0-Fuji-0 (2): subida

jueves, 24 de septiembre de 2026

0-Fuji-0 (1): ruta y cómo

0-Fuji-0 (2): subida

0-Fuji-0 (y 3): bajada


Necesitaba recuperar el tremendo jet lag agravado por el coño de hora que tienen allí: en verano amanece a las 04h00, anochece a las 19h00 (¡en verano!). España tiene la hora mal, claramente, pero Japón no anda mucho mejor. Es decir, no son siete horas de diferencia, son al menos nueve. Teniendo en cuenta que unos días antes estaba cinco horas para el otro lado llegué ciertamente sonado del cambio horario. Aunque esto no sería la peor. Tampoco las cinco horas de retraso que ahora estoy peleando con la compañía aérea (que sí, que monté en un A380 pero que más de cinco horas como que no).

No sabía que Japón era tan caluroso. Y húmedo. Pero mucho mucho de ambos. Tuvimos la gran fortuna de pillar una de las peores olas de calor con más ingresos en hospitales por golpe de calor que se recuerda. Yupi. Y pasa tú cienes de horas en la calle de turismo. El desgaste fue serio. La verdad es que no llevo bien la humedad y allí era brutal, y me hizo dudar bastante no de que fuera capaz yo de hacerlo, sino de que fuera posible en esas condiciones.

Cuando nos movimos a una zona más cercana a Fuji, península de Izu, me lo planteé de nuevo, o lo hacía ya o no lo hacía. Un buen día decidí que sí, el viernes que viene, 24 de julio, para evitar el fin de semana que quizá tuviera más gente. Ja. Ese buen día era un miércoles, cuando pensé que era martes, así que deprisa y corriendo alquilé un coche, hicimos un último día de turismo y fijé la hora. De aquella manera lo de fijar. Quería hacer lo más posible del primer tramo, de ciudad, carretera y asfalto, de noche para (intentar) llegar con las primeras luces a la parte de montaña y así dejarme todo el margen posible de día. Sin siquiera hacer someros cálculos podría ir justo de horas diurnas así que cuanto antes saliera mejor. Pero con esa hora de amanecer hay que madrugar muuuucho. Tanto como la medianoche. Qué locura. Qué necesidad.

Preparativos (realmente había venido de España con la mochila ya casi preparada en caso de que corriera en Fuji) y tratando de descansar lo más posible no fui capaz de irme a dormir antes de las 21h30 y tardaría más de media hora en conseguir dormirme porque ciertas personajas estaban dando vueltas (/por culo). Aún así considero un hito haber sido capaz de dormir a esas horas y haber descansando razonablemente bien esas dos horas. Con qué poco me conformo.

Día D, hora H

Con dos horas de sueño te levantas sonado sí o sí. Desayuné lo que pillé, preparativos finales a la velocidad de una tortuga y a por el coche. Estaba a una hora de la ciudad de Fuji (no sé si ellos lo consideran ciudad o pueblo pero éstos son tan tan extensos que todo el país es casi una ciudad), no por los kilómetros sino porque es lentísimo conducir en Japón. Les sacamos bastante en carreteras, es todo lento, peajes mil, casi todas las carreteras de un único sentido, y se conduce muy pausadamente, esto es lo único bueno. Y encima era el segundo día que conducía por el lado contrario, lo cual tiene su aquel (saludo a ese retrovisor que se plegó un día que no voy a decir cuál por si esto lo leen los del seguro: primera vez que contrato un seguro, primera vez que lo utilizo).

Exasperadamente lento llegué al destino. "El destino" mejor dicho, porque no tenía claro desde dónde salir y por qué orificio de mi cuerpo me iba a meter el coche, lo que no me daba mucha tranquilidad. La noche antes vi un pequeño cementerio donde la foto satelital indicaba que había coches aparcados. No coincidía con los tracks que iba a seguir con lo que me tendría que inventar ese tramo a ojo.

