Mi Quebec Mega Trail 50

miércoles, 15 de julio de 2026

En el segundo minirrodaje en Montreal, subido a una atalaya desde donde se divisaba la ciudad a los pies, me dije, joder, qué suerte estar aquí. Detesto la palabra, nada es suerte. Puede ser azar, casualidad, coincidencias. Pero la suerte no existe. Es la perfecta expresión de la ignorancia: una moneda no cae cara o cruz por suerte, cae por física. Yo no estaba en Canadá por suerte, pero las circunstancias me habían llevado allí en un viaje no planificado poco antes. Afortunadamente me pilló entrenado para nada, y pude inscribirme y correr la QMT50. Obviamente, como en todo previo de una carrera, desde el parque desde donde veía Montreal estaba algo preocupado, nada del otro mundo, lo que viene a ser la incertidumbre, y hacía repaso de la temporada. Cero competiciones, unas maratones planas, un par de montaña, un día de desnivel fuerte y dos deshidrataciones preocupantes. Un ligamento del pie casi completamente roto y desconfianza en tobillos. 


Brevemente. No me apetece mirar el desarrollo de la temporada, lo llamo así como si tuviera entrenamientos estipulados y objetivos, cuando básicamente no ha sido así. Sin dorsales a la vista desde hace año y algo me propuse correr más el pasado y este año lo he mantenido. Con los muchos altibajos que toda temporada tiene he de decir que ha sido una de las más satisfactorias en mucho tiempo, y no sé a qué achacarlo realmente. La echo flores a las zapatillas (Hoka Stinson 7) a las que me hice como un guante (pero que tardé casi dos meses en hacerlo) que me han mantenido el cuerpo sano; a unas series semanales, que creo que me han mantenido también sano; a posibles objetivos que se me hacían lejanos pero posibles; y a la rutina de automasajes, siempre en el filo, pero que he mantenido a raya de molestias, dolores y penurias varias del correr.

Los dorsales son buenos para centrarse pero me dan pereza, planificar con tiempo, ponerte al servicio de algo durante meses. Estoy bien entrenando sin más y quizá plantearme alguna cosa mía. Pero luego es cierto que si las cosas salen bien disfruto los dorsales y sigo teniendo cierto gen competitivo aunque tengo muy claro que mi rival soy yo y sólo me preocupo de cómo me siento.

Una buena compañía, un país que visitaba por segunda pero en circunstancias muy diferentes, un viaje "corto" para ser un buen salto, todo bien, todo fluido. Montreal no me pareció nada del otro mundo, tampoco hubo tiempo de explorar demasiado: quizá demasiado cerca de la malísima influencia de los Estados Unidos con un porcentaje europeo. Para urbanismo, calidad de vida y para hacer turismo, nada como Europa.  

Quebec es otra cosa, mucho más europea-francesa y algo yanqui. Mucho más amable, caminable, bonita y reconocible para los de este lado del mundo. Buen nivel de vida y destino muy agradable de turismo en verano, no quiero imaginar esta ciudad en invierno con la latitud que tiene (en realidad no es la latitud, como pasa tantas otras veces, compruebo ahora que es la de Burdeos, son muchos factores más). Cuando ves señales de caminos prohibidos para motos de nieve, chacho, aquí debe rascar un huevo. Así que sí, en veranito.


Nuestro destino final no era Quebec sino algo más al norte. La mítica Mont-Sainte-Anne. A 40' o así, al lado. Mítica porque lo digo yo, claro, que ha visto muchas veces la Copa del Mundo de mountain bike correrse allí. Y un buen día, sin bici entre las piernas (casi mejor), estás allí. La vida da vueltas curiosas y algunas de ellas te llevan a lugares insospechados.

Nunca hubiera imaginado el calor, bastante serio, y no vengo precisamente de Groenladia, aunque sí podría haber previsto la humedad (sitio con agua por todos los lados+calor potente=humedad salvaje), tanto como para preocuparme porque no llevo bien la humedad, es la única condición meteorológica que "no puedo entrenar" y que considero que me va mal por naturaleza. Pero es lo que había. 

Los días previos me surgieron algunas preocupaciones, a saber: ligamento del pie, humedad, zapatillas, qué hago yo aquí, no sé si estoy lo suficientemente entrenado, qué necesidad tengo de hacer esto. 50 km son una cosa ya seria por mucho que haya quien haga más o yo lo haya hecho en el pasado. Pasado tan lejano que es como si lo hubiera hecho otra persona. Con una casa a temperaturas gélidas por la total inoperancia de las gentes que manejaban el aire acondicionado me surgió otra preocupación, ponerme malo. Añádase que ningún día de la semana dormí ni seis horas, el reloj me ponía una guadaña al despertar, no sé muy bien a qué se refería. 

