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Mis Murallas del Alto Duero

viernes, 29 de julio de 2022

Tu valía deportiva llega hasta tu factor limitante más bajo.

En bici reencontré un muro importante en Montañas Vacías, "reencontré" porque no era algo nuevo, y tras dos años quería volver a intentar algo de bikepacking, ir en bici mola, vas lo suficientemente despacio para apreciar el entorno, lo suficientemente rápido para avanzar mucho al día y es lo suficientemente duro para ser motivador. Esta vez sería una ruta que encontré por casualidad por internet, más corta e iría solo, menos animado pero me permitía hacer las cosas a mi manera. Sin más pretensión que probar si he aprendido algo en dos años y si puedo seguir planteándome cosas en el futuro sobre la bici. 

Mi preparación fue ligeramente mejor, con algunos días largos y tratando de cuidarme el culo porque intuía que me iba a dar guerra pero no sabía cuánta. Tuve algo de suerte con el tiempo porque aunque pillé calor no fue excesivo y debía tener cuidado con el frío la primera noche. El diferencial de temperaturas sería de 30 ºC y es algo a tener en cuenta. Fui en régimen de vivac y con la mitad de la comida, tratando de ir ligero y ágil. Pero con bastantes dudas. Me siento cómodo con la bici, es parte de mis quehaceres deportivos semanales, pero siempre hago corto y rápido, no quería llevarme otra decepción pero las importantes dudas me hacían pensar que era una realidad probable.

Tan probable que tras sólo 25 km de ruta ya estaba molesto y no sabía qué había hecho mal, porque esa es una distancia normalita a diario y no acabo como estaba en ese momento. Molesto y muy desconcertado me paré para aplicar las primeras medidas. Crema que llevaba muy a mano a conveniencia y idea feliz que cambió el rumbo de la ruta: endurecer la suspensión trasera. Tiene su porqué. Con unos diez kilos extra en la parte trasera (bolsa y mochila) con la suspensión muy blanda quizá iba algo comprimida y 'chopper', hundida de atrás, eso hace que te roces de otra manera y que te resientas. Cambiado esto y con muchos mimos en forma de crema (probando una nueva, Muc-Off, me gustó el tacto, buena elección, no necesariamente mejor que la Assos) aplicada varias veces al día y una recuperadora un par de veces al acabar, mantuve la piel sana, libre de heridas y bacterias y sólo algo más allá de molesto, pero siempre tolerable. Y, sobre todo, recuperando de un día para el otro porque esa es la clave de las etapas.

La ruta, por el nombre se intuye, discurre cerca del río Duero, por zonas que fueron hace unos siglos la línea divisoria entre dos "Españas", dos visiones, dos mundos, la musulmana y la cristiana. Se suele resumir en religiones pero en realidad, como siempre, es poder, posesiones y dinero. Me encanta que la gente trace rutas por donde conoce, las comparta, se curre 'roadbooks', las difunda y sean gratis. No todo es una comunidad, región, provincia, junta o cabildo poniendo pasta para que una empresa privada haga el trabajo, existe margen para iniciativas sin ánimo de lucro, con la única voluntad de sus creadores y unos pocos recursos gratuitos que ofrecen algunas webs. Y nada más. Porque el altruismo a este nivel campechano es una riqueza y es de agradecer que se siga compartiendo conocimiento, tiempo y energías sin esperar nada a cambio. Ojalá nunca se pierda.

Elegí la ruta porque intuía que la zona era muy deshabitada (cosa que me encanta... si no tienes problemas), y en mi caso la adapté en el punto de salida y llegada, con lo que Almazán sería mi punto medio y la alargaría unos 30 km. Ya la cosa se iba a 330 km, más de 100 al día que me había autoimpuesto como límite para tener margen. Hay que contar que vas cargado, lo que ralentiza, no comes ni descansas como debes, y el desnivel, no mucho en este caso pero todo te hace ir más lento, nunca más rápido.

Cada vez me gustan menos los preparativos, no preparar en sí que me gusta prever qué puede pasar, llevar lo justo, pero no las dudas, las puñeteras dudas, que cuando no son pequeñas me atormentan ligeramente. Tengo bastantes malos recuerdos de otras aventuras y me costó un buen esfuerzo no mandarlo todo a la mierda. Me encanta alejarme de lo conocido, salir de una puta vez de casa y que pase lo que tenga que pasar, perder de vista todo y mirar sólo hacia adelante. Una vez has salido ya no hay dudas sólo incertidumbres, ya no hay problemas sólo soluciones y ya no hay que pensar demasiado, sólo actuar. Y echaba esto de menos.


La ruta la había visto de refilón, pero muy de refilón, sólo miré dónde dormir el primer día porque justo donde me pillaban los ciento y algo era una zona de cañones técnica y aparentemente difícil, con lo que ese fue el objetivo del día, pasar este cañón. Pero para llegar ahí tuve que cruzar zonas absolutamente inhóspitas del bonito sur soriano, donde la distancia entre pueblos es de docenas de kilómetros y cuando llegas a él no tienen prácticamente nada, la iglesia, el frontón, una fuente con suerte, y nadie o casi nadie en las calles. Y un incierto futuro. Me encantó esa zona, ver a lo lejos el yacimiento de Tiermes (donde me he "prometido" volver con calma) y afrontar esa zona de cañón que no era tan fiero como lo pintaban y aunque lento y con zonas de bajarse, me resultó divertido, porque como casi siempre, voy con mentalidad trialera: poner pies en el suelo lo menos posible. El oasis del cañón, lento y revirado me llevó su tiempo pero a la salida me encontré con un sitio ideal para acampar, 112 km después, muy bien de fuerzas, a buena hora y que consideré era el lugar ideal para parar. O eso creía. Porque pasé una de las peores noches que he pasado por ahí fuera, con un frío tremendo, sin apenas pegar ojo, levantándome con escarcha en la zona de los pies y con todo mojado por la humedad. Que un 1 de julio escarche, no me jodas. Me esperaba fresco pero no esto. Cierto que estaba a 1200 m de altitud, que la previsión eran 5 ºC, pero vaya nochecita, infernal y me quedo corto. Un par de horas para tratar de secar todo, salida algo tardía por ello y a por la segunda etapa.


Había leído que Arenillas era un oasis en el desierto de la despoblación, tuve una agradable charla con un local y poco más adelante por fin tuve cobertura para poder comunicar que todo iba bien, porque sí, había buenas zonas de sombra y lo único que hay es el clásico Movistar que funciona en extensas áreas más como un servicio público necesario que como una empresa privada (nada es gratis en este mundo y recibe por ello su paguina). Más adelante el bonito pueblo de Rello que tiene un increíble potencial turístico... si no estuviera en medio de ninguna parte y si estuviera más cerca del gobierno regional, una carretera o "algo" que evite su aislamiento. Poco después me subí a una atalaya musulmana absolutamente en medio de ninguna parte y cuando estaba a dos pisos del suelo comprobé que la escalera se movía con lo que no me dio mucha seguridad. Por supuestos seguí subiendo hasta arriba del todo. Me encantó el pueblo de Bordecorex y el entorno donde estaba enclavado. 



Y por fin Almazán, donde me di el homenaje de comer sentado, avituallarme con dos bocatas para la cena y pude descansar a la sombra. Era la mitad de la ruta.

La salida fue horrenda, una mezcla de calor, intentos de digerir la comida, largas pistas y molestias varias. Dos o tres horas de penalidades. Al pasar este bache y ver que avanzaba a buen ritmo me fui planteando pequeños hitos cada vez más ambiciosos y con los días tan largos de principios de verano el límite realmente son tus fuerzas. Las tuve y cuando recogí el agua de la noche y me recomendó otro local dónde parar supe que el día había sido bueno, buen recuerdo de Gormaz y su espectacular muralla, de la tontuna de cerrar fuentes en algunas plazas, de la subida de Quintanas de Gormaz (a cero, de pies digo) y de los 132 km que me pude cascar. Cuando encontré dónde iba a dormir daba palmas con las orejas, en un meandro de un pequeño riachuelo donde poderme lavar yo y la ropa, donde dormir en su arena blandita, con una temperatura cálida y de buen humor. Y para colmo dos enormes bocatas de jamón serrano (el único que existe, rechaza imitaciones "inglesas") y chorizo esperándome. Respeto las ideologías de cada uno pero qué grandísima decisión es a veces no dejarse influenciar por algunos cantos de sirena y meterse el rico embutido cárnico que comemos por estas latitudes con las papilas gustativas deseando recibir un chute de sabor. Cuán inmenso placer.


Si apenas pegué ojo la primera noche en la segunda me desquité, profundo e increíblemente reparador sueño, creo que merecido tras casi 250 km durmiendo horas y cuarto a lo sumo. Tocaba descansar y me levanté nuevo, de buen humor y con ganas de acabar la ruta. Tres días es una distancia muy manejable, el primer día es el de la novedad, el segundo el de ya estar perfectamente metido en faena, y el tercero huele a meta y da lo mismo todo. Al poco de arrancar llegué a la bonita localidad de El Burgo de Osma, me dejé un pie en unas piedras que aún me arrepiento no haberle dado un segundo intento, intuía que iba a discurrir la etapa cerca del Duero y más o menos así fue, caminos y carreteras locales muy llanas, rápidas, para avanzar bien, hasta que se me soltó el cable del cambio y unos diez kilómetros más adelante paré a apretarlo para disponer de marchas de nuevo, pero da una idea de lo llano que era si no tuve que parar de inmediato. Fue cerca de San Esteban de Gormaz, donde había una bonita iglesia románica que preferí visitar antes que el castillo. Románico a cascoporro, qué estilo más sobrio y qué bien han pasado los siglos por él. 


A partir de aquí te adentras en una zona solitaria, arbolada a ratos, en la margen izquierda del Duero y de nuevo muy aislada. Poco después dejé la ruta a la altura del espectacular monasterio de La Vid, donde aproveché para comprarme un helado en un restaurante al lado del monasterio como último descanso, y seguí mi ruta junto al río. Una posibilidad es alargar la ruta hasta donde se pone el Sol siguiendo el Duero, básicamente hasta donde quieras, pues bastante bien marcado y mantenido llega hasta la frontera con Portugal. Allá cada uno.