Por fin llegué allí, noche cerradísima, veo el sitio y pienso que quizá lo pueda dejar, pero cuando me lo estoy pensando llega un coche y le pregunto, en mi japonés que era parecido al inglés del colega. Era un pescador (¿realmente es necesario ir a pescar a las dos de la mañana, por diosito bendito?) y me indicó un sitio mejor donde dejarlo. Tenía que dejarlo casi un día y sólo imaginar volver al coche y que no estuviera en un país donde comunicarse no es sencillo, no sabes dónde puede estar el depósito de vehículos si se lo lleva una grúa o cómo siquiera hacer el trámite para que te lo devuelvan, no era muy tranquilizador. Pero bueno, no hemos venido a pensar, hemos venido a correr.

Cojo mochila, ato zapatillas, busco un sitio donde llegar al mar, una pequeña rampa para meter barcos en el agua y ya está. Estoy aquí, voy a intentarlo. Creo que no lo volvería hacer en las condiciones en las que lo hice pero eso no lo sabía en ese momento. Cargué track, llevaba mapa descargado, me acerqué al agua. Botón de Inicio. Vamos.

21 km para cansarse

Como dije, los primeros 21 km de ida son para cansarse, los de vuelta supongo que para arrepentirse. Fuera del track en estos kilómetros iniciales por el lugar de salida tendría que hacer varios kilómetros a sentimiento por carreteras, polígonos industriales y ciudad, a sentimiento, forma fina de decir a puñetero ojo. Ayudado por el mapa del reloj que obviamente no es milagroso y no distingue una propieda privada de una pública, por ejemplo. Fui razonablemente directo pero hice de más comparado con el track: sin problema, me da lo mismo con lo que tengo que por delante. Lo que me parecieron refinerías, empresas de tratamiento de pescado, naves industriales; bastante silencio, noche cerrada, apenas un coche por aquí y allá, ni una persona. Primera acera de ciudad, correr un tanto pesado. Desde que salí noté que la mochila pesaba en exceso, ese peso que te hace bajar el culo y arrastrar (aún más) los pies. El motivo era cuatro soft flasks y una bolsa de hidratación pequeña, 3,6 litros de agua, lo que en peso sumando el continente son 4 kg sólo en líquidos. Y aún así sabía que era justísimo para un esfuerzo de ¿quince horas? con calor y humedad. Salí a la asombrosa temperatura de 30 ºC a las 02h30, con una humedad altísima. Suponía que subiría al mismo ritmo al que iría subiendo la temperatura cuando amaneciera y que la humedad en altitud debería de bajar. La vuelta podría ser un drama porque se produciría el fenómeno contrario.

La ciudad tras un buen rato dio paso a casas bajas más dispersas, periferia, y finalmente carreteras pequeñas. Pasé por numerosos supermercados, la mayoría de horario 24 horas, donde los más numerosos y mejores son Family Mart, seguido de 7-Eleven (que si no me equivoco ya la empresa y marca son propiedad japonesa, la que fuera la licenciataria en el mercado nipón) y Lawson's. Por el cómo quería hacerlo los pasé de largo. Iba también economizando mucha agua y energía. En un muy mesurado cálculo nutricional llevaba el equivalente a dos soft flask con doble carga de hidratos y unos tres o cuatro geles. No sé si llegaba a 1000 kcal para un esfuerzo de ¿quince horas? Ejem.

Bella vista de la aproximación al monte Fuji donde se puede apreciar la tonalidad de la vegetación en contraste con el oscuro marrón volcánico de la ladera de la montaña.

Pasado un rato noté que un soft flask perdía agua. Iba tan empapado de la salvaje humedad que no me percaté hasta que casi se me había vaciado la mitad. Además era el de potingue con lo que pasé el resto del día con medio pantalón, pierna y camiseta pegajoso y acartonado. Aparte de que de calorías no iba sobrado tampoco lo hacía de agua y había perdido una sexta parte aproximadamente. Empezamos bien.

