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2013...

miércoles, 1 de enero de 2014

Aunque cogió buena parte de 2012 en cuanto a entrenamientos, empecé a hacerlo público a partir del tercer día de aventura. Baikal ha copado mi año, por preparación, por ilusión, por inversión, por desgaste. Abrí puertas que no me apasionaba abrir por el tema de que me gustase demasiado, el riesgo, la aventura pueden ser adicciones que generalmente ya sabemos cómo acaban. Pero me llenó todo el proceso y eso me hacen inclinar la balanza hacia lo positivo.

Pongo mucho en juego y luego tengo que saber relajar, lo necesito, pero en parte, qué me puede motivar tras estar en Siberia, sobre un lago helado, tranquilamente solo. No quiero ir a más necesariamente, quiero hacer cosas que me gusten a mí y apenas las encuentro en las competiciones, tan apenas que ni me planteo competir apenas nada. Algo haré, no sé cuándo, no pronto, eso seguro.

Tras la necesaria recuperación y lenta deglución, vino ese tiempo basura que no me gusta, donde no tengo nada en mente pero sigo entrenando. Llevo meses dándole vueltas a una idea, pero queda para materializar, si es que algún día lo hago, y eso ha despertado cierta pasión, por ahora pequeñita, pero que ojalá combustible y comburente se unan en la proporción adecuada.

 Buen '14 y que hagáis de vuestros objetivos realidades.
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Baikal13 - Media: Oxígeno

jueves, 5 de diciembre de 2013

La semana pasada un coche pasó por encima de mi pierna; tras cagarme en tos los muertos del conductor, trotar dolorido a casa y darme cuenta de que la cosa podía haber sido francamente grave, pero no lo fue, lo primero que pensé fue en que tanto preocuparme por caerme en el agua del Baikal... y que por una tontería, algo muy serio te puede pasar al lado de casa, y el resultado puede ser la mismo.

No hay muchos medios donde mi Baikal entrase, y menos si no los buscas; tradicionalmente he tratado de rentabilizar -para mí, patrocinadores o colaboradores- cosas que he hecho, pero este no era el caso. Sin embargo surgió la posibilidad de escribir en Oxígeno, donde creo que encajaba perfectamente el relato. En parte por no haber pensado en publicar, en parte por temas presupuestarios, el tema fotográfico ha quedado muy cojo, especialmente en una revista muy visual, por fotos (Mikael Helsing a la cabeza) y maquetación. Afortunadamente es también un lugar donde se pueden leer excelentes relatos (como las excelentes diarreas mentales de Simón Elías), y aunque precisamente de este no quedé especialmente satisfecho, el/los día/s que lo escribí dio/dieron para que lo que dio/dieron.

Empecé a escribirlo en el primer vuelo de vuelta, pero rápidamente me di cuenta de que me estaba quedando demasiado épico, que para un blog puede valer, para una revista, no. Y menos para una en la que lo mismo aparece una entrevista a Borge Ousland como que lees un relato de una aventura de meses en condiciones paupérrimas. Y dejé pasar el tiempo, que la impresión pasase y se asentasen las ideas. Y quizá dejé pasar demasiado tiempo. Aunque recuerdo vívidamente la experiencia, quizá cogí demasiada distancia y algo se me escapó. En fin, que la historia es la que es, quien siga este blog más o menos se la sabe, pero si alguien quiere revivirla, está junto a otros contenidos y excelentes fotos por 3,95 € en tu kiosco. Y no, no puedo colgarlo en mejor calidad ni mandarlo por pdf.

Ningún relato, y menos mío, hará justicia a lo que viví; y ahora, desde la distancia, me parece otra cosa. Afortunadamente no se me olvida tan fácil lo malo y difícil que todo tiene, lo tengo presente; haga lo que haga en el futuro, y desconozco adónde irán mis pasos, y a pesar de que no es la primera vez que hago cosas sin dorsal o puedo coquetar con cierto riesgo, posiblemente el Baikal sea un punto de inflexión, por eso estoy bastante orgulloso de toda la experiencia vivida, porque ha ayudado en lo deportivo, pero más en lo personal. De lo mejor de las experiencias intensas es que algo de ti se queda allí, y algo de allí te traes de vuelta. Cuando, ya en coche, pisaba los últimos metros de tan magnífico mar, le susurré un tímido Gracias, Baikal.


+: Oxígeno

Baikal13 - Track

martes, 3 de diciembre de 2013

Casi siempre cuelgo los tracks para quien le sirva de utilidad, igual que yo uso los de otros, que alguien se haya tomado la molestia de colgarlos implica "necesariamente" que yo me la tome por si a alguien le sirve de algo. Aunque este tiene poca chicha realmente, porque es sobre todo un 'todorrecto', no tiene orientación ninguna y no hay obstáculos que salvar. Quizá valga por los dos puntos, entrada y salida al lago, accesibles en coche, y no es tan fácil saber por dónde se puede hacer.

Obviamente nunca llevé el GPS encendido más que a ratos, por razón de pilas, que aparte de que con frío se van con rapidez (no las de litio, estaban a su límite de temperatura), por seguridad, no voy a malgastar pilas en una chorrada de un track cuando no tengo que demostrar nada. El track es fruto de unas cuantas horas de trabajo, empezando por perder el del primer día -desconozco el porqué-, combinar con puntos del Spot -con ellos salvo esa primera jornada-, y cosas raras del propio track. En fin, cierta arqueología informática. No puedo más que agradecer el buen hacer del 401, gran aliado, fantástico aparato de bajísimo consumo (una semana me duraron unas pilas de litio), cómodo de operar, y fiable.

Me ha sorprendido ver que la distancia sale 334 kms, yo decía en torno a 350, pero nunca lo supe realmente hasta que no me puse a trabajar en él. Y contando todos los rectos, superan seguro los 350, así que no andaba desencaminado en mis cálculos a ojo. Que en ocho días (el día final fueron menos de 10 kms por esperar a quien me tenía que ir a buscar), ligeramente más de maratón diaria, que para el terreno, horas de luz y carga, es una buena media.

Como casi siempre, colgado en Wikiloc y Garmin Connect.


+: Wikiloc - 'Baikal13', Garmin Connect - 'Baikal13'

Behobia/San Sebastián 2013, déjà vu

miércoles, 13 de noviembre de 2013

(Antes de escribir chorradas, vaya por delante el pésame a la gente cercana a la corredora que falleció; sin duda deja frío, realmente triste que ocurran accidentes de este tipo; ninguna carrera, ningún deporte, nada, merecen la pena si hay algo como la vida en juego, pero ocurren cosas, a veces desgraciadas; varias personas más fueron hospitalizadas, alguna sigue allí, que se recupere pronto)

 En 1998 un servidor era un medioatleta que intentaba correr rápido, y estaba presto por estas fechas a correr mi tercera (y última) maratón de asfalto. Para prepararla, uno de los mejores test era hacer la ya por entonces mítica Behobia/San Sebastián, prueba que ha seguido creciendo desde entonces para convertirse en una de las fechas más destacadas del calendario español. Quince años después no queda ni rastro de velocidad en mi cuerpo, más o menos desde esas fechas no hago ni una serie, y entre medias he hecho unas cuantas ultras que me han dejado la zancada en una farsa, pero por casualidades de la vida me volvía a reencontrar con la Behobia.

No entrené con especificidad, por tiempo y ganas, un par de entrenos al dente de 1h20'-1h30' para intuir el ritmo; me salieron a 4'30" y 4'25"/km de media, y haciendo la cuenta de la vieja, 10-15" más rápido por la diferencia campo vs asfalto -aunque no es precisamente llana- y 10-15" más por el "factor dorsal". Lo más preocupante era el pulso, demasiado bajo, sencillamente no tenía ritmo, ni fuerza ni zancada, no iba más. No esperaba gran cosa, no podía esperarlo, pero pensar que 15 años antes había hecho sub 1h13', a 3'38" de media, era una pequeña losa moral, no me apasionaba saber cuánto había perdido en estos años. Pero tampoco iba con demasiadas pretensiones.

Puñales en los ojos

Dos días un poco cansado, última noche hasta las 02h00 haciendo el memo y a las 07h00 arriba. "Puñales en los ojos" fue la expresión más repetida la primera hora, tratando de desperezar a dos cuerpos que no querían abandonar el calor de las sábanas. La moral estaba tirando a baja, se anunciaba lluvia, vientos de 40 km/h y ráfagas de 70. Odio la lluvia. Al menos la temperatura se presentaba suave, 14-15ºC. Con salida a las 10h01 permitía un desayuno importante, así que no escatimé, por comer que no quede.