Cansado pero satisfecho puse punto final a una ruta que me resultó lo suficientemente exigente para dejarme tranquilo una temporada, me demostró que con el culo sano y sin la tripa vacía puedo hacer muchos kilómetros en bici, y que con un poco que te animes a salir la recompensa supera con creces las dudas y el esfuerzo.
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+: Murallas del Alto Duero, Wikiloc

Mis Montañas Vacías

domingo, 13 de septiembre de 2020

Con ciertas apreturas y ajustando calendarios, cuatro mamarrachos (David, José, Juan y un servidor) se disponían a hacer una ruta en mountain bike por una de las zonas más despobladas de Europa, de ahí lo ajustado de su nombre, Montañas Vacías. La ruta, de unos 700 km y muchos miles de metros de desnivel, discurre por las provincias de Teruel, Guadalajara y Cuenca. No saldría como pensábamos.

Teruel existe, y los "segundos" que nos llevó cruzarla, parece bastante bonita. Es un pedín de ciudad y acercándome a ella en coche comprendí las reivindicaciones políticas que se piden, francamente mal conectada con el resto del país excepto con la capital de la comunidad y el sureste, desde casi cualquier otro punto pilla "lejos y mal", y en parte esa es la "reivindicación" de la ruta y el motivo por el que estuviéramos allí, porque queríamos estar lejos de todo y todos, y no era necesario que fuera en este coñazo de año 2020 de distancias sociales y confinamientos, pero desde luego que era El Año, zonas con menos densidad de población que Laponia, mucha distancia entre localidades y muchas montañas que recorrer, una zona completamente nueva para mí y de la que ya guardo un gran recuerdo. Qué bonita es España, joder. 

Por mi parte, justo de entrenamiento, sobre todo de días largos, iba con cautela, tratando de llevar el resto de cosas lo mejor posible y confiando en la tan manida "memoria" que es cierto que siempre está ahí pero de la que hacemos un uso a veces excesivo. Traté de preparar el material lo mejor que pude consciente de que en la bici (y viajando) la cantidad de variables se incrementa respecto a lo de poner un pie delante del otro, un cambio de sillín el último mes, tocando altura de sillín, cambio de cadena o reponer líquido en ruedas era lo que consideré necesario, sabiendo que tengo una buena bici que conozco bien y que no me da problemas. Las bolsas eran novedad, opté por (posiblemente) las mejores, Apidura, es un elemento clave porque no sólo por los movimientos indeseados o tener que hacer ajustes o ñapas en marcha, sino porque una tortura puede suponer perfectamente tener que abandonar.

Forma física aparte mi otra preocupación era el culo, he tenido tradicionalmente problemas de culo, es mi mayor factor limitante en bici y no he dado con la solución. Debería de invertir más en culotes (pero, hostia, qué caros son) pero como mis salidas normales son cortas me pilló algo el toro, me compré un culote a última hora pero en la talla no acerté, pero aún así lo usaría para el primer día, el más corto, y llevaría dos más de repuesto. Tres culotes y una camiseta, esta es la importancia del culo en la bici.

Día 1: Teruel-refugio de la Portera

Vengas de donde vengas, tienes unas horas de transporte, descargar, últimos preparativos y salir. Mediodía, con la fresca. En plena ola de calor vi 45 ºC en la bici y muchas horas por encima de 40 ºC, no lo sentí especialmente intenso porque ya venía del julio más duro por calor que recuerdo, sudando mucho pero con energías. Rápido nos dimos cuenta de que cada kilómetro iba a ser luchado, rampas muy serias, calor, ritmo vivo y continuidad. Los cuatro sabemos de qué va esto, uno de los miembros tiene claramente más nivel y se nos va pero el resto nos aplicamos con ganas, porque vamos bastante ágiles y porque las cuestas así lo exigen. Especialmente el tramo Albarracín-Bronchales tenía unas subidas de aúpa, de llevar todo metido y con fuerzas, dándolo todo y muy justo para no tener que empujar, y repito, sabemos de qué va esto, tenemos cierta técnica en la bici e íbamos frescos, aunque a cambio íbamos cargados, lo que aparte de que la gravedad es una losa importante, si no llevas el peso bien distribuido puede alentar a caballitos indeseados, no era mi caso, porque la bolsa delantera con el saco de dormir equilibraba el peso.


Aunque no habíamos hablado de etapas ni sitios donde dormir, intentaríamos hacerlo en refugios o vivac si el tiempo acompañaba (iba a ser que sí) pero no llevábamos tienda, es decir, no podíamos pasar una noche lloviendo al raso. Dormir fuera -o plantearlo así- implica saco, aislante y alguna cosa más. Dada las distancias entre algunos pueblos (dos tramos de 70 km), lo pequeños que son algunos de éstos y las horas a las que quizá cruces añadían la variable de la comida, llevábamos un par de comidas -liofilizados en mi caso- por si no podíamos cenar algún día. Creo que el peso que llevaba era de 17 kilos, no excesivo pero en subida se nota, dos coronas más altas en zonas empinadas, pero con lo bien que ruedan las 29" y con cadena nueva y bien engrasada rodaba bien la bici, sin problema.

Por la mentalidad de los miembros del "grupo" y por cómo íbamos, apenas íbamos juntos, cosa curiosa aunque nos veíamos casi siempre íbamos solos, se nota que somos gente de fondo acostumbrados a entrenar solos; alguno comentó que íbamos de carreras, no diría que tanto, pero íbamos a buen ritmo y era exigente, pero si queríamos avanzar lo que pensábamos y no eternizarnos había que ir así. El primer día conseguimos llegar al refugio destino con las ultimísimas luces, día exigente por las pendientes de las subidas, los 90 km y el calor. 

A 1800 m de altitud te esperas frío, y de ahí que el refugio sería una necesidad. He dicho que estábamos en ola de calor, y a las 02h00 harto del calor, me salí a vivaquear fuera porque era insoportable estar dentro. Con lo que ya penaba un poco para el día siguiente en cuanto a descanso.

Día 2: refugio de la Portela-Zaorejas

Desayunar, recoger, cuatro personas, bolsas a presión, sacos, cargadores, mierdas mil lleva su tiempo, y yo soy especialmente lento por las mañanas. Cuando salimos ya hacía calor, coronamos lo poco que quedaba de puerto y bajada veloz hasta el nacimiento del Tajo, como todos los nacimientos de ríos, modestos y acogedores, parece mentira que este hilillo sea lo que es en Porto.

La etapa era rápida, la más rápida del recorrido, aunque no faltaban +2000 m, y durante muchas horas por el Alto Tajo: espectacular. Al principio el río iba y venía, pero cuando ya se estabilizó, el bonito recorrido que hace, encajonado muchas veces entre altas paredes, su transparencia y el bosque alrededor es sencillamente alucinante, porque hacía un calor importante y porque sabes dónde estás, pero eso pasa por Canadá perfectamente, muy muy recomendable. En cierto momento nos paramos a darnos un chapuzón (temperatura canadiense la del agua también, joooder) y me percaté de que el culo empezaba a dar síntomas de molestias. El primer día el culote se me recogía, no fui mal pero entre el calor y ese culote ya esa noche me di ración doble de cremitas-a-ver-si-obran-el-milagro (que no lo obraron). Empapados continuamente por el calor, una zona tan poco aireada como la entrepierna, sentado sobre una superficie dura y mis problemas recurrentes no son una buena combinación.



Los culos en bici sufren principalmente por tres razones: la dureza de los sillines (los glúteos mayores -tejidos blandos- quedan aprisionados entre dos duros, pelvis y sillín, aún más duro que aquél), la vida microbiana de una zona con calor y humedad y poca ventilación (la badana ventila lo justo) y, finalmente, rozaduras, en mi caso nunca he tenido grandes problemas de esto usando buenos culotes y cremas. En mis cuatro lejanas experiencias de carreras de 24 horas, durísimas todas ellas, sufrí de las tres pero especialmente de la segunda. Pero al final son "sólo" 24 horas, muy largas pero como una ultra a pie, lo das todo, te mueres 87 veces, pero se acaba "pronto". En las etapas, muy diferentes a los esfuerzos non-stop, a veces te permiten errores, tienes que ser más constante y tienes también mucho tiempo para pensar y cometer o solucionar problemas, pero también un margen limitado de maniobra porque cada día castigas las mismas partes de tu cuerpo.

De este segundo día recuerdo también la subida de Checa a Chequilla, por asfalto, "cuatro cuestas" en palabras de un mascasopas que la conocía. La madre que nos ha parido. Qué subida, dándolo todo, con todo metido (32-50, pero cargado), todo recto, larguísima en tiempo, rozando la agonía. Cuatro de cuestas. Hijo de la gran puta.


150 km después, una placita de Zaorejas veía a cuatro energúmenos despelotarse, lavarse de aquella manera en una fuente y poner la ropa a secar (bastante lamentable todo) y ya me di cuenta de que tenía un problema serio. Todo iba razonablemente bien, me sentía con fuerzas, estaba comiendo como un animal, todo el material iba perfecto, yo iba bien de cabeza pero tenía un serio problema de culo, otras dosis de cremas y a dormir, otra noche de mierda, y mira que me molan los vivacs, pero a duras penas pegué ojo. Aquí ya le di unas cuantas vueltas al tema del culo y cómo amanecería.