Curiosamente adelanté a dos tipos que intuí que iban a hacer lo mismo pero andando, iban sin ninguna luz, en total oscuridad, por el mínimo arcén (derecho, el que toca allí), en total silencio. En una carretera local con fuertes rampas se me fue haciendo de día. Iba tarde, salí tarde, debería de hacerse de día ya casi entrando en el bosque y me quedaba. No me preocupó. Prácticamente todo corriendo, alejado de la civilización, fui acercándome al momento en el que abandonaría el asfalto. En un cartel vi que la altitud eran 950 m, lo cual me sorprendió porque en mi muy meticulosa preparación pensé que este tramo de 21 km de asfalto sólo se ascendían 500 metros. Pues mejor. Desde luego los buenos rampones así me lo hicieron sospechar pero en ningún momento miré tiempo, distancia o desnivel, ni un solo segundo me preocupé de eso. 

Pequeña alegría: cuando pensé que el tramo de asfalto subiría 500 m descubro que llevo 950. Bien por mi ignorancia.

Gun trap

En la única bajada de todo la subida, ¿150 metros quizá?, ¿bajando 15 metros con suerte?, relajé piernas, se acercaba el momento de salir del asfalto, por una carretera que creo que accede a la base del Fuji para los turistas normales, pero con nulo tráfico. Y llegó el momento, adiós carretera, ya estaba harto, pero había ido todo bien, tocaba el monte. 90º a la derecha. Y hay un cartel en perfecto japonés; bueno, tenía un poco en inglés. Danger - Do Not Enter. A ver, no seamos talibanes, Do Not Enter se puede interpretar de muchas maneras, "no se recomienda", "no deberías", "yo que tú no entraría", "quizá no deberías entrar" o "prohibido entrar". Usando el comodín del guiri y el del "ya que estamos aquí" se pueden hacer muchas cosas, y si me metí en propiedades privadas varias veces en el país de los Winchester y las recortadas, esta gente que es muy pacífica no creo que sea un problema. Pero lo de Danger me generaba alguna duda más. Y lo de Gun Trap aún mucho más.

Danger Do Not Enter - Gun Trap. Traducido desde la comodidad de casa.


Saco el móvil, apunto al cartel, le doy a que traduzca y no funciona. Vaya. Caramba. Córcholis. Quizá no haya buena cobertura, cruzo la carretera, cielo más despejado, el caso es que sí parece que hay cobertura. Joder, no va. No pasa nada, tengo el japonés descargado para usar sin internet. Me cago en sus muertos, no funciona. Me siento en una piedra. Qué puede ser. En mi pobre inglés Gun Trap es una trampa con armas, puede ser para espantar animales, para cazarlos, para confinarlos en una zona o hacer un control poblacional. Pero lo preocupante es que es automático, sin intervención humana y habla de armas. Que no seré yo quien se fíe precisamente de cazadores pero al menos son humanos, pero que una célula fotoeléctrica active un arma o lo que sea es otro nivel. Era preocupante. Cuán preocupante. No lo sabía. Sigo intentando traducir lo que está en japonés, intento meter los caracteres a mano, no funciona nada. Me cago en su santísima puta madre, ¿me tiene que fallar ahora cuando tengo necesidad real de una traducción? Me planteo darme la vuelta. 

Escribo a un amigo que no sé qué cojones hace despierto, no sé ni qué hora es en Españita y me da lo mismo. Se lo toma a coña. Le digo que no, que me traduzca literalmente para saber si la señal aplica o ha caducado, porque venía una fecha. No me saca de dudas con lo que me queda claro que no debo cruzar. He visto ya varios carteles para osos y si son armas para osos no son pequeñas porque a un oso no lo matas con un petardo precisamente. Japón tiene muchos osos y en algunos lugares está la cosa desmadrada, la gente no puede hacer montaña, se suspenden carreras, llegan a las casas y ha habido ataques. En un país tan densamente poblado es un problema muy serio porque eso es que han cogido confianza. Nunca me planteé ignorar la señal con lo que aquí se acababa todo.