Para el que le resulte práctico, hotel Leku Eder, zona muy bonita (Monte Igeldo), no barato (los alojamientos ese fin de semana son de precios altos, haciendo caja), gente muy amable, desayuno tempranero para corredores, taxi 12 € hasta la estación de tren, y rumbo en el Topo (cercanías) a Behobia. Recordaba perfectamente la sensación del tren, la humedad interior, los cristales empañados, es curioso qué detalles recuerdas; también recordaba el olor a ungüentos, Reflex y bálsamo de tigre, afortunadamente esta vez no era así, algo hemos avanzado en este tiempo. Llegada a Behobia -justo la frontera con Francia-, lanzadera desde la estación, y miles de personas por allí. Tremendo. Llevo casi tres años sin competir, pero sin esta masa de gente ni sé, gente, correteando, meando, estirando, ¡por todos lados! Me sentía extraño, ajeno a todo esto.

Íbamos tres colegas del Raidlight Team (David, Alejandro, yo), más un cuarto (Luis) con el que no conseguimos coincidir, todos con la misma salida (por razones de millardos de personas, ¡30.000!, hay diferentes oleadas). En un alarde de iluminación, alguien dijo que porqué no íbamos a soltar lastre, en unos baños rebosantes de materia marrón. Las arcadas y el sufrimiento extremo por no echar el desayuno fueron lo pero del día, sin duda. A 3' de salir hubo que saltar la valla para una meadilla de última hora... competir es competir, hay cosas que no cambian. No lo recuerdo pero seguro que en el '98 calenté y estiré, cero de ambos en 2013, madre mía qué globerazo.

E.T.

Salen los buenos (500), y un minuto después los siguientes "buenos", y en unos metros un payo está intentando coger un gorro (o algo así) desde la acera, y mete justo la mano cuando paso yo, casi me traba las piernas el amigo. Iba perdidísimo, pendiente de no tropezar, sin saber qué ritmo debía llevar y rodeado de gente por todos lados. Se me van los dos colegas e intento no hacer tonterías y convertir un día de deporte en un infierno, así que pienso en que es 2013, que los tiempos de zancada amplia han pasado y no volverán, y en que debo regular e intentar buscar sensaciones. Empiezo a oír pitidos, ¿kilómetro uno?, miro y 3'54", coñe, aquí la peña va que vuela, y no he perdido nada en la salida, cosa que me gusta, es lo bueno de salir delante, se sale fuerte siempre. Siguientes puntos de globerismo: uno, primera rotonda, la peña pega unos atroches de cuidado y como leí en algún sitio que eso está mal, yo por el asfalto, para lo cual me quedé solo con un tipo al cual tuve que parar porque casi me tira también, cruces de la muerte después, muchos nervios, la peña va tronadísima; y dos, como llevo tres horas sin beber, en el primer avituallamiento pillo agua, ¡vasos!, a toda leche, lo engancho y me echo más de la mitad por el hombro. Madre mía qué desubicado estoy. Eso sí, vaya flipada, cómo pasan los kilómetros, el primero que veo es el 3 y ni me he enterado, ¡mola!


No había mirado el perfil, pero recordaba una subida, como un puerto de montaña; en realidad son dos, y menos mal que lo pregunté antes de salir, porque me hizo ir con el freno un poco echado. El primero, hacia el 6-7, recordaba el Tourmalet de 1998, y ahora lo veo como una suavísima subida que con unas pocas fuerzas subías en un momento (¡no había ni que andar!). ¿Esta era la subida que recordaba como durísima? Quince años, eso, y la historia de entrenamientos y carreras que hay en medio. Que nadie se fíe del perfil, hay multitud de toboganes que como se te atraviesen vas muy jodido. No fue mi caso, iba bien, a lo que podía, con cierta cautela, pero bien vivo. Me sorprendía el silencio, nadie hablaba, un cementerio, todos a por tiempo; iba rodeado de gente muy centrada en lo que hacía, tiempos razonablemente rápidos y peña muy picada, ritmos constantes, gente motivada. Pero en silencio, sólo se oían pisadas, bufidos, y algún que otro estertor, me llamó la atención. Seguían pasando los kilómetros, recuerdo el 10 en 40'40" más o menos, me sorprendía lo rápido que pasaban, no iba sufriendo (evidentemente, si no no se me harían tan cortos), pero empezaba a madurar.

Otra de las globeradas eran los avituallamientos, aparte de peligrosísimos por los cruces que hace la peña (la organización debería de poner a ambos lados), iba como un tonto a por el vaso a toda velocidad (se entiende, la mía), ponía uno en la mira, y zas, a por él; aprendí en el segundo avituallamiento que tenía que vaciar medio vaso, doblaba un extremo y a beber... una mierda es lo que bebía. Qué desperdicio. Dudo que bebiese 15 cl en toda la carrera, menos mal que eran solo 20K.

Entrando en Lezo, otro clásico que también recordaba vívidamente de mi otra participación: unos señores, en silencio y pacíficamente, mostrando carteles de fotos en blanco y negro de gente despreciable. Es el único pero al mejor público del mundo, porque es increíble cómo anima la gente y la cantidad de ella que hay, hacen sentirte mucho más bueno de lo que eres y convierte una simple carrera en algo mucho más especial, es una de las razones por las que este evento es de lo mejor, porque el público, la ciudad, el entorno la han adoptado como suya, esto no tiene precio.

Poco después del grupo antes mencionado, me fijo en un tipo con una sudadera roja, capucha calada, me mira, cruzamos una mirada, y me quedo pensativo, a este tipo le conozco de algo; me giro, veo el logo de Wild Wolf en la espalda, ¡joder, Javier Gómez Noya! Un campeón del mundo de triatlón, como un espectador más, viendo a unos paquetillos, pasando el rato. Por razones de seguridad un Cristiano Ronaldo o un Fernando Alonso no podrían hacer lo mismo nunca, pero dudo que tampoco lo hiciesen. Un curioso souvenir.


Crisis, renacimiento y apreturas varias

Hacia el 14-15 iba en crisis, se me empezaban a acumular los kilómetros a ritmo sostenido y alto (para mí), y aún veía la meta un poco lejos. Para rematar, otro colega, aquel que no conseguimos encontrar en la estación (Luis), me alcanza y deja con suma facilidad. A nadie le mola ser el cuarto de cuatro... pero alguien tiene que serlo. Pero bueno, qué le vamos a hacer. Iba con cautela porque hacia el 16 llegaba la segunda subida, la encaro bien, voy muy fácil comparado con mi entorno y recupero puestos. Sin hacer una puñetera cuesta en varias decenas de meses se confirma que la gente de asfalto sube bastante mal. Casi le recorto 30" al que me había repasado, con lo que motivo lo mío. Km 16, 17, es el momento. Si no te juegas "medalla", para hacer tiempo debes hacer cambios lejanos y largos, no un esprint. A 3 km de meta aprieto, poco a poco, me siento fácil aunque varias veces dudo de que ese ritmo sea posible mantener. Alcanzo a Luis, le paso con relativa facilidad, pero empiezo a estar cercano a la zona roja, pego auténticas pasadas a gente que va con la sirena encendida, alguno con sirena, intermitentes y algo más, pero por instantes siento que voy pasadísimo. Giro final, llegamos a La Concha, entra el megavendaval que me mueve de lado, literalmente, algo nada deseado a esas alturas y "velocidades terminales", y aunque al final hemos tenido muchísima suerte con el tiempo -cero lluvia, viento pero soportable, nada de frío-, no sienta bien ese hostiazo con las fuerzas tan justas. De repente, atisbando meta por ahí lejos, veo a Alejandro a tres metros de mí, ¡madre!, al cuello. Con dorsal no hay amigos, nunca he corrido controlando, ni como entrenamiento, si me pincho un dorsal voy a lo que puedo, y aunque en esta no morí en ningún momento, di bastante de lo que tenía. Pero si algo tengo claro, es que a los amigos, ni agua, en carrera no, con lo que como un cabrón que tantos años de deporte me han enseñado ser, palmadita en el culo y alguna soplapollez del estilo "venga, que estoy aquí, nos vemos en meta", y hachazo. Ganar a los colegas mola, pero esto era una pequeña humillación, ¡mola más!


