tiempo, rozando la agonía. Cuatro de cuestas. Hijo de la gran puta.


150 km después, una placita de Zaorejas veía a cuatro energúmenos despelotarse, lavarse de aquella manera en una fuente y poner la ropa a secar (bastante lamentable todo) y ya me di cuenta de que tenía un problema serio. Todo iba razonablemente bien, me sentía con fuerzas, estaba comiendo como un animal, todo el material iba perfecto, yo iba bien de cabeza pero tenía un serio problema de culo, otras dosis de cremas y a dormir, otra noche de mierda, y mira que me molan los vivacs, pero a duras penas pegué ojo. Aquí ya le di unas cuantas vueltas al tema del culo y cómo amanecería.


Día 3: Zaorejas-Cuenca

En cuanto me senté en el sillín supe que la cosa tenía muy mala pinta. A los dos kilómetros me paré y me puse un segundo culote encima del que ya llevaba. Apenas me podía sentar, con posturas raras, levantándome, y sabiendo lo que me quedaba. Dos culotes no cambió la cosa, no era el músculo, la presión sobre el sillín, tampoco era tema bacteriano, era rozadura. Cuando nos paramos en un pueblo a rellenar bidones yo aproveché para echarme una crema antibiótica y cicatrizante (Blastoestimulina). El estudio del dolor y tratar de objetivarlo es esquivo para la medicina pues depende de la tolerancia individual, sensibilidad de la zona, cantidad de terminaciones nerviosas y muchos otros parámetros. En esos momentos el intensísimo dolor lo calibraría de 8/10 al menos, siendo 5 muerte pero sobre todo fue la clara muestra de cuál era la situación, mi cuerpo me dijo que me dejara de engañar. Todos tenemos recuerdo de momentos de dolor físico difícilmente soportable, buenas hostias, dedos inoperativos con frío, heridas que se te pegan a ropa, lesiones con dolores muy agudos, cada uno tiene su repertorio a pocos que lleves unas décadas de deportes aeróbicos, son parte inevitable de éstos. Aquí serían dos o tres minutos, pero el dolor entraba en zona roja, sin duda. Pero eso no era lo peor, lo peor es que no iba a ningún lado así, que estaba lejísimos de meta y que no iba a mejorar. Dos heridas abiertas, que es lo que lo que tenía, tardan muchos días en cerrar y más en una piel no especialmente fuerte y que iba a levantarme en cuanto apoyara en la misma zona. Sopesé muchas posibilidades, pero era consciente de que ya se me había acabado la ruta. Los 40 km que hice ese tercer día fueron invisibles para mí y sólo recuerdo dolor, no iba a eso y no se trataba de hacerlo a cualquier precio. Me molestó especialmente porque todo iba bien, de hecho mejor de lo esperado en cuanto a rendimiento físico, material, bici, bolsas, todo iba perfecto, esperando al problema, que vendría, una petada, una lluvia, un sitio cerrado donde pensabas abastecerte, algo iba a pasar, pero hasta el momento todo funcionaba, sin fallos, razonablemente perfecto, pero con que una sola cosa no lo vaya, estás muerto. Fue exactamente esto lo que pasó, apostamos fuerte, íbamos a por nota y sé que iba a ser bastante duro, puede haber problemas, torcerse cosas, estábamos abiertos a que pudieran surgir, llevábamos herramientas, ropa de fresco y lluvia, comida, nunca íbamos sin agua, sabemos de qué va esto, y los cuatro tenemos la cabeza bien amueblada, el que no ha hecho Tor de Geants, ha hecho 1000 km a pie en el Sâhara o se ha metido cientos de miles de kilómetros en bici. Era la semana de desconexión de este año tonto, llevaba el móvil apagado, ni modo avión ni hostias, por eso me jodió especialmente tomar la decisión correcta, muy a mi pesar.