Hacer una maratón de asfalto, porque me tocaban 21 km de vuelta, con el rabo entre las piernas me jodía, pero seguro no iba a cruzar por ahí. Miré en Google si podía distinguir un camino cerca pero la densidad del bosque lo impedía. La foto aérea era completamente inútil y no había cerca ningún camino de entidad para verse en la versión mapa, no en la foto. Por casi un azar, gracias a quien le compete, estrenaba en retos un nuevo reloj, Suunto Vertical o algo así. No lo manejaba demasiado porque llevaba usándolo un par de semanas pero sí descargué los mapas (obviamente llevaba mi antiguo Fénix 5 en la mochila, la batería no me duraría ni de coña, también es cierto). Y me puse a ver posibles opciones. Justo del mismo punto del que salía el sendero del track y donde estaba el cartel salía otro sendero apenas visible que se cortaba poco más allá. De perdidos al río. Veo ahora que había perdido media hora en todo este proceso, nada comparado con darme la vuelta.

En rojo, sendero aproximado por donde tenía que ir; en azul por donde fui, también conocido, por lo que sea, como Sendero de perdidos al río.

Tiré por ese mínimo sendero, apenas visible hasta un pequeño altar. Y ya. Pero con el mapa podía ir surfeando otro poco más, campo a través. Tenía un riesgo la cosa: fuera de caminos no habría carteles ya, como es obvio, es decir, si entraba en la zona prohibida de las trampas con armas automáticas estaba jodido. Pero sin escorarme a la derecha quizá podría llegar a un camino que veía al norte. Fui literalmente inventándome el camino, intuí un apenas perceptible sendero ¿de una moto de enduro?, avancé con los sentidos muy alerta y llegué a una pista. No volví a ver carteles amenazantes y no sé ni sabré si me metí en zona peligrosa, creo que no, pero fue intensito el tema.

Bosque

Ya más tranquilo por no ser tiroteado me adentré en un bosque denso, bonito, húmedo. También era la zona donde podría encontrar osos y no llevaba cascabel, olvido-dejadez mía, con lo que seguía muy alerta. Los osos no suelen atacar pero lo primero es saber si hay por tu zona, cuántos y qué hacer. Encontré una interesante web donde se reportan avistamientos de osos, densidad de los mismos, cuáles son, qué hacer para evitar un encuentro y cómo defenderse en caso de que la cosa se complique. Ya digo que no llevé cascabel, tampoco espray, y sólo se me ocurrió ponerme música para ir haciendo un poco de ruido, porque uno de los problemas es asustar al bicho que es una de las principales razones por las que te puede atacar. Así pasé las siguientes horas (y las de vuelta), escuchando temazos, Pearl Jam, Iván Ferreiro, Radiohead, Muse, Sia, Silverchair, Bush, Mariana's Trench, System of a Down y muchos más.
Altarcito budista. Digo yo.

Pasado un buen rato oculté un soft lleno y el que estaba perdiendo al que le quedaba poco de potingue para recoger a la vuelta. Aligeré algo de peso pero me dejaba sin menos agua en caso de necesidad. Un serio problema es que sin esperar necesariamente depender de arroyos pero pensando usarlos para beber o bajar temperatura no encontré ni uno, pero ni uno, ni un charco, barro, nada, absolutamente nada. Absolutamente cero unidades de gotas de agua. Y me sorprende, porque aquí hay nieve en la cima hasta anteayer, de hecho vi un pequeño nevero aún, cuando deshiele tiene que haber mucha mucha agua, pero entiendo que el terreno lo filtra todo al ser volcánico. Quizá pudiendo usar arroyos habría ido la cosa un poco mejor pero cero patatero.