Pero como el orgullo de nacimiento no me tocó todo a mí, el susodicho Alejandro, tras la sorpresa inicial sale embalado a por un servidor, me alcanza y empareja. Cuando le pregunto que si acaba ahí donde un cronómetro y me dice que "700 metros", se me cae el mundo al suelo, a este ritmo no hago 700 m ni jarto EPO. Momentos de duda, pero el gancho lo llevábamos los dos. Gancho, ancla, paracaídas, o todo, porque aunque íbamos a tope a veces los segundos parecen minutos. Le abro un pequeño hueco de tres metrillos, me giro varias veces para controlar distancias, me importa un pimiento que me pasen 50 por el otro lado, voy con mirada túnel, sólo me preocupa un tipo, y le consigo mantener a raya hasta el final. Me quedaba un cambio suicida final, que no hizo falta, pero no había más. Descojonado de risa por dentro, por la forma tan mezquina y sorpresiva de ganar a Alejandro, entro a meta. Me lo he pasado pipa, de eso se trata. Un segundo después, Alejandro, instantes después Luis, y un minuto más tarde, David. ¿Pero cuándo le he pasado? Pues a kilómetro y algo de meta. Mira que es difícil que ninguno de los dos nos hubiéramos visto, pero así ocurrió, hubiese sido posiblemente ruin al adelantarle, incluso a pesar de que iba lesionado. Así es uno.

El postre fue divertido, pero el recuerdo general es mejor: saber correr con cierta inteligencia, aceptar limitaciones, no petar, saber adaptarme, correr bastante constante, y al final a 4'00"/km clavado (3'58" por el GPS), las cuentas de la lechera no fueron tan malas. Sin dolores, sin sufrir realmente, manteniendo técnica. Es satisfactorio que las cosas salgan como preveías, incluso cuando la nube de incertidumbre era enorme.

No puedo dejar de recomendar la Behobia (para trailers también), hacerle una vista a la bella Donosti, comer como si lo fueran a prohibir, y pasar unos días amenos de deporte y colegas.

Añado track para quien le puede ser de utilidad, es justo el límite para conseguir dorsal morado, el segundo mejor.
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+: Behobia/San Sebastián
Fotos: Luis Peralta, David Diego
Track: Garmin Connect - 'ser13gio'

Baikal13 - Material: acampada (y 2)

jueves, 7 de noviembre de 2013

Aislantes

Si no descansas eres un cadáver. Necesitas dormir bien, estar confortable y que la tienda no sea una continuación de la tortura diurna. Por eso necesitas estar cómodo, cueste lo que cueste, o pese lo que pese. Dormir sobre hielo implica que la espalda podría estar a -20 ºC y evidentemente no hay saco en el mundo que evite que te quedases tieso, apoyando todo el cuerpo sobre una superficie fría o te aíslas bien o todo lo que te hayas gastado en sacos habrá sido dinero perdido. Yo además tengo un factor extra de caderas huesudas y obligatoriedad de dormir de lado, algo que me ha llevado a descansar cero patatero más de una y de dos veces.

Me decanté por un doble sistema de aislante tanto por motivos gélidos como óseos. El primer aislante era un Thermarest de huevera de toda la vida, voluminoso, razonablemente buen aislante… pero obviamente insuficiente para temperaturas siberianas.

Por lo que debía ir reforzado con un segundo aislante, el nuevo Thermarest Neo Air XLite, que como su segundo apellido indica, es de aire, y como su tercero, la auténtica leche de ligero. Pero la leche. Al inflarlo la primera vez, casi transparente, se te queda cara de tonto pensando si eso te va a aguantar más de diez minutos, incluso para un tío relativamente ligero como yo. No pesa nada, se pliega con razonable facilidad, se guarda en su bolsita, válvula que no te deja inflarlo a gran presión, tampoco requiere mucho tiempo ni esfuerzo y francamente cómodo. Incluso con cierta práctica y cuan hombre orquesta, puedes inflar solo con la boca y con las manos ir desplegando sacos y demás parafernalia. Alucinante es decir poco, una auténtica maravilla. Y cero problemas de pérdidas de aire, así que sí, aguanta. Aun así, para un futuro me compraré parches de la marca (llevé de bici, desconozco si funcionarán) por seguridad, pero es un producto excelente y que en dos plácidas noches has amortizado, y no es precisamente poco dinero, pero es que descansar bien no tiene precio. Y a poco que seas de culo inquieto puedes usar en bastantes ocasiones.

Sacos de dormir

Esta es la segunda parte de la ecuación para dormir plácidamente. Y qué te compras y a qué precios, porque oferta hay para aburrir, pero el presupuesto no es ilimitado y tampoco la posibilidad de hacer pruebas, así que debes estimar lo que consideres justo y jugártela a una carta, de ello depende descanso, bolsillo, muchas posibilidades cumplir objetivos e incluso cosas serias como deditos.

La primera decisión fue la de usar pluma o aislante sintético. Para ambientes húmedos es mejor lo sintético dado que la pluma pierde propiedades al humedecerse, se apelmaza, aumenta su conductividad térmica… pero la pluma es más cálida. Qué hacer. Me decanté por la pluma y por dos sacos porque es un sistema más versátil, y en mi opinión, más cálido por dejar aire entre ambos y servir asimismo de aislante. Había otra ventaja de tacañón: usar dos sacos implica que puedas tener dos sacos majos para el futuro, pero útiles, un saco de -30ºC es posible que no lo vuelvas a usar nunca más.

Un primer saco fino, marca Sierra Designs, de 600-700 g, de los de tipo Sables, ligero, sin cremallera para aligerar -detalle que me parece demasiado-, excelente. Y muy caro. Comprado de segunda mano. No se vende ya, es antiguo. Y bueno, Sierra tampoco se vende en España ni Europa, así que tampoco merece la pena hablar demasiado de un producto descatalogado, pero sí de qué tipo de producto hablo.

Y un segundo saco “para la guerra”. Elegí un Vertical Combi Duvet -15ºC, me gustaba la idea de poder usarse como chaleco o simplemente para poder desayunar sin sacar casi todo el cuerpo del saco, sistema heredado de su prima hermana Raidlight, que ya conocía; pero además es de pluma de buena calidad y muy compresible (alto cui, en torno a 650-700 si no recuerdo mal). Es relativamente estrecho, con capucha como si fuera una chaqueta, con cremallera centrada y muy confortable. Desplegado eres un auténtico muñeco de Michelín con él puesto, pero qué cojones, se trata de dormir calentito, y con la combinación de ambos lo hice, de auténtica maravilla. Gran acierto. Por supuesto dormía con toda la ropa puesta, la misma con la que iba en el día más el Micropolar. Y los patucos, ver infra, qué invento.

Dos pequeños fallos del saco Vertical. Uno, las temperaturas no están medidas según la norma EN 13537 de turno, lo que impide comparar entre sacos, pero al no ser una normativa de obligado cumplimiento y costar lo que cuestan los test de laboratorio, la marca se los ha ahorrado, mal hecho en mi opinión. Y, segundo, la cremallera, desde dentro, es dificilísimo de cerrar por el simple error de no ponerle una extensión al carro. Tiene una solución muy sencilla, un cordino largo (unos 20 cm, en rojo en una de las fotos) y solucionado, pero podría venir  de serie. Y un tercer “fallo” y le pongo comillas porque es algo que no es obligatorio: bolsa de compresión. Trae una para almacenarlo, bien grande, pero no para llevarlo en faena. Honestamente yo lo prefiero así porque te compras la que tú quieres y no pagas algo que no te apasiona quizá.


Entre los dos sacos era el espacio ideal para dejar cosas que no aguantasen el frío y/o que por su importancia no quería que estuviesen lejos. En este espacio ‘intersaqueal’ dormían conmigo:

1) Hornillo y gas, obviamente separados.
2) Termo de agua, para tener agua para la noche y para desayunar, y poder abrir la botella por la mañana (la rosca se congela y no la vuelves a abrir).
3) Teléfono vía satélite.
4) Cámara de fotos (se descargaba la batería –aparentemente- en pocos segundos con frío).
5) Botella para mear, imprescindible, muy bien cerrada, de boca ancha (ideal las de Nestea o Aquarius).
6) Frontal.
7) Pilas, mecheros, batería de teléfono satelital…

Es decir, un cisco importante, darte la vuelta era que se te clavase el teléfono en las costillas, el hornillo en los huevos y la cámara por donde os imagináis. Y siempre con la intranquilidad de que no se vaciasen los líquidos. Pero no hay demasiadas formas de que no se congelen cosas.