Beteta fue el lugar. Un pueblo en un alto, que subí para inmediatamente bajar. Las posibilidades no eran fáciles, que me vinieran a buscar no me apetecía, tenía que esperar a las 06h00 del día siguiente para un autobús, Teruel estaba lejísimos, así que decidí ir a Cuenca... 80 km de propina, y no precisamente de bajada, pasar la noche y coger el primer tren que me llevase a algún lado. Una despedida rápida de unos buenos compañeros de fatigas, dolorido, con la cabeza gacha pero sabiendo que hacía lo correcto enfilé rumbo a Cuenca con el culo que daba para algún chiste. Mirando a Cuenca, ya lo hago yo. Tuve unas cuantas horas para meditar que quizá era el último bikepacking, no voy a esto, y en ocasiones el "yo puedo con todo" no es suficiente, aunque sé que tomé la decisión adecuada porque esto no era una molestia, podía acabar en una infección muy seria y paso de heroicidades de garrafón, me pegué una soberana hostia contra un muro del que no veo fácil solución, más y mejores culotes (a, al menos, 250 €/unidad, su puta madre), épocas menos calurosas, vaselina en una zona y crema antibacteriana en la otra... durante bastante tiempo cierro esta puerta.

80 km, con un buen calorazo pero motivado porque en una consulta rápida descubrí que un tren me venía bien y no tenía que hacer noche en la ciudad, no se hicieron tan largos, aunque fuese una meta no deseada, tenía una meta ya. Pues no. Me fui a la estación de tren que no era, así que 10 km de regalo... Y había descarrilado un tren días antes con lo que salimos con casi dos horas de retraso. Pero ya estaba en ese modo zen-sudapollismo de esos en los que aguantas lo que te echen, era cuestión de unas horas.

Esa misma noche, otro miembro del equipo lo dejó, con suerte para el cuarto porque se le rompieron sus alforjas y pudieron intercambiar. El tercero duró un día más y tomó atajo a Teruel, trayéndome de paso mi coche que estaba allí desde hacía cuatro días. Y no, el cuarto hombre, el más fuerte, tampoco completó la totalidad del recorrido, hasta las pelotas de subir y solo, cogió un acorte final y se volvió a casa. Vaya panorama. 

En 7-10 días sin bici confiaba en que las heridas hubieran cerrado, más o menos así fue, pero un mes después aún tenía algunas molestias. También un mes después por primera vez consulté el mapa para ver si podía completar la ruta algún día, pero salida y final están lejísimos, no lo veo. Aunque tengo serias dudas de si algún día me pego una paliza maja cómo reaccionará esa piel, hasta que no lo pruebe no lo sabré. Este año será difícil porque ya hay que seleccionar bien los días y que te pillen justo cuando deben, colegios, confinamientos, meteo... aunque me gustaría escaparme un fin de semana no para resarcirme sino para tomarme un poco de tiempo para mí. La bici es el mejor medio de transporte para viajar, lo suficientemente rápido para avanzar en el mapa, con la posibilidad de cargar algo de peso que si llevas buen material es suficiente, y lo suficientemente lento para disfrutar el entorno. La zona es espectacular y merece una visita, no recomendaría gravel para esta ruta, me parece bastante criminal, pero si le das a la bici, recomiendo esta buena ruta que un día alguien quiso compartir, sin esperar nada a cambio y sin querer monetizarlo, y que aunque yo haya rascado poco más que la superficie, me ha encantado. 

Otra experiencia más en el zurrón, un buen lugar, una excelente compañía. Podía haber salido mejor pero que me quiten lo bailado.


+: Montañas Vacías

Pensando en 2021

jueves, 9 de julio de 2020

"Como ya he dicho, 2020 está perdido y con suerte en la primera mitad de 2021 se retomará, tenemos unos meses para replantearnos nuestra actitud y motivaciones, y que los organizadores vayan por su lado trabajando. Volverán las competiciones de trail, reformuladas supongo, pero volverán." Así acababa un post del 11 de mayo. Nueve días después se canceló el UTMB. Todo el mundo puso sus miradas y esperanzas en otoño, en España había concentración con, por ejemplo, Transvulcania (desplazada), Penyagolosa (desplazada) y Ultra Pirineu; y, por supuesto, la cita del mundial WMRA de Haría. A nivel internacional UTWT cayó, Skyrunning un poco antes, WMRA ha seguido el mismo camino y Golden trata de reorganizarse en un único evento, no lo veo imposible si es un evento por invitación (sin carrera open), pero o son elegidos digitalmente o no veo cómo se van a hacer las selecciones, pero me da que el anuncio era más por darle salida al stock de la edición limitada de productos Golden (fabricados hace meses) que a una esperanza real de celebración, que ya digo que lo veo posible si es cerrado, lo cual no debería extrañarnos dado que por Annecy son dados a la endogamia.