Salida y Mestachibo, torpe, lento pero fresco

Hubo una buena dosis de azar o el organizador se apiadó de nosotros: contrató unas nubes y bajó la temperatura y con ello la humedad. A kilómetro y medio del punto de encuentro pensaba ir andando pero casualmente "un coche que pasaba por allí" me acercó. Un poco de espera por llegar demasiado pronto (lo normal en mí, ejem) y en uno de esos autobuses escolares amarillos de las pelis, a la salida, que distaba diez minutos escasos. Me hubiera echado una siesta tranquilamente pero me pareció un poco indecente tirarme en el suelo. Hablé con el director de carrera, me senté y vegeté. Temperatura ligerísimamente fresca pero agradable y dejando el tiempo pasar.

Mi dorsal decía segunda ola pero pedí permiso para salir en la primera, lo cual puedes hacer si quieres, para llegar antes y poder ponerme a trabajar lo antes posible, que tenía faena. Los cabezazos que di en el ordenador a altas horas de la noche atestiguan que hice ambas cosas pero apuré las fuerzas. La primera ola tenia de tiempo "límite" estimado de 6h30', ahora veo que exactamente 29 hombres lo hicieron. Debimos salir 150 como poco, diría que más, así que muchos estábamos ahí de relleno. Pero sabiendo que no era mi sitio me situé tranquilamente en el medio del pelotón (tenía que grabar un vídeo en la salida) y me dejé caer en los primeros kilómetros sin pega.

Pistas anchas, suaves, sin pendientes, un poco de carretera y de repente a un sendero. El famoso Mestachibo. El puto Mestachibo. Con las patas calientes y la gente estirada entras en un sendero de a uno en una bajada técnica, bueno, no es para tanto. La carrera tiene una calificación de 4/5 en tecnicidad, me avisaron a un par de días de ir que ojito, pero claro, en mi soberbia europea pensé que qué sabrán estos canadienses de senderos técnicos. Saben saben, claro que saben. En realidad no fui tan sobrado pero sabiendo que mis zapatillas no destacan por el agarre tuve dudas si cambiar pero era demasiado tarde. Pronto descubrí que si no un error fue un importante hándicap. Porque joder con el puto Mestachibo y la madre que lo ha parido. 

El sendero de marras discurre paralelo a un río caudaloso (que allí será un riachuelo), con sus rápidos y sus pedrolos como coches de grande. Lo remontas, cero desnivel, excepto que a veces el sendero sube y baja abruptamente, muy vertical, sobre pedrolos, con miles de raíces, y donde cuesta desplazarse. Al día siguiente tenía los antebrazos cargados porque me iba agarrando a todo. Y aún así iba lento, desesperadamente lento. Pasado un tiempo me reconocí que sí, que era un sendero técnico, que alguien con soltura aquí me mete una minutada. Soy lento en estos tramos, bastante lento, tampoco es que me pasara gente a manadas, pero era lento, quería ir seguro. No es un sendero de matarte por caída fuerte pero sí de tener que pagarle al señor dentista 5000 € como primer plazo del arreglo dental. No quería caerme y traté de ser lo más rápido posible sin caerme. Lo cual conseguí. No caerme, no digo ir rápido que no lo fui. Pero había zonas jodidillas, no extremas pero sí muy lentas. Tengo un kilómetro en 15' con 29 metros de subida. Lento, técnico pero con todos los dientes.

Cuando de repente había unos cientos de metros corribles hacía correr a los que antes estaba frenando hasta que en un cruce oigo una voz que me dice que por ahí no es. Cuando me doy la vuelta alucino los avisos de "por aquí no", "te has equivocado", "melón, para", "¿eres tonto o te lo haces?". Estaba clarísimo, error mío. A la salida de este sendero fui yo quien di el aviso a otro apollardado y equilibramos el karma.