Día 3: Zaorejas-Cuenca

En cuanto me senté en el sillín supe que la cosa tenía muy mala pinta. A los dos kilómetros me paré y me puse un segundo culote encima del que ya llevaba. Apenas me podía sentar, con posturas raras, levantándome, y sabiendo lo que me quedaba. Dos culotes no cambió la cosa, no era el músculo, la presión sobre el sillín, tampoco era tema bacteriano, era rozadura. Cuando nos paramos en un pueblo a rellenar bidones yo aproveché para echarme una crema antibiótica y cicatrizante (Blastoestimulina). El estudio del dolor y tratar de objetivarlo es esquivo para la medicina pues depende de la tolerancia individual, sensibilidad de la zona, cantidad de terminaciones nerviosas y muchos otros parámetros. En esos momentos el intensísimo dolor lo calibraría de 8/10 al menos, siendo 5 muerte pero sobre todo fue la clara muestra de cuál era la situación, mi cuerpo me dijo que me dejara de engañar. Todos tenemos recuerdo de momentos de dolor físico difícilmente soportable, buenas hostias, dedos inoperativos con frío, heridas que se te pegan a ropa, lesiones con dolores muy agudos, cada uno tiene su repertorio a pocos que lleves unas décadas de deportes aeróbicos, son parte inevitable de éstos. Aquí serían dos o tres minutos, pero el dolor entraba en zona roja, sin duda. Pero eso no era lo peor, lo peor es que no iba a ningún lado así, que estaba lejísimos de meta y que no iba a mejorar. Dos heridas abiertas, que es lo que lo que tenía, tardan muchos días en cerrar y más en una piel no especialmente fuerte y que iba a levantarme en cuanto apoyara en la misma zona. Sopesé muchas posibilidades, pero era consciente de que ya se me había acabado la ruta. Los 40 km que hice ese tercer día fueron invisibles para mí y sólo recuerdo dolor, no iba a eso y no se trataba de hacerlo a cualquier precio. Me molestó especialmente porque todo iba bien, de hecho mejor de lo esperado en cuanto a rendimiento físico, material, bici, bolsas, todo iba perfecto, esperando al problema, que vendría, una petada, una lluvia, un sitio cerrado donde pensabas abastecerte, algo iba a pasar, pero hasta el momento todo funcionaba, sin fallos, razonablemente perfecto, pero con que una sola cosa no lo vaya, estás muerto. Fue exactamente esto lo que pasó, apostamos fuerte, íbamos a por nota y sé que iba a ser bastante duro, puede haber problemas, torcerse cosas, estábamos abiertos a que pudieran surgir, llevábamos herramientas, ropa de fresco y lluvia, comida, nunca íbamos sin agua, sabemos de qué va esto, y los cuatro tenemos la cabeza bien amueblada, el que no ha hecho Tor de Geants, ha hecho 1000 km a pie en el Sâhara o se ha metido cientos de miles de kilómetros en bici. Era la semana de desconexión de este año tonto, llevaba el móvil apagado, ni modo avión ni hostias, por eso me jodió especialmente tomar la decisión correcta, muy a mi pesar.

Beteta fue el lugar. Un pueblo en un alto, que subí para inmediatamente bajar. Las posibilidades no eran fáciles, que me vinieran a buscar no me apetecía, tenía que esperar a las 06h00 del día siguiente para un autobús, Teruel estaba lejísimos, así que decidí ir a Cuenca... 80 km de propina, y no precisamente de bajada, pasar la noche y coger el primer tren que me llevase a algún lado. Una despedida rápida de unos buenos compañeros de fatigas, dolorido, con la cabeza gacha pero sabiendo que hacía lo correcto enfilé rumbo a Cuenca con el culo que daba para algún chiste. Mirando a Cuenca, ya lo hago yo. Tuve unas cuantas horas para meditar que quizá era el último bikepacking, no voy a esto, y en ocasiones el "yo puedo con todo" no es suficiente, aunque sé que tomé la decisión adecuada porque esto no era una molestia, podía acabar en una infección muy seria y paso de heroicidades de garrafón, me pegué una soberana hostia contra un muro del que no veo fácil solución, más y mejores culotes (a, al menos, 250 €/unidad, su puta madre), épocas menos calurosas, vaselina en una zona y crema antibacteriana en la otra... durante bastante tiempo cierro esta puerta.

80 km, con un buen calorazo pero motivado porque en una consulta rápida descubrí que un tren me venía bien y no tenía que hacer noche en la ciudad, no se hicieron tan largos, aunque fuese una meta no deseada, tenía una meta ya. Pues no. Me fui a la estación de tren que no era, así que 10 km de regalo... Y había descarrilado un tren días antes con lo que salimos con casi dos horas de retraso. Pero ya estaba en ese modo zen-sudapollismo de esos en los que aguantas lo que te echen, era cuestión de unas horas.

Esa misma noche, otro miembro del equipo lo dejó, con suerte para el cuarto porque se le rompieron sus alforjas y pudieron intercambiar. El tercero duró un día más y tomó atajo a Teruel, trayéndome de paso mi coche que estaba allí desde hacía cuatro días. Y no, el cuarto hombre, el más fuerte, tampoco completó la totalidad del recorrido, hasta las pelotas de subir y solo, cogió un acorte final y se volvió a casa. Vaya panorama. 

En 7-10 días sin bici confiaba en que las heridas hubieran cerrado, más o menos así fue, pero un mes después aún tenía algunas molestias. También un mes después por primera vez consulté el mapa para ver si podía completar la ruta algún día, pero salida y final están lejísimos, no lo veo. Aunque tengo serias dudas de si algún día me pego una paliza maja cómo reaccionará esa piel, hasta que no lo pruebe no lo sabré. Este año será difícil porque ya hay que seleccionar bien los días y que te pillen justo cuando deben, colegios, confinamientos, meteo... aunque me gustaría escaparme un fin de semana no para resarcirme sino para tomarme un poco de tiempo para mí. La bici es el mejor medio de transporte para viajar, lo suficientemente rápido para avanzar en el mapa, con la posibilidad de cargar algo de peso que si llevas buen material es suficiente, y lo suficientemente lento para disfrutar el entorno. La zona es espectacular y merece una visita, no recomendaría gravel para esta ruta, me parece bastante criminal, pero si le das a la bici, recomiendo esta buena ruta que un día alguien quiso compartir, sin esperar nada a cambio y sin querer monetizarlo, y que aunque yo haya rascado poco más que la superficie, me ha encantado. 

Otra experiencia más en el zurrón, un buen lugar, una excelente compañía. Podía haber salido mejor pero que me quiten lo bailado.


+: Montañas Vacías

Sierra Norte Bike Challenge - Edición 0 - Primera (y única) etapa

viernes, 6 de noviembre de 2015

Un día antes me llama cierto personaje con su vocecilla (Mi Territorio Discoveryyyyy...), que se le ha dado de baja alguno, que si quiero ir. No me jodas, tío, que es mañana, no me lo puedes decir ahora.

Como era de esperar, y tras solucionar algunos problemas logísticos, a eso de las ocho de la mañana estaba en Robregordo, en el lado madrileño de Somosierra, la parte oriental de la sierra del Guadarrama, bastante desconocida y poco frecuentada, con el culotte arremangado. De Robregordo parte la edición 0 de la Sierra Norte Bike Challenge que tiene la intención de convertirse en una cita interesante del mountain bike nacional, dando a conocer esta zona montañosa y reactivando la economía local. También habrá un recorrido permanente y balizado para la práctica del mountain bike, y alguna iniciativa más. Para probar la maquinaria, se organiza esta edición "de prueba", exclusivamente por invitación, y que reunía un hetereogéneo grupo de ciclistas y exciclistas profesionales (Fran Ventoso, Félix García Casas, Luis Pasamontes -coorganizador), vedettes del triatlón (Antonio Alix, Jaime Menéndez de Luarca: se comenta que estuvieron discutiendo de cascos aero y pelos en las piernas), raiders (Fran Costoya, Mónica Aguilera, también ilustre trailer) o gente de medios de comunicación. Y alguno, como un servidor, para hacer bulto. Sin problema, oye. Un pequeño grupo de unas cuarenta personas en bici más unas quince de organización. Mola. Desgraciadamente sólo podría hacer la primera etapa (de tres), pero me han contado que el recorrido completo mereció la pena, y que yo pillé posiblemente lo más sencillo y suave, lo cual no me venía mal porque me había cogido en lo peor de la temporada, ni fuerte a pie (al menos tienes el aeróbico), con muy poca bici en las piernas y ganas cercanas a cero de entrenar, pues estoy en completo barbecho, vagueando bastante tras la ruta iroquesa por los Estados Unidos.


Mañana fresca, con niebla, y para mi sorpresa, salida bastante tranquila. Suponía que en cinco minutos se desatarían los palos y los cuchillos volarían, pero mientras tanto intentaría no separarme de la cabeza de carrera, por aquello de que te arrastran un poco. Primera subida, y voy con ellos; una subida radical, de las de patear 95 % seguro (pero más si vas en grupo, donde no eliges si vas montado o no) y se me van. Subimos por encima de la niebla y durante bastante tiempo tenemos unas vistas increíbles, con las nubes bajo nosotros como si fueran un suave colchón, un cielo azul azul, solazo y los colores otoñales: tuvimos suerte, sin duda, estaba increíble la montaña. Pero aunque iba viendo el paisaje mi objetivo era volver a enganchar al pelotón cabecero, me sacaban medio minuto más o menos. Sin querer meterme una contrareloj, pero forzándome, fui recortando tiempo, muy lentamente. Pronto vi las pocas piernas que tenía, que me estaba cebando, que me iba a pasar factura, pero creía que era buena idea engancharme al "autobús" y que me llevasen un poco, pero tardar tanto en cogerles suponía algo, que no era mi ritmo, claro, y encima no lo conseguí. Nueve kilómetros para recortar de unos treinta a cinco segundos, y en dos piedras se me van de nuevo...


Cedo y lo acepto, no es mi ritmo, si se me han vuelto a ir tan rápido es que ese no es mi sitio, y encima les veo tocarse los huevos a dos manos. No es mi sitio, ya está. Y lo peor es que me he fundido las piernas. Me recuerda mucho al primer relevo de la Madrid-Lisboa el año pasado, donde me cebé mucho más que demasiado, y morí. Aquí, sin ser tan grave, me quedé sin fuerza en las piernas, supongo que llevaba más lactato que sangre, sin ritmo y con una cadencia que no era la mía. En una pequeña subida me coge Mónica Aguilera, y al igual que en el Quixote Legend, estoy corriendo mal, me va a abrasar y no voy a poder hacer nada. Dicho y hecho. Qué mal, coño. Intento cortar un poco el ritmo sin perder demasiado, y para mi sorpresa veo a todo el pelotón parado en el avituallamiento. Pues me equivoqué, van tranquilos, no ha habido palos, están todos juntos.

Llevaba además una molestia, los isquios, donde se insertan bajo el culo, me molestaban bastante, sé que viene del otro lado del charco, y es que mes y pico después no me he dado masaje, iba con el culo inquieto porque me molestaba al ir sentado, y es curioso porque no me había molestado en otros días de bici, supongo que la intensidad saca estas cosas.

Como suele ocurrir, el que llega el último es el que menos recupera, y en este caso era yo, así que al poco de llegar ya salíamos de nuevo. Aproveché para tantear de nuevo la posibilidad de ir en el grupo, pero hacía la goma mucho; en una ocasión Ventoso se paró a mear y os podéis imaginar cómo me pasó, así que esta vez, sin forzar demasiado, me descolgué, intentando recuperar las piernas. Me llevó nueve kilómetros calentármelas y casi treinta recuperarlas, así de caros se pagan los errores. Pero cogí mi ritmo, recuperé mi cadencia, disfruté el momento y fui avanzando. Durante casi cuarenta kilómetros íbamos por una pista que se llama La Horizontal, la conozco, no es horizontal, por supuesto, pero lo más plano que se puede hacer en montaña; húmeda, bonita, fresca, estaba disfrutando y sólo me inquietaba que de vez en cuando el marcaje era algo minimalista, no porque tuviera pérdida, que no la tenía, pero sí que cuando sales de tu embobamiento particular te das cuenta de que hace tiempo que no ves una cinta (quizá hace dos segundos, pero ibas en tu mundo) y te intranquilizas hasta que ves la siguiente.