Aunque no lo parezca por la penosa foto, con la ropa, asilantes, sacos, patucos y demás, dormí francamente bien, y si no dormí más o mejor fue por causas personales tan profundas como 'no me duermo, hay que joderse'. Ni que decir tiene que todo esto pende de un finísimo hielo, más frío, más cansancio, más viento, más hambre, menos hidratación, y todo esto se te descabala y pasas frío, duermes mal y vas en barrena. Debes tener algún comodín (mantas térmicas, más ropa), cuidar la transpiración, aguantar ratos de frío hasta entrar en calor, o incluso hacer adaptaciones en cada noche, echarte a dormir con la tripa llena y cierta actividad en la tienda, a seis horas después en las horas más frías y con nula actividad metabólica son diferencias muy importantes.

Patucos 

Para el campamento, no llenar la tienda de nieve, salir de la tienda a lo que sea, y dormir calentito, me cayó del cielo (regalo) unos patucos –no sé cómo llamarlos- poco antes de irme The North Face, elaborados en pluma, altura de media bota y suela de EVA, que permite usarse fuera de la tienda sin problema, ni resbalones ni nada, dentro de ella y dormir puestos. Se llaman Nuptse Booties III y le den un premio al que las inventó. Pedazo de invento, ¡mucho mejor que la gaseosa!, que dirían en El milagro de P. Tinto. Lo de siempre, nada baratas, a ver qué uso le das fuera del suyo específico… pero qué maravilla dormir calentito, salir a coger cosas al pulka, dejar que los pies descansen y variar calzado. Gran producto, muy recomendable.

Hornillo

Quien siguiera la crónica diaria recordará esa primera noche en la que no pude prepararme comida, ni beber, casi quemo la tienda y temía que fuera el fin de la aventura, apenas empezada. Sabía que algo iba a fallar, no te puede ir todo perfecto, pero no me esperaba que fuera esto, porque lo cuidé bastante. Llevaba dos hornillos de calidad, dos tipos de combustible, bastantes mecheros, muchas cerillas y aun así el primer día no hice que funcionara nada decentemente y casi me quemo a lo bonzo.

Los hornillos son ambos Primus, un Himlayan Multifuel y un ETA Solo prestado. El primero funciona con todos los combustibles imaginados, el segundo solo con gas, que es el combustible que elegí, sabía que podía ser problemático porque estaba al límite de la temperatura de funcionamiento (contando con que era un gas “invernal”, de mejor comportamiento en frío). Por qué gas si sabía de antemano que estaba muy cerca del límite de funcionamiento. Porque es de una gran eficiencia, no emite humo, es rápido, limpio y ligero. El segundo hornillo, aparte de gas, me serviría por si no hacía funcionar bien este o se me acababa el combustible, con lo que aparte de este segundo hornillo llevé seis botellas de medio litro de queroseno (‘white gas’). El problema del Multifuel es que, lo descubrí después, el tubo que conecta el hornillo con la botella estaba rajado internamente, por ahí perdió el queroseno, pringando una manopla y esterilla, justo en el momento en el que saltaba la chispa del mechero. Vamos, que la lié. El tubito, que lleva el regulador, cuesta la módica cantidad de 40 € y no es fácil de conseguir, ni una referencia en España del mismo.

Pero el hornillo principal debería de ser el ETA Solo, a priori, el novísimo hornillo de Primus, no sé si en reacción a los Jetboil que les han ganado mucha cuota de mercado. El modelo Solo es compacto, bastante esbelto (poco equilibrio) y supuestamente de una eficiencia sobresaliente. A -20ºC tararí. No me quiero ni imaginar lo que debe de ser otro tipo de hornillo, cuánto te puedes tirar en deshacer agua para que beban tres personas, por ejemplo. El problema de que no funcionase era la temperatura, pero no solo del gas –lo que se soluciona moderadamente metiéndote el cartucho de gas media hora en la chaqueta y durmiendo con él dentro del saco- sino del propio hornillo –a dormir también con él- e incluso la velocidad a la que se enfría, con lo que tienes, como poco, que aislarlo del suelo. Otra forma es, a la vez que se calienta el agua en el hornillo, tenerlo entre las piernas para darle calor al gas y que no pierda rápidamente eficiencia. Es decir, en la entrepierna te pones medio litro de agua, un cartucho de gas y una llama. Viva la seguridad. Un drama hasta que le cogí el truco, un coñazo cogido este. Pero así podía deshacer agua, lo que te lleva un buen rato diario. Me dio mucha guerra también el que el hornillo estaba tratado con descuido (ese prestamista chapucero...) y no encajaban bien las dos partes (hornillo y cazo, son un todo, digamos), con lo que derramé alguna vez agua dentro de la tienda, lo que sumado a la inestabilidad natural de algo tan esbelto no ayudaba al quehacer diario. Una solución sería colgarlo de la tienda… pero entonces cocinas dentro, lo llenas de vapor, se congela, luego se puede encharcar todo…


Fue la parte del tema material que más problemas me dio, era un auténtico coñazo deshacer nieve (es increíble la cantidad de nieve que tienes que echar para conseguir medio litro de agua, por cierto), eché de menos una palita como las que venden algunas marcas para enterrar heces para estar continuamente alimentando la cacerola, y menos mal que soy de poco beber y luego iba bebiendo hielo y nieve para ahorrar, que si no hubiese estado tres horas al día deshaciendo. Ni que decir tiene que mejor deshacer nieve que hielo, gastas menos. Llevé, si no recuerdo mal, cinco cartuchos de gas (230 g aprox., el medio) y consumí poco más de uno, es decir, cada uno me duraría una semana, consumo increíblemente frugal, contando con que era una persona, sin calentar tienda, consumiendo poca agua y con mucho cuidado del gasto... para luego dejarlos allí porque evidentemente no te los puedes traer de vuelta.
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+s13: Index: MaterialIndex: Pruebas de material

Baikal13 - Material: acampada (1)

martes, 5 de noviembre de 2013

No voy a tratar absolutamente todo el material de acampada -y algo más- porque sería largo y farragoso, pero sí lo más importante. Posts muy frikis (véase pulka), como casi todo referente a mi Baikal. Para el que le valga, intente cometer menos o ningún error, pero que a su vuelta cuente su experiencia, porque como ya dije, en español es dificilísimo encontrar información útil.

Tienda de campaña

Me dejé un mes solo para el tema del material, empecé a comprar casi con tres meses de antelación… y la tienda la recibí a dos días de irme, prestada y a la que le hice cero pruebas. Total, como no es importante... Ni sé qué modelo es, la marca es Mountain Hardware, y no merece demasiado la pena entrar en detalles dado que es un modelo descatalogado. Debatí conmigo mismo, y no es una decisión nada fácil, si quería una simple capa o de doble techo, venció lo primero y con cuidados, fue una excelente elección. Por cuidados me refiero a la gestión de la humedad, uno de los factores clave del confort en todo lo que haga mucho frío, que puede convertir la tienda de campaña en una piscina y dejar los sacos de dormir inutilizados.

Dentro de las monocapa hay dos tipos, uno el de las monocopa pero mejor que no te llueve (infrecuente o imposible en ciertos usos, como mucha altitud o polos) o las de membrana, como chaquetas y pantalones, impermeables y transpirables. Mi caso era este, una membrana, que aunque sirve para lluvia -no iba a ser el caso- transpira, pero como toda membrana, con sus limitaciones. Y en este ambiente tan frío, aunque no lo parezca, se transpira lo suyo y además todo lo que calientes genera una cantidad de vapor bestial, y la membrana al no poder disipar tanto vapor condensa el agua, y en minutos puede estar congelada. Y si coge algo de temperatura dentro, se descongelará, y de ahí la "piscina" que comentaba antes. Pequeños apuntes al respecto: no cocinar dentro, el vapor de agua se queda en la membrana, y ninguna membrana la puede evacuar a semejante velocidad, con lo que se congelará, aparte del considerable peligro; cepillar al menos dos veces al día la tienda para quitar el hielo dentro; ventilar todo lo que se pueda; cuidar la posición para evitar que el viento dé lateralmente; no usar el hornillo para calentar el ambiente si no es estrictamente necesario (no lo hice en ningún momento, tampoco considero que tuviese temperaturas extremas y/o pasase demasiado frío). Con ciertos cuidados, sin excesivo frío (que te permita cocinar fuera o casi fuera), y siendo solo uno, mantuve la humedad a raya. Y hubo ocasiones para liarla, como vertido de agua en el interior o vuelco de botella de meados nocturnos. No se preocupe el dueño que cuando se la devuelva estará perfectamente limpia y arreglada (porque la quemé y agujereé en diversos puntos la última noche por vientos cuasihuracanados…): aviso para quien me quiera prestar algo.