De vez en cuando se ve algún vestigio humano. Ojo a la cara de cabreo que gasta el colega. Otro que esperaba algún riachuelo en el que refrescarse y no lo encontró.

El largo camino del bosque era enrevesado, a veces no se veía bien, nada transitado, con muchos troncos caídos, muy lento y que se ponía más y más empinado. Había unas cintas rosas en los árboles que se veía muy bien pero a veces estaban caídas, no fue un problema la orientación pero había que estar atento. Por supuesto muy húmedo y algo caluroso pero no excesivamente. Quizá por la falta de calor no era consciente de lo mucho que estaba sudando, que era debido a la humedad. Seguía economizando agua y comida de una forma extrema.


Ejemplo de sendero de Caperucita para subir al Fuji.

Da la casualidad de que justo cuando escondía los soft flasks vi las únicas personas en todo este tramo, acababan de parar el coche e iban a dar un paseo y justo cuando acababa este sendero varias horas después vi a la única persona que parecía iba a algo más que un paseo. Eso son tres horas de absoluta soledad más otras tantas a la vuelta donde no vi absolutamente a nadie. Sumo otras cuatro horas de asfalto donde no vi tampoco a ningún ser humano. No me preocupa ir solo, puede preocupar algo que pase algo en un lugar donde no pasa nadie pero hay que pensar en positivo, ¿no? Se hizo durillo el sendero porque cada vez se ponía más pendiente, hasta unos límites que mis zapatillas casi no agarraban, pero se hizo sin gran problema. Y, de repente, al salir de unos arbustos, veo ¿la cima? o al menos una construcción muy muy arriba, estaba casi en el sendero de subida normal y se acababa la soledad. Veo ahora que llevaba 6h40'.

¿Primera vista de la cima? Puede ser. Estaba aún muuuy lejos. Empezaba a estar cansado pero, recuerda amiguito, todo puede ir a peor.

Justo a 30 metros de coger el camino normal de ascensión veo un bulto negro, eran una polainas. Hacía cinco minutos que había visto a la única persona en este tramo y quizá fueran suyas. Eran unas polainas Salomon, y me las cogí. Llevaba yo unas porque sé que el terreno volcánico puede ser muy arenoso y molesto, no es el primer volcán que subo.

Tras la noche y asfalto, más de tres horas, media hora tratando de decidir qué hacer con mi vida, otras tres horas de bosque, se acaba totalmente la vegetación, pasando de un verde casi fosforescente a un bonito marrón oscuro, de ir completamente solo a estar literalmente rodeado de cientos y cientos de personas. De no ver una construcción y casi signo humano en horas a una refugio de montaña. Un shock importante.

El camino normal de ascensión por esta cara empieza algo antes, hay un paso por el que creo que se cobra una tasa desde este año o el pasado, pero como yo entré "a las bravas" en la ascensión no pagué. No tengo problema, más inquietud me generaría que hubiera cupo limitado pero creo que no es el caso. El caso es que no podía pagarlo porque no pasé por la puerta normal.

"Asustado" como estaba de ver a gente me salté el primer refugio sin miramientos, empezaba la subida de verdad, no me había encontrado especialmente fuerte pero ahora es donde se iba a poner la cosa seria.

La subida de verdad

Algo menos de 1500 metros de subida muy directa, en unos cinco kilómetros, de terreno arenoso, mucha roca volcánica, numerosos refugios donde descansar o avituallarse, un final intenso y exigente de mi larga subida; no es cuestión de compararse pero la gente llevaría quizá 20 minutos de marcha y yo ya iba en la séptima hora. Desde el primer paso en este tramo final, la subida al Fuji propiamente dicha, me di cuenta de que algo pasaba, no iba, no iba nada. Llevo ya un buen esfuerzo, vale, la pendiente es fuerte, ooookay, pero he avanzado 100 metros y ya voy justo, algo pasa. Aún no sé qué pasó pero sí sé que ese no era yo y que fue uno de los peores rendimientos de mi vida deportiva.