Con ritmo correcto llegué al desvío, bien marcado, bajada a Lozoya. Rapidísima, horquilla, a seguir volando, horquilla, como en una de estas no me frene aparezco en Toledo, horquilla. Sin problema pero demasiado rápida para mi gusto, donde mejor no mirar la velocidad -55 km/h de máxima, sin pedalear- ni pensar en las consecuencias de un problemilla. Pero no lo hubo. Sólo al final, donde me encontré un coche, dudé, le dije que le pasaba por dentro, y cuando lo hice vi que iba con el móvil, con lo que me pude llevar una puerta por una tontería (puede verse en el vídeo, ahí abajo). El final era un corto y bonito sendero donde había fotógrafos, con el hándicap de que iba sin manos y en cierto momento vi que ya no frenaba, aparte de que iba casi sin frenos, con el líquido de frenos muy caliente y yéndose bastante abajo la maneta. Pero no hubo más que sustillo. Poco después, segundo avituallamiento, ahí estaban los ciclistas profesionales tranquilamente, el resto iba por delante.


Me mojo los pies en un río y a por la subida, que tengo entendido que no va mal servida. Desde la primera rampa fuerte, plato pequeño y no lo quitaría hasta que acabó: cómo se nota que esto es montaña de verdad, donde los desniveles son realmente fuertes, mucho más de lo que estoy acostumbrado. En alguna rampa voy justo, jadeo lo mío y noto los muslos francamente cansados, qué pena venir tan flojo, pero es lo que tengo hoy, y haberme pasado al principio tampoco ayudó. Cada vez más justo, las rampas las hago no diré que de milagro, pero gracias a que está húmedo y no patina no me tengo que bajar, porque mi técnica con el intenso esfuerzo que estoy haciendo es tirando a nula, y cuando diviso la que luego sé era la última y más dura, alucino con la pendiente y veo muy poco probable hacerla sin bajarme. Mediado el rampón empiezo a jadear cuan tenista femenina pero a la vez considero que puede que llegue arriba sin poner el pie. Muero muchas veces en poco más de un minuto y me cuesta un infierno, llego a ver 3 km/h, eso es casi ir haciendo equilibrios, y voy dándolo todo, hacía tiempo que no sufría tanto puntualmente. Increíblemente exigente, pero se acaba. Madre mía, no puedo con mi alma... pero como todos sabemos en bici, es empezar a bajar y estar nuevo, o casi, en esto se diferencia correr con la bici, que aquí puedo recuperar y descansar un poco, a pesar de que tenga que estar atento a trazar bien.


Por kilómetros sé que no me queda mucho, aunque no sé si hay alguna subida más porque ni he mirado el perfil, en mi línea, pero mientras voy acabando la bajada me sorprende porque veo a alguien, que viene de pararse. Y cuando le alcanzo, coño, si es mi hermano, que ha parado dos veces por romper un eslabón de la cadena y va pinchado. Nos lo tomamos con calma, nos pasa un chica y por sendas y callejeando llegamos a meta. Cómo ha molado. Charleta en meta, el tercer tiempo. Un buen día en la montaña. Iba un poco tostado, se nota que estoy muy flojo, y he tenido suficiente. Pero volviendo al punto de salida ya me voy arrepintiendo de hacer sólo un día. Incluso tan flojo creo que no tendría problema para hacer los tres (al día siguiente también monté y estaba bien), pero me voy con las ganas, y esa sensación no me gusta. No sé si habrá oportunidad de repetir, pero tengo claro que si lo hago serán las tres etapas, me ha dejado muy buen sabor de boca y quiero dar la vuelta entera. Que es lo suyo.

Recomendable experiencia, previsiblemente para mayo será la primera edición, veremos qué tal va, pero por lo visto en la cero y por la experiencia de la organización (Tactika Trail, Ecotrimad), creo que puede ser un objetivo interesante para la gente de la zona centro, pero también para quien venga de fuera, al final se trata de descubrir sitios nuevos.



Y poco más, intensa experiencia, buen día de monte.

Bonus: vídeo 'on board' resumen de la experiencia:
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+: Sierra Norte Bike Challenge

Madrid-Lisboa, segunda parte

jueves, 2 de octubre de 2014

Primera parte

Sexto relevo. En principio no le correspondía a David, pero Luismi no quería hacer noche, estuvo convenciendo con argumentos pueriles a David de que era mejor que saliera él, que si esto que si lo otro, era curioso verle, hasta me intentaba convencer a mí que no me tocaba. Se libró de la primera noche... pero no de la segunda. Todavía quedaban horas de noche y se las chupó David, siempre solvente. Por la carretera vimos algún equipo que ayudaba a sus corredores (algo prohibido), más tarde uno llegó directamente en coche, se bajó, pasó la bici por el detector del chip y se quedó tan pancho. Empezaba a flipar.

Mi lucha por dormir algo surtió por fin efecto, a eso de las 07h00 conseguí dormir una hora y media, que me sentó de maravilla, me levanté completamente nuevo y hasta que no caí en la cama, casi 20 horas después, no tuve sensación de sueño, contando con que llevaba día y medio casi sin dormir nada, es sorprendente.

Los relevos son de entre 2 y 5 horas. Entre que cargas la bici a ser posible lavada, ordenas un poco, se cuenta la batalla, vas al siguiente control, se prepara el siguiente, comes o mamoneas algo, se te ha pasado el tiempo y ya estás hacia el siguiente. Es una road movie, mola, aunque tiene parones, es bastante frenético, te vas encontrando con gente de otros relevos, vas mirando tiempos y puestos, comes lo que puedes, lavas bicis, compras algo de comida, repostas, todo rapidito. Apenas hay tiempo para echar una cabezada y es algo que hay que cuidar más y mejor porque vas acumulando cansancio. Se vive con intensidad todo, no sólo tu relevo -que por supuesto es el más duro, el que más ha sufrido, el que más problemas ha tenido y el que más fácil se lo ha dejado al siguiente-, y el tipo de carrera es muy guapo, la furgo, el coche o la autocaravana se convierten en tu casa, donde vives apiñado, desconectado del mundo y feliz de la vida. Día y medio -en nuestro caso- se pasa volando, ni te enteras, y eso es que te ha gustado, no se hace nada largo, aunque sí duro.


Séptimo relevo. David se ha marcado otro buen relevo, recupera puestos, cede el testigo al más máquina, Luismi, en una posta que sospechábamos iba a ser dura. Y lo fue. La gente iba llegando con cuentagotas, con menos soltura de pedaleo y muchas medias se fueron a la mierda. Acabando el relevo empezaba a llover... y me tocaba a mí. La verdad es que alucino con Luismi, lleva ya dos relevos a ritmo fuerte y no aparenta cansancio.

Octavo relevo. Me toca. Luismi ha llegado en un grupito de cuatro, salimos alegres pero ya a ritmos más razonables, no quiero dar la cara y cuando lidero pongo mi ritmo... que suele ser más lento que el que los otros llevaban, pero tengo 86 km por delante y no quiero hacer tonterías, un error lo puedo cometer porque estoy perdidísimo de cómo debo ir, dos sería imperdonable. Nos pasamos un par de cruces, sigo sin ver el puñetero GPS. Llevo el Fénix 2 como respaldo y veo infinitamente mejor la pantalla bicolor del Fénix... pero en el anterior tramo dejó de seguir el track, se atascó y me dejó con el culo al aire. Toquetando tratando de no estamparme me doy cuenta de que tengo el zoom del Fénix en 200 km no en 200 m, la madre que me parió. Fue un error dejar la neurona en casa. Lo pongo bien y ya voy de cine, se ve de maravilla, contrasta mucho mejor que la pantalla de color del Edge y me da seguridad. Un precioso senderillo con una presa de fondo me hace reencontrarme con lo que entiendo por mountain bike, vamos a buen ritmo, ligeros, hay buen rollo en el grupo y me lo paso bien. Dos de los miembros se quitan chaqueta y les esperamos, mola ir así. Cogemos carretera, vamos bien, llueve con cierta intensidad. Uno descubre que va sin GPS, con lo que no puede dejarnos. Me noto con cierta fuerza pero voy pensando mucho en lo que me espera. Mi entrenamiento es muy justito, no sé cuántas veces habré hecho más de 80 km en mountain pero se cuentan con los dedos de una oreja, no es que me dé miedo (al final es un deporte en el que vas sentado, esto no es ni deporte, qué coño, dejémoslo en actividad), pero no me quiero llevar mal sabor de boca. Cerca de acabar esta parte de asfalto, no larga, ya dentro de Portugal, nos hemos separado en dos parejas (luego me enteré de que otro iba sin GPS...), ya sabéis para qué llevaba yo dos, ¿no? Con el que iba se le notaba sobrado, me decía que si un puntito más, que si me pegase a él y tiraba, que si leches en vinagre. Que no macho, no cuela, que he muerto una vez, no me vas a pillar ni tú ni nadie, voy a mi rollo. Aun así, vamos bien de ritmo, nada de paseo, subo bastante bien, llaneo pobremente, bajo decentemente. Sigue lloviendo, pasamos charcos que podrían considerarse mares, alternamos pista con algún tramo de asfalto. Nos encontramos a un portugués que ha roto el cambio, no lleva tronchacadenas, le doy mi multiherramientas -y creo que ya la he visto...-, y aunque no me apasiona quedarme sin herramienta entiendo que debo hacerlo. En el otro relevo uno que estaba hinchado con bomba me pidió una bombona de CO2, no llevaba, pero si la hubiera llevado quizá me hubiese pensado dársela: para qué os creéis que llevo mochila, hermosos. Alucino. A ver. Vamos a etapas de 60-100 km, por un sitio que no conocemos, sin marcar, por campo, con terreno impredecible, encima con lluvia y barro por tramos, ¿y vais a pelo? Uno que se queda sin luces y no lleva frontal, otro sin troncha, gente sin mochila y nada en los bolsillos. ¿Estamos tontos o qué? Yo llevaba herramientas, dos cámaras (una con líquido), parches, dos luces cuando tocaba noche, móvil en doble bolsa estanca y dos GPS. Es lo mínimo. Lo otro es jugar a la lotería. No lo entiendo y me parece una estupidez, no voy a empezar con lo del material obligatorio porque digamos que en bici no es una cuestión de seguridad, sino de acabar la carrera o no, así que me resbala bastante, pero me parece poco inteligente.