Tornillos de hielo

Sí o sí. No es una opción, incluso valiendo lo que valen. Si acampas sobre el hielo, y es bastante probable que lo hagas alguna vez, quieras o no, tienes que atar la tienda al suelo, y siendo hielo no hay más opción que los tornillos. Son carísimos (50 € la unidad, y de ahí para arriba) pero da gusto ver cómo funcionan de bien, gran invento. Excepto uno, rebelde el muy cabrón, no entraba ni a leches. Es por esto que hay que llevar uno de repuesto. Por cierto, no llevé forma de anclarla a la nieve, en la mitad norte del lago puede que hubiese sido necesario dado que acumula mucha más nieve, pero por lo general, paleando un ratillo, abrío un buen hueco para la tienda y anclar al sólido hielo.

Ya dije que el último día, en un alarde de imprudencia, no puse tornillos, para poco después levantarse viento lateral (más bien puse la tienda como me salió de ahí, y claro, el viento pillaba en pleno lado mayor) y cuando estaba la tienda a 45º y un servidor a punto de despegar tuvo que arrastrarse como un gusano poner un primer tornillo desde dentro y salir a las tantas de la madrugada a poner el resto si no quería salir despedido. No es una tontería, muere gente por esto, esta misma temporada pasada en Groenlandia, y no cuesta casi nada ponerlos. Y si son caros, te jodes, haberte ido a la carrera de tu pueblo.


Piolet

Para picar hielo –aunque casi siempre puedes acampar cerca de nieve-, para salir del hielo si te caes (lo debes dejar a mano) y para defensa personal si un Dimitri (o un animal, que no vi) se pusieran agresivos. Me compré un Simond francamente bonito (que es lo que importa, ¿no?) no de alpinismo, tipo esquí extremo y demás, lo más ligero. En realidad no llegué a usarlo, pero hay que llevarlo. Chisme ideal para que algún arma caritativa te deje.

Pala

Otra de esas cosas que da pereza comprar porque lo mismo no usas en la vida (si no eres esquiador fuera pista, claro), pero que es imprescindible tanto para echarla al hornillo y deshacer nieve como para habilitarte un sitio para acampar y echar nieve en los bordes de la tienda para evitar que entre aire debajo y la levante. En mi caso llevé una sencilla pala Arva, bastante pesada, pero me salió gratis (otro préstamo más). Como en todo, hay auténticas pocholadas en aluminio anodizado, preciosas y ligeras: prepara billetes. Los pobres vamos de prestado y con material de segunda regional pero que hacen el apaño.

Bastones

Aunque no es de campamento, me faltaba comentar esto. En mi último test de tres días perdí mis flamantes bastones plegables de carbono Raidlight… y me pillé otros iguales, pero en talla mayor. Sobrado de pasta que iba. No es que sean imprescindibles, pero sí una buena ayuda, sobre todo en zonas de nieve, o en los comprometidos pasos de grietas. Los usaba al principio para tantear el suelo, aunque ya podía haberse abierto la grieta hace cinco minutos que si no no te das cuenta de lo “verde” que está. Falsa seguridad que se llama.

Un problema en el que nunca había pensado sobre estos bastones es que las dragoneras te unen al bastón de una forma sólida, y si te caes al agua quizá fueran un impedimento para salir. Supongo que con la adrenalina lo mejor sería romperlos e incluso usarlos a modo de piolet para salir, pero no me apasionaba la idea de caerme al agua y tener las manos, aunque fueran solo cinco segundos, un tanto inútiles. Para zonas delicadas me quitaba la dragonera, y al final dejé de usar los bastones, iba mejor sin ellos. Todo el mundo los lleva, y aparte de ayudarte al avance, han salvado más de una vida, yo sé de dos casos.
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Pulka Acapulka Scandic Tour 100

martes, 29 de octubre de 2013

Pulka. Se llama pulka, no trineo. Y si no existe la palabra, o usamos la apropiada de otro idioma o la adaptamos.

Posiblemente sea la parte del equipo más peculiar de todo lo que llevaba, el que casi no podía probar, y uno de los más costosos. De la Rock & Ice me traje la mala experiencia de arrastrar estas mierdas de chismes, sentía que me frenaba muchísimo el avance y acabé odiándolos. Mis caderas y yo. Pero para temas polares y sucedáneos, es la mejor alternativa para cargar la gran cantidad de equipo que necesitas. O la única, más bien, porque llevas mucho peso, la mochila no es una alternativa excepto en terreno muy roto y pocos días.

Aunque tras una sencilla búsqueda encuentras pulkas con facilidad, fuera de España, se entiende, la oferta se suele reducir a dos modelos, a cada cual más simplón, uno azul y otro naranja. Sé que uno se llama Paris, el otro ni me digno a buscar su nombre. Yo llevé el naranja, prestado en la Rock & Ice, muy plano, apoyando toda la panza, deformable, buenos plásticos para bajas temperaturas, pero nadie serio debería llevar algo así, y sin embargo se ven en algunas expediciones cachondas. Tras unas cuantas búsquedas por esas redes maravillosas di con La marca. Cuando leí que era el pulka de Borge Ousland, Mike Horn o Göran Kropp me convencí (quien haya leído y seguido a estos tipos sabrá de qué hablo), pero cuando vi las tarifas se me pusieron los ojos blancos: los pulkas buenos son caros. Ni aparece en el lista de precios pero sí había uno nuevo, el más pequeño, de apenas un metro de longitud, lo que yo quería para, en un principio, no cargar con material para más de una semana (recuerdo, iba a una carrera donde tendría reavituallamiento intermedio). Es el más barato con diferencia, el “Quechua” dentro de la marca, de turismo -de ahí lo de Tour-, no de expedición. El precio, unos 400 €, razonable dentro de la pasta que es, y lo mejor, unos baratísimos portes (algo así como 25 € desde Alemania, a pesar de que la marca sea noruega). Una vez recibido aluciné, con la calidad de fabricación, rigidez, buenos acabados y seriedad del producto.
Algo a tener en cuenta es el peso, primero porque es “peso muerto”, inútil, pero también por temas aéreos. Sin sistema de arrastre no llega a los tres kilos, y eso que está fabricado en una “barata” fibra de vidrio, podría ser tranquilamente un 30-40 % más ligero en carbono-kevlar, como esos modelos de expediciones polares potentes, amarillitos ellos de las fibras de aramida. Pero costaría entre 500 y 800 € más: me dejo los riñones si es preciso arrastrando, ni que decir tiene.


Otra interesante característica son los patines, no apoya todo el cuerpo en el suelo, sino sobre dos “esquíes”, piezas plásticas de poliuretano que pueden cambiarse si las desgastas. Pero sobre todo, aunque en nieve blanda se hundirá, en terreno duro mantiene el cuerpo del pulka al aire y roza menos, deslizando mejor, lo que era mi caso en un terreno como hielo, donde si estaba limpio de nieve iba de maravilla, y de hecho por algo de viento lateral o del propio gesto de correr iba de lado a lado, haciendo drifting que ya quisiera Ken Block.

Un tercer elemento a destacar es que incluye bolsa, en realidad solo es una funda superior, cosa que otros no incluyen y tienes que comprar aparte, no lleva cierre ninguno, como las bolsas estancas, le das unas vueltas al borde, cierras tres tridentes plásticos largos y manipulables con manoplas, y un elástico superior para que la carga quede lo más compacta posible, y listo. El material de esta funda es Cordura tratada, completamente impermeable, y está remachada a los bordes del pulka y protegida con una lámina de aluminio. Los remaches son, en mi opinión, el pequeño punto flojo de todo el pulka, porque los bordes interiores de los remaches pueden dañar material: tan sencillo como protegerlos con alguna cinta (yo usé de carrocero) para no dejar aristas vivas.

Y, finalmente, el anclaje del tiro se hace por sendas pletinas de acero, resistentes y sólidamente ancladas a la fibra.