Agonicé durante más de tres horas en este tramo, donde no podía con mi alma, me vacié una barbaridad para un ritmo absolutamente lamentable. Apenas pensaba, apenas hacía otra cosa que poner un pie delante del otro con desesperante lentitud, totalmente vacío de energía. Llegué a sentir ligero mareo, llegué a tener que parar cada 100 metros teniendo que apoyarme en los bastones como esas imágenes del Everest donde la peña literalmente respira profusamente para salvar su vida. Yo estaba en esos momentos a poco más de 3000 metros, no 8000. Qué cojones me pasaba. Ya digo que no lo sé pero tengo alguna idea.

Aún un poquito de verde. Pronto desaparecería y sería todo arena y piedra volcánica. Vistas hacia el océano Pacífico donde se aprecian claramente las islas del archipiélago de Hawaii y si pones los ojos así puedes llegar a ver el puente colgante de San Francisco.

La altitud. A ver, 3700 metros están bien, pero hace muchos años corrí una maratón a 4500 sin ningún problema aunque sé que no tengo esa edad. A 2500 subo con frecuencia y voy cantando y bailando. A 3000 debería ir sobradísimo, puedo entender a 3700 ir algo apretado pero no así, tan tan tan mal.

No sé si comí dos geles en toda la subida. Diez horas. A ver, iba algo justito de hidratos y kilocalorías, lo sé, pero no sé si para semejante petada. Me despollo de los de 90 g de hidratos a la hora, ja ja ja, qué graciosos. O 60, o 30. O 12 gramos/hora. Sí, lo hice mal, mucho, pero aún así la petada es progresiva. A ver, que me llevo una galleta María por hora en montaña. Sobre pasar hambre y petar por ello pocos me dan lecciones. ¡Y orgulloso que estoy!

Temperatura y humedad. No sentía calor, sólo las primeras horas en las llanuras, digamos. Lo mismo se puede decir de la humedad, mucho menos que de turismo o correteando por Tokio donde era impresionante lo pronto que sudaba y en qué cantidad (para 30 putos minutos). Es casi imposible beber para recuperar eso. Pero aunque ahora veo algún vídeo donde se ve la camiseta empapada tras varias horas de esfuerzo, es evidente que estaba sudando mucho más de lo que era consciente. Hacía mucho más calor y humedad de lo que me imaginaba. Eché un vistazo rápido a una previsión el día anterior y decía que 5 ºC en la cima (¡a 3700 metros, tú!), pero la realidad es que no haría menos de 20 cuando llegué. Es decir, siempre hizo calorcete. Me parece increíble que pueda hacer esa temperatura en una altitud tan importante, si haces las cuentan al revés a nivel del mar debería de hacer 60 ºC usando inversamente la regla de 0,9 ºC por cada 100 metros ascendidos.

Ya me jodería estar ahí abajo cuando estamos subiendo. Sendero tipo camino de la cima del Fuji, arena, pedruscos y fuerte pendiente. También muchas muchas almas en pena.

Y de lo anterior, deshidratación. Y aquí es donde me cuadra más la cosa. En algunos momentos me sentí seco, ya digo que iba ahorrando al máximo porque sabía que estaba muy muy cerca de mi límite —casi del "límite humano"—, hacer semejante esfuerzo en esas condiciones con 3,6 litros (y perdiendo casi un soft) es ir muy muy al límite. Si le sumas el calor de las primeras horas sobre todo, la altitud y sobre todo la humedad me cuadra que el problema fuera una deshidratación muy severa. He comentado algo de ligero mareo y creo que me cuadra más por deshidratación que por altitud. 