Pero bueno, yo a lo mío, seguía intentando ir rápido, sin que el que iba sin GPS me calentase demasiado y tratando de no cagarla. En un tramo de asfalto rondábamos los 35-40 km/h, en pistas íbamos sueltos, y comía y bebía bien. Pasábamos una cantidad de enormes charcos que nos dejaban finos de mierda, bendita visera para la lluvia y guardabarros (¡el único que los llevaba, tolaiiiiissssss!), no quería mirar los kilómetros pero la cosa marchaba. La verdad es que ya empezaba a ir algo mosca con los valores morales de algunos, y al llegar a un raqueta alrededor de un ¿instituto? me pensé si atajar (eran 20 m) o dar la vuelta completa, pero como yo llevaba el GPS y el otro me seguía, decidí darla, 600 m y dos minutos, dudo que la mitad de los corredores lo hiciera, así de claro lo digo. Lo hice porque el recorrido era por ahí y porque hay que respetar las señales de tráfico como nos habían dicho. Me parece obvio.


Luego nos pasamos como una hora por un inmenso bosque sin fin, con enormes charcos, terreno a veces algo magnético, me voy cansando poco a poco. El tipo con el que voy va algo desesperado porque va sobrado pero, amigo, hay que hacer algo más que pedalear. Cerca de acabar la etapa nos alcanza un chico, creo que mejicano, se me van los dos con facilidad, qué le vamos a hacer... pero me salto un cruce, veo dos huellas de derrapadas y supongo que ellos también se lo han saltado, pero al volver al camino bueno veo que no eran sus huellas, que ellos están volviendo también, se habían ido. 100-200 m mientras yo 10. Les cuesta unos 3-5 km alcanzarme de nuevo. Repito, no todo es pedalear.


A tres míseros kilómetros de meta me acerco demasiado al colega sin GPS, saco el pie y doy un rápido zapatazo para evitar el "afilador" (tocar tu rueda delantera contra su trasera), pero creo que al decir 'uy uy uy' el colega gira la cabeza, se mueve un poco, toco y me voy al suelo. Afortunadamente sin demasiada velocidad y sobre verde, pero el zapatazo que he dado para salvar la caída rápida (25 km/h -24,82 km/h según la telemetría, para ser más exactos) me duele una barbaridad, pienso que me he roto el dedo, dolor insoportable. Sigo, jodido, voy a llegar, pero a ver si me voy a haber cascado el dedo. Pregunta de Trivial, ¿con qué pie di el zapatazo al suelo? Fijaos bien que no es tan fácil.


Llego a Ponte de Sor y doy mi relevo. Me dicen mis compañeros que alguno ha llegado limpito. Y me empiezo a cagar en la puta madre de todo lo que se menea. Llego yo hasta las cejas de mierda, peleándome con charcos que podrían albergar varios monstruos Ness y otros cabrones se chupan la etapa por carretera. 92 km me han salido (no 86), pensé que eran 500 m positivos y son 900, me ha llovido media etapa, me he cepillado media transmisión (en barro sufre muchísimo), me he calzado una hostia, he apretado el culo para que otros vayan cómodamente por carretera, no vaya a ser que se manchen o despeinen. Pues me cago en vuestra puta estampa.

¿Y la organización? Claro que es su responsabilidad, parcialmente pero lo es también. Creo que para que no haya desvaríos la organización debe ponerse la pilas en este aspecto, es su deber porque debe garantizar la competición ecuánime, en igualdad. Se pueden hacer varias cosas y no tiene que encarecer nada. Se puede no, se debe, porque es una competición, un deporte con reglas. Hay que controlarlo mejor. Personalmente no me preocupa ser el 40º, 67º o 22º, se ve que a otros les va la vida en ello: pedazo de gilipollas, que es lo más fino que se me ocurre, la organización debe mejorar en este aspecto, pero quizá debería empezar por pedir un coeficiente intelectual de al menos dos cifras. En qué cabeza cabe ir por carretera cuando es una carrera de montaña. Imbéciles. Ahora entiendo aquellos que nos llamaron en la cuarta etapa, iban a meterse un tramo largo por carretera, valientes bastardos. En fin, el deporte es un reflejo de la sociedad en la que vivimos, del atajo, el pelotazo y el listo de turno. Ya digo, la organización debe estar más al loro, pero es como culpar a la policía de que haya delitos. Me producís asco, tramposos de mierda, por gentuza como vosotros algunos deportes quedan marcados, algunas carreras desaparecen y a algunos se nos quitan las ganas de competir. Un par de minutos de cabreo, pero he disfrutado el tramo, a pesar de la lluvia, el barro y la dureza, he ido bien, la etapa molaba, estamos acercándonos a Lisboa y esto es lo que vale.

(Sé que se van a tomar medidas al respecto de tramposos y alguno parece que fue penalizado. Me alegro. La organización sabe bien de qué va todo esto, son muy profesionales, y una prueba no puede mancharse con algo tan "tonto".)

Noveno relevo. En realidad me la suda (casi) todo, y mientras me doy una reconfortante ducha caliente (cuánto se agradecen estos detalles de humanidad) ya está Fernando chupándose su tercer y último relevo. En diez relevos a repartir entre cuatro personas, lo más normal son dos corredores que hagan dos relevos y dos de tres. David y yo fuimos los comodones, y la verdad es que hacer un tercer relevo fuerte requiere de buena forma física. Lo hubiera hecho, claro (ya he comentado mi teoría de que deporte que se practica sentado ni es deporte ni es na), pero no creo que a un gran ritmo. De hecho tras el primer relevo tenía serias dudas del rendimiento del segundo, pero afortunadamente recuperé bien. Este relevo de Fernando era bastante llano (+500 m), rápido y con final nocturno en nuestro caso. Fernando lo volvió a hacer muy bien.

Décimo relevo. 100 km (otros decían que 90) por delante, todo asfalto, neumáticos a tope de presión, tres horas como mucho le decimos a Luismi, como tardes más nos vamos al hotel. Y nosotros a la bonita Lisboa en fregoneta, localizamos el hotel, descargamos con cierta prisa, aparcamos de aquella manera y a esperar, está al llegar. Y pasa el tiempo. Y pasa más tiempo. Qué leches pasa aquí, por qué no llegan. Y que no llega. Josef Ajram, al que teníamos al lado, pudo tuitear 2544 veces :) hasta que llegó nuestro (y su) relevista. Alguno ya pegaba topetazos de sueño cuando llegó Luismi. 100 km, casi nada de asfalto, mucho barro, zonas casi impracticables... y con las ruedas a tope de presión. Y quién sería el cabrón que dijo que era todo asfalto. Obsérvese la foto de meta, cómo va la bici de barro... ehhhh, te creemos, no fue asfalto. Y nosotros con un fantástico road book preparado por la organización y nos fiamos del primer soplagaitas que opina sin saber. Encerrona de libro. Anda que si llegamos tener unos slick y se los ponemos ya hubiese sido el descojone. En fin, menos mal que el tipo este es más fuerte que el vinagre que si llego a ser yo tiro la bici al Tajo. Recogemos cosas, vamos al hotel y duermo como los niños pequeños (pero sin dar por culo a sus padres). Se acabó. Satisfechos. Buena experiencia.


Amanezco pronto, me voy a trotar un poco en ayunas para probar el dedo por la bonita zona del Parque de las Naciones... y bien abierto el apetito, ataco el bufet con saña. Como si hubiera hecho 28 relevos. Vamos a la entrega de trofeos, hemos pillado algo (2º prensa... no comments), y cuando estoy tranquilamente hablando por el móvil veo que ha empezado la entrega, y coño, si mis compañeros están arriba, repto entre el público presente y me subo al podio ágilmente sin que nadie nadie se haya dado cuenta. En fin, en mi línea.

Larguísimo viaje de vuelta (saludos a los compañeros catalanes que aún estarán en carretera, juo juo, esos sí que tenían tomate), y buen recuerdo. El concepto de carrera, la compañía (y eso que sólo conocía a uno de los tres), las vivencias. Molan. Como a veces me repito, para cosas así hago deporte. Merece la pena, la idea de la carrera y el concepto de desarrollo están guapos, une dos grandes ciudades a tomar por culo uno de otra, que en día y medio y con nuestras patas hemos cubierto, es acojonante. El ambiente en general es bueno, en tu medio de transporte casi seguro que excelente, porque al final casi todos estamos cortados por el mismo patrón, y vas a lo mismo, a pegarte buena pechada pero a disfrutar. Y eso lo hice. Lo hicimos. Otro gran fin de semana gracias al deporte, que recordaré con cariño.
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+: Powerade Ion Madrid-Lisboa

Madrid-Lisboa, primera parte

miércoles, 1 de octubre de 2014

Empecemos con las excusas: ya iba con hándicap, la noche anterior mis hijas se dignaron a protestar y dar por culo toda la noche, con lo que llegué ya medio doblado. Valga por delante.

Muy buen día el que nos recibió en Las Rozas, donde teníamos que hacer las verificaciones administrativas (vaya orden y profesionalidad por parte de la organización, da gusto), buen ambiente, breefing y ¡a comer! Cómo mola empezar las carreras apretándote un plato de gnoccis. Ni vimos salir a nuestro primer relevista... Tres comiendo todo lo que podíamos y otro fajándose. Me encanta.


Primer relevo. Fernando toma las riendas del asunto, etapa corta, "espídica" y con cierto riesgo por ir muchas bicis juntas. Es de la zona, conoce muchos caminos -y no entiende por qué la salida es como es, pero alguna razón habrá-, pero se defiende, le pega duro y cede el testigo a Luismi, nuestro hombre más fuerte. Dos anécdotas al precio de una: "¿cómo se maneja esto?" (pregunta de Fernando señalando el GPS cinco minutos antes de salir) y Luismi que se olvida del casco. ¡Vamos ya, no reunimos una neurona entre los cuatro!

Segundo relevo. Luismi es un chaval joven -24, divina juventud que dicen los topicazos-, viene de la carretera, regenta una tienda y está fuerte el jodío. Tras llegar Fernando, guardamos bicis, "ordenamos" un poco la furgoneta, y salimos hacia la siguiente posta. Este primer tramo del relevo es por carretera y había que ver cómo iba de follaos los amigos, Luismi ya recuperando a saco. Le sale un relevo rapidísimo (27 km/h creo recordar) y adelanta bastantes posiciones. En la plaza de toros Burgohondo, muy chulo el control, David coge el testigo.