El sistema de tiro puede ser de dos maneras, por cuerdas o por varillas rígidas; las segundas se usan en terreno irregular tipo Polo Norte, para grietas y ondulaciones fuertes. Las primeras, más sencillas, para el resto de usos. Usé el tiro rígido en Canadá -con palos de bambú, curioso- y me harté de que me empujara constantemente -tiras y te empuja, continuamente- así que tenía claro que usaría cuerdas. También en esto hay posibilidades, dos a los lados, cruzadas o una centrada, mi opción. Y todo el sistema de tiro era tunning total, unas pletinas agujereadas adaptadas a golpe de maza; un tiro central de fibra de carbono de un kayak de 7000 € fabricado por Lola Cars (antiguo equipo de F1) que me encontré una vez destrozado de haber volado de una baca y adaptado con la Dremel y taladradora; cuerda de escalada con nudos intermedios para tirar en grietas; y una mochila Raidlight Endurance 14L con un tercio inferior de otra mochila de la marca cosida en la parte baja para bajar el punto de tiro. Queda muy mal que lo diga yo pero me funcionó francamente bien, con solo cuatro días de test (y gracias) y acabándolo todo a última hora. Desgraciadamente la pieza de carbono me la cargué en la tarde del último día, improvisé un apaño con bridas pero si alguna vez lo vuelvo a usar, necesitaré buscarme la vida y hacerme otra pieza para arrastrar.
El pulka es excelente y si vas a hacer algo de más de tres días, merece la pena, es compacto, resistente y sólido. Evidentemente no soy un experto en pulkas, he usado dos y punto, pero la experiencia del fabricante, el cuidado en los detalles, las trabajadas curvas para mejor el rozamiento sin comprometer la estructura denotan un producto de altísima calidad, y si te fijas en expediciones polares, se usa hasta decir basta, no creo que sea casualidad, y aunque la web no se encuentra precisamente a la primera si no se comparte el link como un servidor hace, me parece que todos los que leemos con cierto interés de estos temas acabamos con lo mismo. Lógicamente no es poco dinero, pero si lo comparas con los de plasticorro, le sumas la bolsa, una plancha de madera que hay que ponerles, los cierres y los portes, no queda tan lejos del precio. Por calidad no te arrepentirás, y si tienes un patrocinador o tienes el dinero, pide que te lo hagan en kevlar que lo mismo luego te vale de decoración en el salón de lo bonito que puede ser.

Sólo le he encontrado un pequeño problema que con los de plástico no tendrías: de estar días y días húmedo y siendo el acabado interior algo rugoso, medró algo de vida y tiene una tonalidad grisácea en algunos puntos, síntoma de moho. No pasa nada, pero nunca te quedará completamente amarillo (el color de las resinas que se mezclan con la fibra de vidrio) otra vez. La parte exterior está pintada para que deslice mejor, y algunos desconchones tiene, no afectan en nada y son ley de vida, si no los tuviera es que no se ha usado de verdad.


Una gran compra para un producto de máxima calidad.
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Baikal13 - Material: seguridad

lunes, 20 de mayo de 2013

En español es realmente difícil encontrar buenos consejos sobre material para temas de frío, supongo que quien va desea guardarse esa información porque su dinerito le ha costado. Estos mismos luego querrán que les sigas por Facebook o Twitter en una forma torticera y bastante pobre de entender lo del 2.0, así somos por estos lares. Excepto un producto concreto, que ni se vende ni posiblemente se venda nunca, expongo con moderada concisión qué usé yo en el Baikal y más o menos cómo me fue, pero en un importante descargo de responsabilidades, me fue bien a mí en las condiciones concretas que yo viví, no es extrapolable ni a otros lugares, ni similares temperaturas ni nada parecido, es solo una referencia, nada más. Y como es lógico, empezaré por la seguridad.

'Ice sticks'

En el post de riesgos definí lo que consideraba más peliagudo de la aventurilla y el que más me preocupaba era la caída al agua, que implica dos problemas: uno, salir del agua, y dos, no tener serios problemas de congelación después. Recuerdo, la superficie sobre la que debes agarrar para salirte es hielo, nula adherencia.

Para salir del agua lo mejor son unos "picahielos" llamados 'ice sticks', usados por pescadores de latitudes gélidas. No son más que unas puntas que llevas al cuello en todo momento y si caes deberás cogerlos, clavarlos en el hielo y traccionar con ellos a modo de "piolet de fortuna". Nada fáciles de conseguir... hasta que se inventó Amazon. Realmente es fácil de copiar la idea y pensé en hacérmelos yo, pero luego me lo repensé y, la verdad, si te falla la ñapa te salo muy caro el ahorro de dinero. Los sujeté a las hombreras de la mochila con unos velcros, siempre a mano y no podía olvidarlos nunca, me podía ir la vida en ello.


Pero no quería depender sólo de los 'ice sticks'. Tenía plan B y C. El B era el piolet, que es necesario llevar para picar hielo para beber, lo llevaba encima del pulka atado con un cordino para no perderlo. En caso de necesidad, el pulka siempre hubiese estado cerca, habría que cogerlo y a clavar a la desesperada para salir del agua.

El plan C era dejarme dos tornillos de hielo (imprescindibles para clavar la tienda al hielo) a mano, en el tiro del pulka, también sujetos con unos velcros, y protegidos con una cámara de bici para que no sonasen, y que en caso de necesidad hubiesen servido como 'ice sticks' de fortuna.

(El plan D, y esto ya es supervivencia extrema, es, una vez en el agua y con los brazos mojados, dejarlos fuera del agua apoyados en el hielo, se deberían pegar una vez congelados, y cuando dejases de tener fuerza no te ahogarías... y a esperar. Se ha reanimado a gente por debajo de 30 ºC de temperatura corporal, pero bueno, si tienes que usar esto para sobrevivir, mal vas, no creo que tengas ni un 0,1 % de probabilidades de ver amanecer otra vez.)

En realidad hay un plan CD que aunque había considerado, no tenía demasiada confianza: los bastones. Si los llevas en la mano, obviamente los usarías casi seguro, y casi antes que los 'ice sticks' (si no se te caen cuando te metieras violentamente en el agua), pero claro, nadie dice que los llevases en la mano, y de hecho yo no los usé tanto como esperaba. Los llevaba encima del pulka, a mano, pero para tenerlos a mano si los necesitase para correr-andar, y puestos a necesitar algo para salir del agua, y si ambos están encima del pulka, prefiero el piolet a los bastones, porque el primero está hecho para traccionar y clavarse a lo bestia, y porque es más corto y manejable. Otra razón para no considerarlos a priori una opción es que sacarlos puede ser algo difícil por ser largos y tú estar bastante por debajo del nivel de donde están -tú con la cabeza a la altura del suelo y los bastones, encima del pulka, medio metro por encima, nada fácil de coger-, pero sí, es otra opción desesperada.

Comunicación

Dado que iba solo otra preocupación era enviar mi posición y dar una voz de alarma en caso de necesidad. Aunque puede haber algo de cobertura de móvil en alguna localidad que puedas pasar, sería demasiada buena suerte que algo te fuera te fuera mal justo cerca de una localidad, con lo que un móvil no es una opción razonable. Sólo queda el teléfono satelital. A diferencia con los móviles, los teléfonos satelitales funcionan directamente con los satélites de comunicación, sin usar bases terrestres intermedias, siendo su único pero que debe haber un satélite que tu teléfono pueda "ver", es decir, que también están sujetos a cobertura. Hay diversas empresas pero la única que tiene cobertura mundial se llama Iridium, propiedad en su día de Motorola y que, como curiosidad, se fundó gracias a la mujer del presidente de dicha marca cuando se fueron de vacaciones a una isla caribeña y vieron que no podían usar sus móviles por carecer de cobertura... un par de años después se presentó Iridium con un ingente coste (necesita 30 satélites en activo) que casi hace quebrar Motorola.