Y aquí viene el problema. ¿Se podía hacer esto en estas condiciones? Es decir, ¿se puede hacer semejante esfuerzo y ruta, en esas condiciones de humedad y temperatura en autosuficiencia sin una tráiler de agua? Digo si se puede, no si yo puedo hacerlo. Porque si lo pienso no fallé por medio litro, el soft flask que se me pinchó. No, es que para rendir razonablemente hubiera necesitado diez litros más de agua, yo, que soy un puto camello. Y sólo para beber, nada de echarse encima para bajar temperatura. He corrido una maratón entrenando con 100 ml, sospecho que apretando los riñones podría, en condiciones óptimas, hacer 100 km con un litro de agua, pero aquí estaba muy muy lejos de poder rendir con el agua que llevaba, era imposible para mí, muy muy difícil para el ser humano. Parafraseando a Neil Armstrong.

Estoy razonablemente convencido de que fue una deshidratación lo que me hizo ir tan tan lento, es cierto que ni tenía muchas opciones, en un mundo ideal podría haber escondido botellas, haber tenido asistencia, ¡haberlo hecho en otra época del año!, no tomar una nutrición que creo que me deshidrata, ¡haber comprado puta agua en los refugios!, no sé, son muchas cosas. Pero me empeñé, cabezón que es uno, de que la autosuficiencia era la única forma que podía en ese momento, en ese lugar, en esas condiciones. Era así o no podía ser de otra manera. Y lo pagué. Lo pagué con uno de los peores rendimientos de mi vida, y ya peino canas, que ponerlo tan arriba en la lista de petadas hasta a mí me sorprende. No considero que estuve en riesgo real de algo mayor pero soy consciente de que quizá no jugué con fuego pero sin con una cerilla en una gasolinera.

El día estaba nublado al final del bosque, pero cuando crucé las nubes perdiéndome espectaculares vistas, todo fue Sol y más Sol; el terreno es bonito, personalmente me encantan los volcanes; es duro, muchos escalones, que me sientan como el culo; había mucha gente que en la subida me ralentizaron algo y conseguí dejar a cero el contador de ser adelantado, y pasé a muchísima gente; fue un esfuerzo extraordinario que posiblemente tuvo momentos de un poco de riesgo por la incertidumbre. Pero llegué. No estoy demasiado orgulloso. Ni siquiera subí a un minipico que hay ligerísimamente más alto, ya me la sudaba todo. Llegué echando los higadillos. 

El selfi de la vergüenza. A ver, que sí llegué arriba pero dando mucha pena.

Ahora veo que estuve casi media hora en la cima. Viendo a almas en pena subir, sentado, poniéndome las polainas para la bajada. Muy muy desanimado y sin comprender la situación. Un chaval local se me puso a hablar, estuvimos un rato charlando, muy majete, cuando le dije que venía de la costa flipó. Tendría unos 15-16 años, no es que sea una proeza subir 1500 metros coronando a 3700 pero casi flipaba yo más. Ahí fui cuando miré el reloj y vi que me había llevado diez horas. Madre del amor hermoso. Cuándo voy a acabar esto. No eché ni el cálculo de la hora pero era tardísimo ya. Nunca me hubiera imaginado tardar tanto. Y quizá lo peor no había llegado, aunque lo desconocía. Hice pereza, vi un helicóptero hacer una pasada a baja altura, creo que iban a por alguien, y con poca gana me dispuse a bajar.
s

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno la altura tb provoca deshidratación, es muy caprichosa, puede estar a más de 3000 20 veces y no afectarte que la 21 te pega, la falta de sueño, el estrés, el clima, tb influye, pero a ver, cuenta como fue la bajada que me tienes intrigado Joe, quiero saber cómo lograstes sobrevivir jeje

ser13gio dijo...

Sí, creo que se juntó todo y todo restó. Creo que también esa altitud me pudo resecar aún más mi reseco cuerpo ese día. En fin, un desastre.

Fue una mierdísima la bajada, así en resumen.

Un saludo,
s

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