Tercer relevo. David es un tipo técnico, fuerte en bici, a pie (UTMB/Tor) y todo lo que se lo ponga por delante. Cuanto más duro y técnico mejor, ya lleva luces porque entraría la noche. Aun así vamos adelantadísimos respecto a las previsiones, habíamos calculado 20 km/h y yo pensé que estaríamos muy por detrás de esa media. Recupera más plazas para dejarme el testigo a eso de las 21h30 en Navalperal de Tormes.


Cuarto relevo. Me tocaba. Llevaba varios intentos de dormir un rato, no lo conseguí. Pero la hora era mucho mejor de lo esperado, había calculado coger mi primer relevo a la 01h00 aproximadamente, y no eran ni las 22h00 con lo que el riesgo de sobarme eran menores. Navalperal de Tormes es un pueblo muy pequeño, nos habilitaron una pequeña campa donde aparcar y también cenamos (dos comidas antes de empezar, esto es la caña). Con bastante calma fui preparándome. Uno de los problemas es que nunca sabes cuándo va a llegar tu relevo, el tracking la verdad es que no funcionó bien, no sé el motivo, no lo achaco al sistema, pero el caso es que te podías pasar una hora con el casco puesto en posición de ataque para que cuando te fueses a mear apareciese tu relevo. Ni que decir tiene que me pilló un poco, pero bueno, 30" no van a ningún lado... ejem.

Salgo y primer problema, no veo una mierda el GPS. Mi hermano, experto en carreras de 24 h, iba a ser relevista, pero se rompió el escafoides un par de semanas antes el muy tonto. A cambio, me ha dejado su Garmin Edge de bici y las potentes luces, y para ahorrar batería del GPS enchufas con el frontal para verlo... pero no veo absolutamente nada. De hecho al salir del pueblo tengo que preguntar, salgo por asfalto y a morir. Con todo metido. Sigo peleándome con el GPS, cuando toco la pantalla se enciende la retroiluminación y aun así se ve con dificultad, el color del track es un rosa pálido que me cuesta distinguir de otros colores con las gafas amarillas y la luz blanca del frontal, ambos falsean los colores. Me extraña no ver luces delante ni detrás, miro para atrás repetidas veces y pedaleo más o menos fuerte sin demasiada fe porque como no vaya bien la estoy cagando como los monos, todo por carretera. Un rato después me cazan cuatro tipos, van volando y me cuesta seguirles, piden relevos y hago como que no va conmigo porque empiezo a llevar las piernas de madera, estamos llaneando muy por encima de 30 km/h, 35, 38, 40, ligera bajada, 47, esto es una locura, en los repechos casi no puedo, enlazo a veces hasta que una ya no lo hago, voy pasadísimo de ritmo. Nos metemos como 25 km de asfalto. La verdad, no me cuadra. No conozco la zona, otros compañeros sí, pero 25 km de asfalto me parecen demasiados no, lo siguiente. Para hacer una ruta hay infinidad de variables a considerar, desde intereses comerciales (como la Vuelta o el Tour, donde las localidades de paso pagan), a medias horarias, por espectáculo, porque Tráfico no te deje ir por un sitio y sí por otro, y en el caso del mountain bike (o del trail) además hay criterios estéticos, de dureza, de medias de ritmo, exposición al riesgo, acceso de equipos de rescate, etc. etc. Una prueba de mountain tan larga requiere un trazado muy exhaustivo, que nunca va a ser perfecto ni del gusto de todos, pero que debe de contentar lo más posible. Unos vienen de la carretera, otros del enduro (de motos), unos quieren zonas técnicas, otros pedalear y sacar medias altas. Además hay que planear las asistencias, que te dejen pasar por fincas o buscar caminos públicos. Tiene que ser extraordinariamente difícil sacar este recorrido de tantos kilómetros, sin que sea demasiado lento para no eternizarlo, pero que siga siendo mountain bike, que salgan etapas homégeneas y que permita seguirse por carretera para las asistencias. Ya digo, nada fácil. Pero esto es mountain bike, entiendo que tiene que haber mucha pista e inevitablemente asfalto, pero debe ser lo mínimo. Igual que entiendo que deba de haber algo de asfalto, si en diez zonas no tienes que empujar la bici no es mountain. Si no hay alguna zona técnica, tampoco. Y si un mountain biker en ciertas zonas no puede descolgar a un carreteiro, algo se está haciendo mal. Este primer relevo me iba dejando muy frío, el mountain bike es al ciclismo lo que el trail al atletismo, un atleta puro no debería de poder marcar diferencias más que en algunas zonas, pero en otras tiene que palmar sí o sí. Afortunadamente ha habido tramos mejores, mi segundo relevo moló, y en general quedamos satisfechos, pero un poco menos de asfalto se agradecería, en mi opinión, ya digo, que hay muchas visiones pero hay que preservar el deporte.

Llegado a Barco de Ávila, y tras cruzar un río por un bonito puente, siete (seis y medio más bien) aguerridos ciclistas se encaminan a coger campo... tras perder la ruta, salto de valla y desmembramiento del grupo, nos metimos en una poza de agua tremenda, de casi hasta la rodilla, andando, desagradable, pies muy fríos, pero no pasaba nada, había 50 charcos de muchos metros más para que no te quedase la desagradable sensación de que te habías mojado una vez para nada. rascaban los discos y el cambio que era una maravilla oírlos.

Además, pensaba que iba a hacer fresco, saliendo a 8 ºC, estando por Gredos y siendo bici (viento relativo), me abrigué un poco, camiseta de manga larga y chaqueta impermeable. Me pegué una sudada antológica, pero ni me planteé parar, apenas podía beber como para andar quitándome chaquetas, poseído por el ritmo y no perder ni un segundo innecesariamente. Una locura. En una inversión térmica curiosa (en parte por descender), llegué con 14 ºC, empapado en sudor.

No sé cuántas veces habré ido peor de ritmo, fundidísimo de patas, me costó más de 20 km volver a tener algo de fuerza en las piernas, un horror, sensaciones penosas: definitivamente me había exprimido a base de bien en la carretera. Una estupidez. Iba dando tumbos, cometiendo fallos, sin pensar con claridad, sin cadencia, sin fuerza. Es realmente fácil pasarse cruces por la noche, lo haría no menos de siete veces, en realidad pierdes poco tiempo, pero da por culo. En uno de los cruces, al salir de asfalto por un camino "invisible" nos avisaron al estilo ciclista de carretera (es decir, como si llamaran a las ovejas) y les respondimos que era por donde íbamos nosotros, pero siguieron, pues nada, nos dan ventaja, pensé. Iba con un tipo que iba algo más católico que yo, pero que se saltaba cruces que era un primor, con lo que apenas me sacaba ventaja. Llegó una bajada bastante técnica, de ir con un pie fuera y luego directamente fuera de la bici (esto también es mountain bike), quizá menos cansado y de día no sea para tanto pero la vi mal en las circunstancias en las que iba, y luego una rapidísima carreterilla junto a un río con su peligro, porque ibas volando, y de vez en cuando mirando el GPS. En un tramo técnico casi salgo "por las orejas" y de paso casi me dejo un huevo en el asunto. Iba algo mejor, no tan atropellado de sensaciones, pero me cazaron al final algún que otro grupo que me era imposible seguir por poco, pero imposible.

61,55 km después, algo antes de lo que esperaba (creo que eran 66 de rutómetro), llegaba a Navaconcejo, fundido y sobre todo muy decepcionado con la etapa que había hecho. No sé cuánto habría mejorado siendo algo más inteligente, pero no sólo de tiempos y medias vivimos, las sensaciones fueron penosas no por mi forma física, sino porque lo había hecho mal, muy mal, me había encebollado en ir lo más rápido posible sin pensar en nada más, me había desecho en una tercera parte de la etapa y me había costado otro tercio recuperarme. Había perdido bastantes puestos, cosa que es decepcionante si vas en grupo porque otros los habían ganado, pero sobre todo me sentía mal conmigo mismo, había sido estúpido, un juvenil atolondrado, no es un error que suela cometer y no tiene excusa.

Quinto relevo. Empezaba de nuevo la vuelta, le toca el turno a Fernando, su segundo relevo. Llegado al siguiente punto de control, intento descansar algo, doy mil vueltas en mil posturas y no lo consigo. Lo intenté antes tumbado en la furgoneta, luego en el coche, imposible. Estaba cansadísimo, con un sueño que me caía y no conseguía dormirme. Fernando llamó, había doblado el cambio con una rama, algo que yo también estuve a punto de hacer, se había perdido 5 km (y otros tantos de vuelta) y no sabía si podría llegar. Fue el único problema mecánico que tuvimos. Lo hizo, llegó, y en estas cosas se ve la responsabilidad del equipo, no quieres ser tú el que la cague, porque un problema, físico, mecánico, una hostia, afectan a todos, que se están esforzando a tope. Para mí es una sensación novedosa, de cierta responsabilidad, aunque no te juegues nada. Como el tracker no nos funcionaba nos enteramos de que Fernando había llegado a meta por internet, con lo que el siguiente relevo -David- saltó de su dulce sueño como si le atacaran los masai. Pegó un brinco, se vistió y salió volando a su relevo. Tuvo que volver tras dos kilómetros porque iba sin GPS. Este es el nivel del equipo, oiga.
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Segunda parte

+: Powerade Ion Madrid-Lisboa

Madrid-Lisboa, a darle un poco a la bici

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Este finde, si la cosa no se tuerce, estaré en Las Rozas, localidad a las afueras de Madrid, para disputar la Powerade Ion Madrid-Lisboa de mountain bike. Pero tranquilos, en equipos de cuatro. Aun así son 770 km, tocamos a unos cuantos.

Tras Islandia, necesitaba descansar... pero tenía en mente que iba a hacer esta carrera de bicis. Aun así, varias semanas muy tranquilo, corriendo, nadando y haciendo bici, todo muy suave, hasta que empiezas a sentir el aliento en el cogote y toca el apretón final. Se me echó el tiempo encima y mi forma era deplorable a menos de un mes vista. Ya estamos con las prisas, habrá que entrenar un poco.