Los teléfonos por satélite son caros (500-1000 €), las llamadas muy caras (+2 €/minuto... echad un cálculo de lo que costaron las crónicas diarias)... pero poder llamar a casa desde el medio de la nada sencillamente no tiene precio. Y, afortunadamente, se pueden alquilar, porque si no hubiera tenido que comprar, porque no es una opción ir sin teléfono, no lo es y punto. Soy antipropinas porque entiendo que éstas se deben dar cuando el servicio supera las expectativas, cosa que raramente ocurre. Lo de Erzia lo superó con creces y por eso los menciono, porque el trato fue excelente. Aparte de alquilar el teléfono como cualquier cliente, me mandaron gratuitamente una placa solar y dos baterías extra. Todo fueron facilidades y exquisita atención. Las baterías extra me dieron una enorme tranquilidad, pero a la vez fui cauteloso con la batería original (no llegué a necesitar las otras dos), siempre durmió dentro del saco, y las baterías de repuesto siempre estuvieron cerca de mi cuerpo, preferentemente en los útiles bolsillos de las prendas Wintertrail a los que les he dado un excelente uso para preservar las baterías del intenso frío exterior que las liquida.


El teléfono -Iridium 9555- es volver al pleistoceno de un plumazo, menús sencillos, nada de pantallas táctiles, ni internet ni chorradas, un teléfono de verdad, puro y duro. Los jovenzuelos que no hayan vivido esos tiempos seguro que se hacen la picha un lío como semejante ladrillo del medievo, pero funciona, una gran aparato y un gran tranquilizador. Por cierto, todo venía en un maletín Pelican acojonante, protegido, con su válvula para liberar presión, perfectamente protegido... que se quedó en casa, claro, eso pesaba y ocupaba como la tienda de campaña.


Posición

Pero llamar no lo es todo, tienes que decir dónde estás o suponer dónde se cree que debes estar. Si estás consciente y tienes manos, puedes dar tu posición GPS por teléfono, pero si no... está el Spot, un emisor, también satelital, que puede dar tu posición automáticamente o de un modo manual. Hay que comprar un aparato, tiene una suscripción anual y el servicio de posicionamiento automático tiene un coste adicional. Necesario. Y que deberíamos llevar todos en montaña. Además tiene un botón que emite tu posición a un servicio de emergencia, lo que activaría un rescate porque se entiende que estás en peligro de muerte. Usé el Spot-1, antiguo, pero que emplea pilas AA lo que le da una vida de unas dos semanas a un par de pilas de litio (el nuevo, más pequeño y molón, pero con pilas AAA deben durar unos tres). El Spot-1 ya no se vende y precisamente el otro día lo liquidaban en Erzia.


Y si quieres mandar tu posición de viva voz y para orientarte, el GPS de toda la vida. En mi caso mi amado 401. No hay otro GPS en el mercado que me hubiera hecho una labor mejor, porque es de pila y porque es de muñeca, sencillo, de prestaciones razonables y de bajísimo consumo. Feote como él solo, pero qué cómodo y qué bien va. Incluso, algo con lo que tenía dudas, puedes operar todos sus botones con guantes y manoplas gruesas, no es el sitio para pantallas táctiles, baterías ni mariconadas por el estilo, necesitas buen material para condiciones y situaciones que pueden ser críticas. Por supuesto, llevaba un segundo GPS porque saber dónde estás y hacia dónde te debes dirigir es absolutamente esencial, y pude llevar un Garmin eTrex antiguo, que que hubiese hecho su función perfectamente, pero que ni llegué a encender. Y por supuesto también, todas las pilas de litio no recargables, caras, prolongada duración y límite de temperatura de unos -20 ºC, pero que ligeramente por debajo siguen sin descargarse; aún así, y dado que esto también es crítico, varios juegos pegados al cuerpo siempre.
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Baikal13 - Riesgos

miércoles, 1 de mayo de 2013

Toda aventura o aventurilla debería tener un trabajo previo de análisis de riesgos. De forma medianamente chapucera eso hice antes de embarcarme rumbo a Rusia, para tratar de discernir, entre la ingente maraña de cosas que podían salir mal, aquello que era realmente peligroso. Concluí que tres temas requerían una más detallada atención.

Frío

Congelaciones, hipotermia, que si me quedo sin algún dedo. Pensar en frío es pensar en eso, y desde la distancia no es fácil saber cuánto aguantas, qué material debes llevar y cómo usarlo. Ni hay que pasarse (peso, coste...) ni quedarse corto (problemas físicos, vuelta a casa antes de tiempo, consecuencias graves...) y la experiencia en esto es un grado. Yo tenía la de Canadá, y en eso me basé, pero un viento fuerte, una mala combinación de capas, mojar el material, una mala gestión de la humedad o cualquier otra causa pueden comprometer mucho esfuerzo y sacrificio.

Pero no solo de frío corporal está hecha Siberia. Y el título de este apartado no se refiere solo al frío que pases o dejes de pasar, es que tiene una influencia dramática en todo: cocinar, calorías consumidas, hacer agua, confort para descansar, duración de pilas y baterías, cremalleras atascadas, tacto con manoplas o guantes, etc. etc. La forma más sencilla de imaginarse el tema es vivir dentro de un congelador, si consigues hacer esa abstracción podrás imaginarte el material que debes llevar, qué te puede dar problemas y qué no. Y, por supuesto, alguna sorpresa te llevarás. La mía y más gorda fue que casi no consigo hacer funcionar el hornillo, lo que hubiera supuesto una retirada rápida. Hay mil cosas (y mil trucos) que pueden fallar debido al frío, con lo que, aparte de que te impida tu objetivo o disfrutar, puede tener consecuencias trágicas. Lo más importante a lo que concluí era que nunca debería llegar al límite, ni al físico (de estar agotado) ni de que llegase a impedir hacer tareas cotidianas, especialmente las manos, porque, por ejemplo, si tras una dura jornada tienes las manos en mal estado y no consigues montar la tienda, prepárate, pero bien preparado porque estás en situación de riesgo vital.

Vodka

La segunda preocupación eran los habitantes locales, dados a llevar más vodka en las venas que sangre. Recuerdo, iba solo, algo determinante en temas de seguridad personal. Especialmente la mitad sur está relativamente habitada, coches circulan de vez en cuando, a veces no te ven, a veces se paran a preguntar, y muy tontos tienen que ser los dimitris para imaginar que no llevas dinero en metálico encima y buen material. Llevas de ambos y todo cristo lleva un hacha o similar para romper hielo en el coche. Así que... Realmente no tuve ni un problema, ni una mala mirada, ni un tonto, y tomé solo las lógicas precauciones de no acampar en la "pista", nunca cerca de núcleos habitados, y tratar de no usar luz visible desde lejos. Pero con que te salga un idiota ya te la ha liado.

Agua

Vas sobre una superficie helada, muy sólida y resistente... pero viva. El riesgo real más importante es la caída al agua por apertura de canal o por congelación en falso de una grieta. Es un riesgo real, tan real que cierto personaje se cayó el año pasado, a pesar de mis sabios consejos de no avanzar por la noche. Primero, no se debería avanzar nunca por la noche porque pierdes mucha capacidad de estimación del riesgo; segundo, debes ser extremadamente cauto, algo imposible en muchos kilómetros, pero sí en pasos críticos, que los habrá; y tercero, proveerte de formas de salir del agua y un protocolo de actuación si ocurre. Desconozco qué probabilidad de supervivencia se le pueden dar a alguien que cae en el agua, arrastrando un pulka, solo, en una zona helada y a temperaturas bajas, pero no creo que mucho más que un cara o cruz, no creo que tengas más de dos minutos para salir del agua, a partir de ahí, entre intentonas fallidas, nervios y congelación, dejarás de tener fuerza y no creo que ya consigas salir por ti mismo. De ahí que hacer una cosa solo sea muchísimo más difícil que en pareja o trío, sea lo que sea, navegar, escalar o hacer expediciones polares. A pesar de todo, yo no vi ningún canal abierto, sí grietas con agua, que requerían tacto y cuidado, y vi y escuché roturas de hielo, las más acojonantes bajo los pies (pero eran las primeras, luego no eran para tanto), una que parado se hundió el suelo un centímetro y oír el agua fluir muy cerca la última noche-amanecer. Y, por supuesto, llevaba medidas que ya explicaré, para tratar de salir en caso de caída, las cuales no usé ni sé si me servían realmente, aunque confío en que sí.


Riesgos no resueltos

Pero no todo va a ser tan sencillo como comprarte las mejores manoplas del mercado y problema solucionado. Dos situaciones me preocupaban especialmente dado que no conseguí resolverlas y eran potencialmente letales.

La primera era que diese la puta casualidad de que se abriese un canal debajo de la tienda. Sería mala suerte de verdad, pero si caes envuelto en la tienda con todo el material... con todos mis respetos, creo que no sales. Puedes tener un cuchillo a mano para rasgar la tienda, pero si te pilla durmiendo lo más posible es que no te diese tiempo a nada. Mal rollo.