El tema del covid y las carreras es como lo de los coches voladores: parece que lo tenemos cerca, a cinco años vista, y siempre está a la misma distancia que nunca logramos alcanzar. De los cientos y cientos de artículos que (supongo) todos hemos leído, los peores en mi opinión son los que ponen toda la esperanza en una vacuna "milagrosa" que nos va a hacer olvidar este presente-pasado en el que vivimos desde hace unos meses. Me recuerda también a las armas milagrosas de Hitler para vencer en una guerra imposible de ganar. No soy pesimista respecto a la vacuna, pero por darle perspectiva, sólo una vacuna ha conseguido extinguir una enfermedad en la historia de la humanidad, por lo que deberíamos ser algo más realistas: habrá más de una y de dos y de cinco, no tendrán una efectividad absoluta, la distribución será lenta y en el mejor de los casos se tardará una década en vacunar a toda la población mundial. Veo más probable que prevalezca una cepa menos dañina y mucho menos mortífera (lo cual no le interesa al virus, recordemos que los virus no tienen vida per se, necesitan huésped, si te lo cargas mueres), unos tratamientos mejorados y, por supuesto, aprender de los errores cometidos. Como resumen, los virus están millones de años antes que nosotros, nos sobrevivirán y no vamos a pasar de 0 a 100 pronto. Ah, y otoño va a ser un polvorín mucho peor que la primavera (en cuanto a contagios, no muertos). Estaré feliz de equivocarme en todos o al menos en una de mis predicciones de garrafón.


A falta de saber de Marathon des Sables, Penyagolosa, Grand Raid de Réunion y, sobre todo, el mundial de Haría, el 2020 está finiquitado como preví hace dos meses. Especial pena da el mundial, claro, y creo que World Athletics, previo acuerdo con la organización, debería cancelar el mundial, trasladarlo a 2021 y hacer por primera vez ese deseado mundial WMRA+ITRA como se anunció, creo que sería lo justo. Aunque creo que se podría organizar para elites, sólo el mundial, con medidas muy cuidadosas, no sé si realmente merece la pena, la verdad, estamos en la peor situación mundial en estos momentos y muy muy lejos de controlarlo; y cuando llegue el otoño en el hemisferio norte se complicará y habrá restricciones por países, vuelos y con una situación altamente cambiante, ni es forma de organizar nada ni de seguir invirtiendo ni va a estar la cosa para hacer un mundial "como dios manda".

Es decir, visto lo visto, y tirando de psicología (la cual no le importa al virus) el 1 de enero de 2021 haremos cambio de chip y afrontaremos la realidad: esto va para largo, conviviremos con él un buen tiempo y seremos cuidadosos durante mucho más. Por eso, todo lo dicho en el post mencionado sigue vigente. Añado la responsabilidad individual-colectiva y un punto a considerar: creo que las autoridades deberían plantearse el exterminio selectivo de los adolescentes.