En otro punto cruzamos el río en un puente colgante para volver a cruzarlo otra vez unos pocos metros más adelante por otro. Al ver el primero saqué el móvil para recordar el momento pero como me iban achuchando no lo guardé y me lo dejé en la mano. El puente, de esos tibetanos, que mejor no saber quién lo ha anclado al suelo o cómo se revisa, era estrecho, se movía algo y el móvil y la mano los tenía mojados, con riesgo de que cayera al río. No sólo eso, sino que a mitad de camino debería de llevar a Lancaster y su caballería detrás porque eso se empezó a mover de la hostia. Mejor dicho DE LA HOSTIA. Me tuve que parar literalmente porque una de las pisadas iba a ser en el sólido aire. Eso y el móvil resbalándose de la mano. Historias para no dormir. Sorprendentemente el móvil no se cayó, crucé ambos puentes sin provocar un rescate alguno y se pueden meter los puentecitos por donde amargan los pepinos. No sé si ha quedado claro que eso se movía DE LA PUTA HOSTIA.


Se me hizo bola y largo el dichoso sendero, pero todo llega a su fin y al divisar una espectacular cascada supe que se acababa. A dios gracias. Algún centenar de escalones después, un kilómetro o así corriendo, y en la base de la estación de esquí, reconvertido en parque de atracciones de mountain bikers tarados, con las piernas frescas. Porque lo bueno de apenas poder correr e ir con el culo apretado es que el resto de músculos van sobrados. Era el kilómetro 17 y tocaba subir.


2xMSA

MSA, acrónimo del montecito Mont-Sainte-Anne, de santa Ana sin poner morritos, es una tachuela para los estándares de montañas un poco serias, pero me sorprendieron las primeras rampas, era por bosque, por la senda más directa que debe haber ahí, porque era dura de narices, nada raro pero me esperaba subir por una pista de esquí, se ve que había mirado el recorrido de aquella manera. 

Al salir a la pista, ya cerca de la cima, me sorprendió lo poco que anda esta gente porque yo, auténtico incompetente andando que me gana hasta mi hija pequeña, era el más rápido del lugar. Oh yeah. Iba tan sobrado que hasta hice una segunda y última foto y encima recuperando tiempo.


(Dos veces en este corto tramo vi a gente consultando el móvil, mandado guasaps —o SMS por ser francófonos, que viven un poco retrasados—, comprando criptoestafas o lo que fuera, ¿qué carajo estás haciendo escribiendo con el móvil en carrera?)

Coronado y avituallado, a bajar, no era una fuerte pendiente ni era larga pero tenía la inseguridad del tobillo. En mi penúltimo día de montaña, cieguísimo de esfuerzo y sobre todo de una deshidratación severa, creo que se me movió una piedra, se me fue el tobillo y me calcé una hostia. Atendiendo a las quejas de cierta personajilla fui al fisio para descubrir que tenía un ligamento unido por hilitos exagerando sólo un poco. Hala, a cascarla. Al empezar a bajar por primera vez MSA iba inseguro aunque la bajada no tenía nada para un aguerrido bajador (loles) como quien esto escribe. Me defendí. 

La segunda subida a MSA es más corta, menos vertical y dura un telediario, a partir de aquí "todo bajada" y corrible, al menos eso parecía. 25 km a meta son muchos para correrlos todos. Puedo decir que corrí el 99 %, fuerte, con ganas, motivado y sin bajones y es de lo más orgulloso que estoy. Terreno variado, todo bosque, casi todo en sendero, a veces sencillo, muchas veces billones de raíces (me quedo corto, trillones), y donde si hay patas te mueves bien y puedes meter minutadas comparado con quien ande.

Al coronar la segunda subida me quedé flipado con las vistas, una bajada ancha pero de sendero por la vegetación, unas vistas infinitas, de quitar el hipo.

A meta correteando como si me persiguiera un oso

Pasado un buen rato me pareció ver a alguien reconocible, llevaba el dorsal para atrás y lo confirmé, le di un cachete en el culo dándole un buen susto. Un británico residente en Italia, Robbie Britton, iba dolorido y aquejado de una caída, estaba haciendo la larga (135 km) y su final eran mis 50. Andando, me contó sus penas, estuve un buen rato con él pero el cuerpo me pedía guerra, él estaba bien e iba a llegar a meta. Muy experimentado, muy buen corredor (270 km en 24 horas), con muchas carreras largas en su haber, estaba decepcionado porque esperaba algo más pero iba a llegar, meteorito mediante. Pasado un rato me despedí y tiré, minutos bien invertidos de charleta. 