La segunda era caer en una grieta y que el pulka cayese contigo. Estuve haciendo pruebas a varias velocidades y sobre diferentes superficies para ver cuánto avanzaba el pulka sin tirar de él, 'a vela', y sí, sobre hielo desliza bien y se cae contigo, eso sin contar con que al caer le pegarías un tirón extra. Aunque hay alguna solución -mosquetón para soltarlo- lo más importante sería en cuanto te cayeses evitar que se volcase y tratar de sacar "el bicho" antes de salir tú. Si se vuelca, coge agua, empieza a pesar, y no consigues desengancharlo de ti... ya sabes lo que te espera.

Ambas situaciones me inquietaban, por supuesto, de hecho requieren un cierto control de la ansiedad, y prefiero no haber vivido la experiencia de caer al agua; en realidad tiene que ser muy interesante ver cómo reaccionas tú en una situación absolutamente límite, pero si no lo sé es que también hice las cosas moderadamente bien, y creo que es un punto a mi favor, no necesitaba más aventura de la que tuve, pero hay que estar preparado para casi todo.
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Entrenamiento de fuerza-resistencia mediante arrastre de neumático

sábado, 27 de abril de 2013

Parte de todo entrenamiento es simular las condiciones de la carrera para la que te estás preparando, y en el caso del Baikal implicaba arrastre de bastantes kilos de material con un pulka. La forma de simularlo, a falta de nieve, es arrastrando neumático, un clásico para todo aquel que entrene para condiciones polares.

Tras unas cuantas decenas de horas de arrastre, la neurona ha llegado a la conclusión de que puede ser un entrenamiento interesante para otras situaciones y que puede ser incorporado a la rutina de entrenamiento de cualquiera que quiera hacer retos largos y/o con desnivel. Bienvenido al fantástico y lujurioso mundo del arrastre de neumático, una forma como otra cualquier de sufrir a lo tonto.


Simplificándolo, al final es entrenar con resistencia, nada más, y aunque biomecánicamente no sea exactamente igual que hacer cuestas, sufrir viento en contra, correr con agua hasta los tobillos o llevar "paracaídas", todos estos entrenamientos buscan lo mismo, desarrollar cierta fuerza específica. La ventaja del arrastre de neumático es que es mucho más sencillo de hacer para la mayoría.

La desventaja, es que es un coñazo ir con fricción extra, no permite relajarte casi nada y es tirando a duro (dependiendo de la resistencia, obviamente), pero a ver si los entrenamientos que simula son mucho mejores... Otra desventaja es que quien te vea flipará, mucho, sus pensamientos se alternarán entre 'qué hace este tío' y 'este es gilipollas'.

Dado que es una herramienta más, solo explicaré lo que considero es la base, pero las aplicaciones y la personalización te las tienes que buscar tú o tu entrenador.

Material básico

En este país en el que pagas un impuesto al taller para que reciclen los neumáticos y algunos bastardos no los reciclan y tiran por ahí, es muy sencillo encontrar por el campo neumáticos usados, de muchos tipos y tamaños, con lo que podrás tener una gama de resistencias como desees. Puedes ir desde moto hasta tractor (es un decir), solo tienes que probar y buscar la resistencia que quieras tener para correr o andar. No te recomiendo una gran resistencia para empezar porque cambia el gesto, el centro de gravedad y demás, y como te pases ni podrás correr, pero eso solo te lo dará tu experiencia y probar en tu terreno, porque los resultados de uno no son extrapolables, porque no solo dependen del neumático (diámetro, perfil, peso), sino también del suelo, es muy variable el asfalto, cemento, grava, tierra o la arena suelta, al igual que el desnivel. Así que, no hay regla tipo, cada uno que pruebe y encuentre lo que mejor le va a su entrenamiento.

Lo siguiente es el sistema de arrastre, necesitas una cuerda de escalada (nada especial, y mejor estática, con 8 mm vas sobrado), y aunque puedes hacer un nudo cada vez, si te compras un par de mosquetones (lo más barato que encuentres), mejor. Recomiendo tirar de cadera más que de cintura por ser más estable y porque la tripa (cintura) tiene partes blandas, y la cadera es dura, hueso. Para arrastrar puedes hacerlo con una simple riñonera si la tracción no es excesiva, y no te recomiendo una hiperligera de correr, no están hechas para eso, se pueden romper y no son baratas. Yo usé una antigua, muy resistente, pero una de promoción de esas fiestas patrocinadas por alcoholeras te podrían servir siempre que aguanten (sufren lo suyo) y estén algo acolchadas. Evidentemente, cuidado con posibles rozaduras. La otra posibilidad es una mochila, mejor en el caso de que haya una alta fricción porque tiras también de hombros y arqueas menos el tronco. De nuevo, no uses una buena de correr porque es bastante probable que te la cargues.


Lo siguiente es anclar una cosa a otra. La forma más sencilla y resistente es, una vez localizado el neumático, llevarte una navaja en la riñonera; hacerle un agujero en la mitad de la banda de rodadura; meter, en este orden de fuera adentro, cáncamo, arandela, neumático, arandela, tuerca; apretar con la llave que también te habrás llevado, y listo. Como la cuerda es más barata que el mosquetón, y no me gustan los ruiditos, creo que lo mejor es llevar un trozo de cuerda y hacerle un nudo al cáncamo y no anclar directamente este al mosquetón. Y ya está, no necesitas más. Anclas el mosquetón de la cuerda de arrastre al trozo de cuerda del neumático, y el otro extremo de la cuerda con su mosquetón a la riñonera o mochila, y a tirar.


¿Y qué hago con el neumático? Pues o te lo llevas a casa (si tienes sitio para dejarlo) o lo puedes dejar en algún sitio que te pille a 20' de casa -por aquello del calentamiento y enfriamiento-, escondido y que no moleste a nadie. Y, por supuesto, cuando acabes la temporada, a reciclar, y aportas tu granito de arena.

Terreno

Independientemente del neumático que uses, los desniveles se hacen duros arrastrando neumático porque le añaden varios grados de pendiente al tema. Mi consejo es que busques una zona llana o de suaves ondulaciones a poco que el neumático te frene bien. Otro consejo es que no tengan muchas roderas o mucho bombeo (inclinación transversal) porque si no lo llevas de lado, tú puedes ir por una huella de coche y el neumático en la otra. El mejor terreno en mi opinión son esos caminos de concentración parcelaria arreglados, compactos y con algunas piedrecillas encima, desliza bien y sobre todo uniformemente, porque lo verdaderamente coñazo es que el neumático vaya botando, fruto del doble movimiento alternativo de correr (adelante-atrás, arriba-abajo). Por eso, si es muy molesto, quizá puedas o debas ponerle un plástico duro bajo el neumático, para que deslice mejor y uniformice el desplazamiento pegándote menos tirones. Andando se nota mucho menos porque apenas existe movimiento vertical.

Otros terrenos pueden ser: asfalto, mucha fricción para correr... es que los neumáticos están hecho para eso, pero si está húmedo puede ir muy bien; hormigón, mucha fricción e irregular; arena de playa/río, infierno; nieve, vas haciendo quitanieves, peor que infierno; barro, fricción muy variable; piedras, puede pegar saltos en bajada, que se ponga de canto y te atropelle.

Usos

Aparte del comentado de simular un tipo de terreno y uso muy particular, las clave está en que, como decía, es un entrenamiento de fuerza-resistencia pero que se puede desarrollar en el tiempo, es decir, puede servir para simular condiciones donde necesites fuerza. Como el desnivel positivo. Y ahí es donde le he visto el truco. Carga tríceps sural e isquiotibiales al principio, los músculos que más se usan subiendo, lo que es "buena señal" si pretendes entrenar eso, pero sobre todo, a diferencia del entrenamiento de cuestas normal, puedes hacer segundos, minutos, horas, lo que te apetezca, sin limitación de dónde vivas, porque al final el 99 % de la gente que entrena para carreras de montaña no vive en montaña y por las limitaciones que todos tenemos, no solemos poder escaparnos a la montaña cuando quisiéramos. Lógicamente no es lo mismo que subir, pero no es tan diferente y trabaja grupos musculares análogos, así que puede ser una forma de asimilar un tipo de entrenamiento que es conveniente hacer (cuestas largas) y que quizá no tengas terreno para hacerlo o tiempo para desplazarte donde las hay.
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