Igual que con los exámenes, no hay nada como un poco de presión para activarte. Tampoco me iba a morir entrenando, pero la pena era haber perdido tooooooda la forma islandesa, porque aunque no montes en bici, como estés en forma corriendo, tienes eso ganado. Aparte de que haya montado algo en bici en el pasado y que lo siga haciendo a ritmo tranquilo casi todas las semanas del año, el hándicap eran las tiradas largas, que no frecuento. Para entonarme hice una de 80 km de carretera, no muy allá. Luego una de 106, muy penosa. Y se encendieron las alarmas. Una más de 85 km de mountain bike (cuarto y único día en dos meses) y finalmente una de 123 de carretera, donde por fin me encontré bien, a mi nivel y con mi ritmillo, pero bien. Nada mejor que un buen entrenamiento para coger algo de motivación y cierta seguridad.

Porque se necesita de ambas. Las Madrid-Lisboa, como puede uno imaginarse, es una carrera que une las dos capitales de las península ibérica, mayoritariamente por caminos, y en relevos (esta edición es la primera en la que hay categoría 'solo', no sé si alguno llegará a meta por los ajustados tiempos de paso), con unos 770 km y 9000 metros de desnivel positivo. Acudo en la modalidad más fácil (equipo de cuatro) y sin grandes pretensiones más que pasármelo bien, que es de lo que se trata. Posiblemente haga la primera noche y un segundo relevo el sábado, veremos si hay tercero, según vaya evolucionando la carrera. Cada relevo es de 70-100 km, lo que no está nada mal para llegar medio tostado. Y en tanto kilómetros habrá imprevistos, los cuales tienes que ir subsanando en carrera. No me extrañaría que cambiáramos los planes iniciales, o que surjan averías de algún tipo. En cada sección tienes que valerte por ti mismo y los relevos sólo pueden hacerse en los puntos indicados, con lo que se abre el abanico de posibles problemas, petadas y demás. Estoy pensando hacer una porra y todo. Ni que decir tiene que es non-stop, y esperemos que la noche no se atraviese. No está marcada y se hace con GPS. Para el domingo tenemos que estar en la capital portuguesa. Veremos.
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P.D: ayer inundaciones en Lisboa. Primer aviso.

+: Powerade Ion Madrid-Lisboa

Oh Meu Deus Lisboa Extreme (y 2)

martes, 3 de abril de 2012

Lo habíamos dejado en el Atlántico, mar en calma, escenario precioso... pero muy tarde, 75km por delante, "7h". Supongo que la gente que nos viese no pensaría que éramos Tito y el Piraña de Verano azul por la roña que llevábamos encima, pero por ritmo no irían demasiado desencaminados.

Los pequeños problemas se seguían acumulando. Dije que llevábamos tres GPS, pero sólo uno con el track original, de 7500 puntos; los Garmin antiguos o poco potentes necesitan que el track no supere los 500 puntos, lo simplificas en el ordenador y no hay más problema, lo he hecho en muchas otras carreras y no he tenido problema. Pero en esta ocasión, al ser un recorrido tan torticero y enrevesado, los 500 puntos se quedaban cortos. ¿Os imagináis qué GPS iba muy justito de batería al poco de empezar la segunda mitad de carreras? En efecto, el que llevaba el track más fino y completo. Suponía saltarse más cruces, encontrar algunos caminos tanteando y perder más tiempo.

Los paisajes eran chulos a ratos, y sobre todo variados, unas veces parecía que estábamos en la Castilla profunda y rural, otras en Asturias o Cantabria, bosque Atlántico, recomendable.


A nuestro tran tran encaramos de nuevo más subidas, y dale con el plato pequeño, y dale a salirse la cadena (no menos de una docena de veces al pasar de plato mediano a pequeño) con lo que al final dejaba el pequeño y cruzaba un poco la cadena, total, iba a tener que meter el pequeño cada 2'. Y más piedras, y más rampones. Al poco de empezar este segundo tramo llevábamos 3700m positivos, uséase, o cogíamos la vía del inexistente AVE portugués, o 4000 no tenía el recorrido ni harto de tripis. Ya me parecía a mí.

En una de esas amadas subidas de piedras, me desequilibré ligeramente hacia el lado que no debía, fui a plantar el pie, no había suelo, un segundo intento ya desesperado, el suelo se hunde, al tercero ya era caída, a 0km/h... pero sobre zarzas. Bien. Mi hermano me pudo sacar -casi vamos los dos a las zarzas otra vez- y quedé con unos bonitos tatuajes que ya quisiera Josef. Una pena que no sea verano para ir en bermudas y presumir de ellos...

Cruzamos un río, una pasarela de esas de 'uy-uy-uy-cómo-se-mueve-esto-que-me-da-la-risa-tonta' (las tablas las debió de clavar Stevie Wonder porque se movían todas), me parece recordar que subimos otras 200 subidillas de apenas un 37% y la media ya no pasaba de los 10km/h ni de coña, pero aún así estábamos en las "siete horas" que Rap13pel había predicho. Tras una ligera indisposición por la que temí paradas imprevistas (aprovechar frutos secos de una carrera de hace un año tienes estas consecuencias), llegamos a un pueblo cuando ya nos cayó la noche y paramos a poner luces. Como no habíamos previsto coger noche, o poco, tampoco es que fuéramos especialmente preparados de luces, sí con pilas, y con eso tendríamos que tirar. En ese momento de luces+comer+aversiarrancamos me quedé un poco frío y por primera vez me sentí cansado, tras unas 15h de pedaleo creo que está bastante bien, sobre todo sin entrenar ni tener la forma aeróbica de correr; conclusión: ¡el entrenamiento es un fraude!


La noche me confunde

No veo una mierda, así de claro, me voy subiendo por todos los laterales de roderas, haciendo "afiladores" cada 50m, la luz concentra demasiado su potencia, no veo perfiles laterales y me como todo. Todo esto a diez por hora, claro, muy inseguro. Tras algún ajuste de luz empiezo a ir mejor, y despacito, seguimos a nuestra ritmeta. Y empieza a chispear. Lo que faltaba. Para que luego digan que los meteorólogos fallan...

Llueve muy poco pero lo suficiente para mojar piedras; incluso cuando deja de llover, el rocío, la humedad y el estar a ratos cerca de ríos hace que las piedras estén siempre mojadas. Las piedras eran de la familia del 'hielocabrón' y, en efecto, algo patinaban. Mal mal. Bajadas, subidas, todo: era o te la jugabas bastante o ibas empujando la bici. Sólo en un tramo llano y con mucho cuidado conseguimos ir sobre la bici. Nos quedaban 50km, seguíamos haciendo el gañán, empujando, casi cayéndonos en muchas ocasiones, y nos acabó de rematar una impresionante subida, corta -yo creo que no pasaba de 250m, mi hermano dice que el GPS le decía 600, qué sabrán los GPS-, calzada romana, de no menos de 30%, y entera de piedra. Ahí sí empecé a sufrir, agonizando, cada cinco pasos me tenía que parar porque iba mal, me encontraba débil y hambriento, y encima con lo que resbalaba y se trababa la bici te caías para atrás casi más que avanzabas. Una soberana mierda. Debimos tardar no menos de quince minutos para ese tramo, pedí un 'stop and go' para comer algo. Casualmente eran las 22h00, la hora del cierre de la carrera.

Cierre de control, DNF, excusas, razones y justificaciones

Saber que ya estábamos fuera de carrera, con unos 40-45km por delante, y con el panorama de ir a 4-5km/h empujando la bici no es de lo más animado. Pensamos qué hacer. ¿Merece la pena? Cuando no estás en carrera por un fuera de control o como a veces me ocurrió cuando era joven y corría en rallye en bici y cuando te doblaba el primero te tenías que retirar no es un abandono en sí, es que te has quedado fuera/ te han dejado fuera. Sólo nos quedaba el orgullo de acabar lo que habíamos empezado, pero, honestamente, tenía y tengo el orgullo muy tranquilito él. No eran los kilómetros, ni las horas, se me hacía muy poco atractivo empujar la bici durante 5-6-8h, lo que fuese, para no hostiarme por el "hielo" de las piedras ¿y llegar  así a Lisboa casi al amanecer y luego 10h de coche? Teníamos algo de comida (y si no podíamos hacer uso de bares, estaba permitido), pilas para GPS y luces, era cuestión de horas y paciencia, pero yo no había ido a eso. A empujar no. Que lo tienes que hacer, lo haces; que en una subida la técnica no te da, la empujas; pero no 20-25km, ni 15, por mi parte no, no era el objetivo del año, ahí lo das todo; ni es correr, que vas andando y avanzas, aunque sea despacio; es cargar con un muerto de bici durante horas que personalmente no me seducía nada.

Lo hablamos, miramos el mapa a ver qué nos esperaba (nada bueno, claro), habíamos hecho justo 150km y nos faltaba solo un pequeño sector (el final lo conocíamos, habíamos pasado por él dos veces...), y decidimos que ni nuestro orgullo ni nuestro ego necesitaban penar. Y sin problema, no me arrepiento de nada. Lógicamente cuando empiezas algo quieres acabarlo, he sufrido diez veces más en muchas otras ocasiones, en bici, a pie o como fuera, pero tenía la sensación de que si lo hacíamos era solo "por cojones", y así hay que hacer unas cosas, pero no otras. Se pueden argumentar muchas más razones, como que nadie sabía de nosotros desde la salida, podría ser peligrosa una caída sin cobertura de móvil, sin nadie de la organización ni corredores cerca ni saber por donde atajar, etc., pero la principal es que no quisimos.

Llamamos, a las dos horas nos fueron a buscar, nos estaban esperando para poder ducharnos -mientras tanto nos lavaron las bicis- y nos tenían comida preparada (detalles humanos de una organización que el corredor aprecia). Camino del hotel hicimos parada en el clásico McAuto salvador, pero a duras penas pude comer o beber dado que tenía un espectacular dolor de garganta (vaya usted a saber el porqué, esas taras que te salen cuando te pegas palizas majas) que nunca me había molestado en carrera, y a eso de las 04h00, 23h después, llegó el deseado momento de dormir.

Buen fin de semana, las cosas no salieron como esperábamos (la verdad, me imaginaba un reventón increíble, no este cúmulo de circunstancias), pero experiencia interesante y que me ha gustado.

El mismo organizador, aparte de carreras de mountain bike en línea -o a una vuelta-, por etapas y 24h, tiene también de trail. Portugal es un bello país, con gente la mar de maja y educada y que siempre es buen destino para ir a hacer algo interesante, así que posiblemente vuelva, más tarde o más temprano, a apretarme alguna tuerca por allí.
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+: Oh Meu Deus

Oh Meu Deus Lisboa Extreme (1)

lunes, 2 de abril de 2012

El sábado se tendría que haber publicado un previo... de una carrera, porque me he vuelto a poner el dorsal. En bici, para correr no estoy. Pero claro, con los unos y los ceros tengo un relación de amor-odio y a veces ellos me lo devuelven de esta manera.