Confiando en la ciencia y la medicina (creo que buenos tratamientos con impacto real en la recuperación -saludos al Remdesivir- llegarán antes que la vacuna) hemos dado ya un importante paso en el plano comportamental a nivel sociedad pero nos queda bastante a nivel trail. Creo que ya no se trata de esperar la vacuna milagrosa -no seas Adolfo- se trata de adaptarnos a esta realidad, comportarnos con la educación y responsabilidad que decimos en las encuestas y las redes sociales y, sin perderle el respeto, volver, si nos apetece, a las carreras al igual que volvimos a correr, a juntarnos y a hacer vida razonablemente normal. Se ha demostrado que, excepto para unos pocos ('pros' y organizaciones, especialmente), lo de la competición es bastante prescindible, pero a la vez creo que hay un ambiente de pausa y de pérdida de apetito que puede ser contraproducente en una sociedad acomodada como la nuestra a media plazo. Porque las competiciones o los retos son alimentos para el alma más que para el cuerpo, perder esa chispa a muchos posiblemente nos genere cierto vacío difícil de rellenar. Con cautela, en eventos más pequeños, con menos interacción, siendo responsables con los demás igual a cómo nos gustaría que lo fueran con nosotros y, sobre todo, con otra mentalidad. Un cambio de ese tipo sólo se consigue a hostias (muertos, multas, legislación) y/o con un proceso gradual que incluye una serie de pasos necesarios pero usualmente largos en el tiempo hasta que aceptamos finalmente que la realidad no es la que era.

Lo que queda de 2020 puede ser el banco de pruebas de carreras pequeñas, ojeadores de grandes y test de laboratorio para el futuro, necesario porque no se va a acertar a la primera, y pequeños pasos para ganar confianza.

La carrera que tradicionalmente inaugura la temporada en España -diría que en el mundo a pesar de que hay Hong Kong (están para carreritas estos ahora...) o Nueva Zelanda antes- es Transgrancanaria. Ojalá se pueda celebrar con relativa normalidad, con participación de muchos países, con todas las precauciones necesarias, con responsabilidad, siendo conscientes del camino recorrido y de lo fácil que es dar pasos atrás y, por encima de todo, sin dejar un reguero de contagios por donde la prueba pase, algo absolutamente inaceptable.

Dos meses después de aquel post lo veo así, no hay un gran salto adelante y sí pequeños pasitos adelante (y algunos atrás) en la buena dirección, por eso veo que la cosa va para 2021 al menos. Y con "suerte".
s

12

lunes, 8 de junio de 2020

Un tipo que iba a cerrar su blog lo despidió sin pena ni gloria con un tuit. Cual fue su sorpresa cuando recibió docenas de mensajes de que no lo hiciera. Dado que le sigo yo también le dejé también el mío, culpabilizando de todos los males habidos y por haber a los móviles y las redes sociales, nos hemos vuelto muy vagos en escribir, lo hacemos todo sobre la marcha y con prisas, y los móviles no se han hecho para compartir contenido de verdad, sino soplapolleces de postureo (en cuanto acabe esto voy corriendo a Instagram a publicar la foto más estúpida que encuentre).


Doce años cumple esto. Ojo lo que ha llovido. ¡Ha habido hasta pandemias desde entonces, oye! No me voy a autofelicitar por no haberlo chapado porque total, no me cuesta nada, ¡paga Google!, sigo sin tener tiempo (ni demasiadas ganas) de escribir pero hay incluso algo peor que los móviles y vaguear: la autocensura. 

Quien me siga de hace tiempo sabe que algún que otro pelo ha escupido mi lengua, y no es que ahora necesariamente no quiera meterme en algún que otro jaleíllo, pero sí que me hago alguna vez más la pregunta de para qué. No me gusta pensar así. Lo suelo resolver con el "por qué no" o el "total, si esto no lo lee ni John" pero el haberme dado cuenta de este pensamiento me hace suponer que ya lo he aplicado en el pasado inconscientemente. Y es una cosa que no me gusta de este mundillo y de la muerte de los blogs, que nos hemos quedado en la crítica privada y si no, en el otro extremo, atizar con ganas en doscientos caracteres, que dan más problema de comprensión que otra cosa. Doce años después, ojalá tuviéramos todos nuestro espacio para opinar libremente, algo más meditadamente y sin mirarnos tanto al espejo y al qué dirán, porque al final todo lo que nos hemos callado para construirnos una próspera imagen social lo mismo se lo cepilla un bicho nanométrico en dos estornudos.

Tras esta breve digresión, vamos a un mensaje importante, que no es ninguna broma en mi caso:


Que vaya bien.
s

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