Seguí motivado, corriendo todo, recortando a gente, nadie me pasaba, sólo tenía que estar muy concentrado en no tropezar, porque los trillones (¿he dicho trillones? mejor cuatrillones) de raíces podían amargarme el día y soy experto en revolcarme en sitios estúpidos. Buen humor, sin visos de petar, bebiendo y comiendo (muy poco), alegre, cruzamos un río por debajo de la rodilla y hasta no me molestó mojarme.


Último avituallamiento, no esnafrarme y lo tenía. Comí bastante sandía en los aviuallamientos, muy pocas calorías, dos barritas mías, me reservé los dos geles que llevaba para el futuro, un soft de potingue concentrado y bebí y me mojé mucho. Creo que una de las claves fue ir siempre empapado, eso disminuyó mi calor corporal y me hizo rendir con estabilidad. 

Más adelante dos ríos, en un par de pasos casi me meto hasta la cadera, un tropezón a dos míseros kilómetros de meta que milagrosamente salvé y de repente "Sergio". ¿Cómo? ¡El puto Robbie venía con la guindilla (dos rivales) y me pedía paso! ¿Cómo, qué, cuándo? Un tío que lleva 85 km más que yo, que iba andando con buenas heridas, al que dejé atrás hace 15 km ¿me viene echando largas? Pasa pasa. Vaya si pasó. Madre mía, qué arrancada de pegatinas. Ni verlo. La diferencia entre ser bueno y un paquete. En fin, yo a lo mío, qué remedio. De hecho me había pasado y repasado con un tío varias veces y ya me picó la curiosidad y era otro de 135. Joder lo fuerte que está la peña. A ver, que iban en el top 10 (Robbie hizo 11º en Fuji este año), pero recuperarme tiempo me pareció sencillamente marciano. No por mí, sino por cómo se rehizo, se puso a correr todo, fue más rápido que yo y que se siguiera moviendo con agilidad en esos senderos, que no eran técnicos pero eran un poco pestosos por las raíces. La gente buena es la hostia.

Oliendo meta hice un cambio largo, dejé al compañero de la QMT135, alcancé a un pobre que no pudo hacer nada y sin prisas pero con un par de miradas atrás por si acaso, disfruté los últimos metros. Con las pocas competiciones que he hecho bien en mi vida —y no hablo de puesto, hablo de competir bien, no petar, no hacer idioteces, no fallar estrepitosamente— llevaba una sonrisa en la cara. Fue un buen día en la montaña.

7h30', tiempo "mediocre" para distancia y desnivel (51 km, +2100/-2300 m) pero sabiendo que palmas mínimo una hora (palmo palmo, yo, a otros no les afectará tanto) en el sendero inicial está mejor. En muchos kilómetros de la segunda mitad fui mirando y cuando tenía que andar unos metros me salía el mil a 7'30", sin ningún metro andado 6-6'30" que con unas cuantas horas encima me pareció muy bien. No me caí, no peté, ni tuve apariciones marianas, disfruté, me encantó la gente, el buen rollo, ambiente supersano y guay. Sólo me decepcioné que vi demasiados geles (pocos en número) y los trocitos de la apertura, recogí bastantes, y Robbie iba haciendo lo mismo, pero es algo a mejorar y esto no es culpa de nadie excepto de nosotros, los corredores.

Encantado de la vida en meta en vez de medalla te daban una copa de cristal, lo cual es un detalle curioso, brindamos los que llegamos en tiempos parecidos y pa casa que hay que trabajar. El kilómetro y medio de la mañana en coche lo hubiera cambiado por el de ahora pero no pudo ser. Y cuando una alma caritativa se paró para decirme que me llevaba estaba a 300 metros con lo que para qué le voy a mojar la tapicería.

Qué buena experiencia, qué buen rato pasado, qué carrera más guapa. Qué ambientazo en meta, los de las bicis a su rollo, los del correr al suyo, día de familias pasando un buen día al solete. Creo que somos los europeos bastante egocéntricos pensando que organizamos lo mejor de lo mejor, y lo hacemos, pero por ahí fuera hay joyas que merecen mucho ser catadas. Aprovechando unas vacaciones, un viaje chulo de amigos, como sea, cosas así merecen mucho la pena, conocer cómo corren en otros sitios, paladear el trail de otro continente, disfrutar de horas de senderos y 100 % bosque es una experiencia que recordarás mucho tiempo. Air Transat, compañía de bajo coste, ayuda a hacerlo un poco más asequible. Una gran experiencia, un recuerdo que perdurará una buena temporada. Cosas a recordar cuando estás penando en entrenamientos insulsos.

s

0 comentarios:

Related Posts with Thumbnails