En un momento de calentón, animado por este psuedoinvierno y la incipiente primavera, me entraron las ganas de hacer algo. El Aquiles sigue sin estar para muchos trotes, así que me encendí un poco y me dije 'vamos a pedalear unos kilómetros', concretamente 150 de mountain bike. Que no está mal. Quien haga bici sabrá que es una distancia respetable pero tampoco para morirse... quien haga bici. Porque el calentón y la decisión de hacer la carrera se remontan al lejano... 7 de marzo. Sí, tres semanas antes, con previsión. Teniendo en cuenta que mi base de bici era de unas 8h sumando diciembre, enero y febrero, y que no tengo el remanente de correr largo dado que no entreno duro a pie, se intuye una temeridad rozando la estupidez. En mi línea. En este tiempo he podido hacer, como entrenamientos estelares, dos días de 3h, uno de 5h y tres o cuatro "garbanzos" en el culo, por aquello de no estar acostumbrado al sillín. Siempre más o menos llano (la carrera tiene +4000m positivos) y sin prisas. Ir corto de entreno (por llamarlo algo), desnivel, poquísima montaña, hacían un cóctel curioso, pero faltaban ingredientes...

05h03, a levantarse, tiempo estimado de carrera 12h, o 13. Tiempo máximo dado por la organización, 15h. Sabíamos que era un terreno cachondo, con pocas subidas largas (cota máxima a unos 370m), pero se intuían muchas, cortas y duras. 10km/h de media es una media de mountain bike duro, pero creo que estaba en condiciones de hacerlo, pero no sabía si para 150km, distancia que no alcanzaba desde mi última carrera de 24h, también en Portugal, en Viseu.

Hablo en plural porque iba con mi hermano, él sí hace bici, sigue haciendo carreras de 24h (posiblemente sea el español con más carreras de estas) y actual líder del PTOpenXCR, digamos que el campeonato portugués de 24h. Lógicamente la rémora iba a ser yo, se debería adaptar a mi ritmo y él iba a entrenar.

Últimos datos antes de salir: se salía de la misma Lisboa, debajo del famoso puente Vasco da Gama, es decir de la desembocadura del Tajo (Tejo para ellos); autosuficiencia (ni avituallamientos, ni controles de paso, ni agua ni hostias, o comprabas algo por el camino, o rellenabas fuentes o te buscabas la vida); se llegaba al Atlántico, es decir, cruzabas toda esa península donde está Lisboa, Cascais, Sintra y demás, y de vuelta a Lisboa; y la orientación era por GPS, no estaba marcada.

Salida en solitario


A las 07h00 salimos, neutralizados, por alguna calle, carreterita, un par de paradas para reagruparnos. En la segunda y dado que llevo la horquilla sin aire, sacamos la bomba y la inflamos, a ver si vuelve a la vida, momento que se da la salida. En unos 30", quizá un minuto, estamos en marcha, otros dos han tenido algún problema y tampoco han salido con el grupo, vamos a por el pelotón y van lanzados. Entre que nos saltamos un cruce, me parece verlos a lo lejos en un valle, ya nos meten 2-3' mínimo, pero como llevamos GPS no hay problema, vamos a por ellos, sin mucha prisa pero solos. Yo llevo mi 401 apagado, mi hermano lleva dos GPS (305 y Vista), vamos sobrados de orientación. Pero hace mucho que no la practicamos, todo requiere una costumbre o un aprendizaje previo, y nos vamos saltando muchos cruces, perdiendo más tiempo, a este paso no alcanzamos al último, pero no pasa nada, apenas estamos empezando, ya vendrá Paco con las rebajas y alguno petará. Bastante barro (el día anterior ha llovido fuerte, para el día de la carrera hay previsión de algo de lluvia), charcos, la cadena que ya va sin aceite, y vamos entrando en carrera.

Tras 15km, en una zona de duda, nos alcanzan los dos que habían salido tarde como nosotros, vamos juntos los cuatro un momento, y llega la sorpresa... ¡vamos al revés! me grita mi hermano. ¿¿¿¿Qué???? Cuando quieres seguir un track llevas el zoom muy cerca para ver los desvíos y cruces con claridad, con la escala entre 80 y 300m, y así llevábamos el GPS (yo ya lo había encendido), pero al alejar el zoom vimos con estupor que íbamos en sentido horario, no antihorario. Intentamos avisar a los otros dos corredores pero estábamos en una bajada y no nos oyeron; hicimos lo que se llama un Kaburaki...

Media vuelta. Llévabamos casi 20km... Cabreados y sin comprender lo que había pasado, tratamos de pillar el track en su sentido lo antes posible sin hacer grandes atajos. A grandes rasgos hay dos formas de volver a la senda buena, o por carretera (quizá des vuelta pero avanzas rápido) o por el mismo camino que llevabas (ya sabes lo que hay y digamos que no había pérdida, pero tenía barro y era lento a tramos). La tercera opción es la que nunca debes hacer: tratar de pegar atajos al track original sin conocer la zona. Es la Segunda ley de la orientación (la primera es reconocer que te has perdido). Cada uno queríamos hacer una cosa (es el problema de ir "por equipos"), discutimos un poco y al final seguimos el track que habíamos cogido al principio, teníamos que cruzar un río o canal y retomar la senda correcta. Pero no pudimos cruzar ese canal hasta la misma Lisboa de nuevo. 40km y 2h40' perdidos. Y algo más cansados. Al coger el camino bueno pillamos un potente barrizal y comprendimos qué había pasado.

Antes de salir nos dijeron que había una zona con mucho barro que tratarían de que evitásemos, ahora sabíamos que era esa zona y por eso nos neutralizaron al principio y nos sacaron más o menos por el track de vuelta, con un poco de asfalto y ahí, tras el coche de la organización, se cogería un camino y llevaría a los primeros kilómetros de la ida saltándose ese tramo de barro. Luego vas hilando y claro, no habíamos visto apenas huellas -cien bicis delante dejan un huella clara-, teníamos subidas demasiado pronto -el principio sabíamos que era llano-, pero en el momento y siguiendo el track fielmente no caes en eso.

Solo unos segundos tuve dudas de qué hacer: si veía muy muy justo hacer 150km, 190 se me hacía excesivo; si 15h de tiempo total era razonable para según que circuito, con casi 3h de pérdida estábamos fuera de clasificación; y lo más importante era que podía ser casi peligroso agotarme al extremo y que mi hermano tuviese que intentar buscar ayuda si reventaba de verdad, nadie sabría dónde estábamos al ir tan lejos del último, y podría complicarse la cosa. Pero fueron unos segundos, y rápidamente se me olvidaron esos pensamientos, empezamos a darle y en los primeros kilómetros contando la pérdida seguíamos con una buena media de casi 15km/h.

Empieza la fiesta

Lo que no quería era ir contra el crono, es cruel y da lugar a errores, pero teníamos que ir alegres de ritmo. Tras 20km cómodos, empezaron las subidas, primero moderadas, y cada vez más duras, con subidas empujando y metiendo todo el desarrollo en casi todas ellas. Los llanos se reducían a cruzar un pueblo... del que salían en un cuestón del 20% con planto pequeño y corona grande ¡todo el desarrollo por asfalto! Personalmente iba un poco alucinado de las rampas que nos estaban metiendo, muy al límite de desarrollo y técnica, una tras otra; no es que estuviera fuerte ni que yo precisamente la técnica del gran Nicolas Vouilloz, pero torpe tampoco soy, íbamos fluidos pero la media estaba cayendo mucho. Sin calor, con meteo estable, sin perder tiempo apenas, orientando un poco mejor, al menos íbamos avanzando.


Se subía todo lo que se podía subir, todas eran de plato pequeño (para mí), y de 5-6km/h, las bajadas, de frenar mucho y pedregosas a ratos, moderadamente técnicas para quien monte en bici, muchísimos cruces, muy ratonera, nada nada rápida, y sin llanos o terreno suave para avanzar. Tras unas horas, primer pequeño percance, pinchazo. Muy poco después, segundo, se cae mi hermano parado (no le suelta el pedal), y rompe un cierre de la zapatilla, podemos. Vamos comiendo, rellenamos en un par de fuentes, no vemos el Atlántico ni de coña. Más subidas de empujar de las de 2km/h, a las 14h00 (hora tope estimada de empezar la vuelta) habíamos pasado los 75km totales, estaríamos en tiempo de no ser por los 40km perdidos.

Como decía, el recorrido es bonito en el sentido de que cruzar una península y vuelves. Algo excesivo para mi gusto al subir todo lo subible, sin descanso, a veces me parecía algo artificial, como queriendo endurecerlo en exceso, sin zonas intermedias para recuperar y rodar un poco más tranquilo, bastante técnico tanto en subida como en bajada para ser una prueba tan larga, y con el tiempo ajustado.


El ritmo es algo cansino por mi culpa, hay que ir con tacto, no quiero reventarme tan pronto, pero sé que vamos algo lentos; me jode no poder subir la media en algún terreno agradecido -¡si es que no hay!- pero al menos vamos aún en torno a 12-13km/h de media. Estoy muy sorprendido con mi rendimiento, 5-7-8-10h de carrera y en ningún momento me siento cansado, ni necesito parar apenas, voy comiendo bien y sin hacer esfuerzos tontos, no me estoy quemando las piernas y aeróbicamente voy bien, en cualquier momento puedo pegar una explosión tremenda, pero contando que mi último esfuerzo de más de 2h -sin contar los pseudoentrenamientos de esta tres semanas- fue en abril (Tenerife), no voy nada mal.

Atántico, y de vuelta

No sé qué hora era, pero mucho más tarde de lo deseado, llegamos al Atlántico, de postal, absolutamente precioso el sitio donde llegamos, por un sendero costero. Foz do Lizandro. Unos tipos haciendo surf, otros pescando, nosotros alucinando. Me gusta el mar, creo que si hubiese nacido en costa me hubiese dedicado a la vela y mi sueño sería la Volvo Ocean Race o la Vendée Globe.


Tocar y volver. Digo: "en siete horas estamos en el coche". Premonitorio, oiga.
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P.D.: Oh meu Deus significa Oh, Dios mío, o como el Oh my God en inglés...

+: Oh Meu Deus

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