Vídeo: Lavaredo Ultratrail 2009

martes, 22 de diciembre de 2009

+: Lavaredo Ultratrail
Vídeo: YouTube - Canal 'RN07YT'
Vía: TrailRunningSoul

Kilian a la Western States

lunes, 21 de diciembre de 2009

Lo sabía desde hace más de mes y medio, pero no debía publicarlo porque si no revelaría mis fuentes. He perdido una exclusiva mundial, pero bueno, ya es un secreto a voces y él lo ha dicho públicamente: aunque se ha hablado también de la Hardrock 100, el gran objetivo competitivo de Kilian para 2010 será la mítica Western States. De hecho, ya aparece en la lista de inscritos desde hace un par de semanas.

Aunque los Estados Unidos no tienen una carrera que haga de faro como aquí con el Ultra-Trail du Mont Blanc, existe un "grupo de cabeza" compuesto por Leadville, Wasatch, Western, Hardrock, Mountain Masochist, Miwok o Vermont, y entre éstas, la Western siempre ha estado un paso ligeramente por delante, no por mucho, pero sí da bastante caché ganarla para los pros o simplemente correrla para los amateurs, porque se participa por sorteo y concurren unas 2000 personas para 400 plazas como mucho.

Por los States ya están afilando los cuchillos, y está hablándose de una participación de lujo, con gente como Geoff Roes, ganador de Wasatch este año y de otras muchas, o Hal Kroener, vencedor de Western 100 2009. Hal, por cierto, deja Patagonia y ficha por The North Face... ¿alguien cree que no estará en el UTMB 2010? El japo Kaburaki, tercero en Western y en UTMB, está también confirmado.

Los yankees creen que no sólo puede ganar la prueba, sino que podría incluso bajar de las 15 horas; récord de Scott Jurek, 2004: 15h36'27". ¿Y Scott en casa? El año pasado abandonó y dijo que volvería... se empieza a caldear el ambiente...

© Sergio Fernández - http://ser13gio.blogspot.com

+s13 2009: Previo Western States 100: Marco, Benoît y los yankees, Hal Koerner gana la Western States 2009, Vídeo de la Western States 100 2009

+s13 2008: Cancelada la Western States

¿Off-Topic del año?

sábado, 19 de diciembre de 2009

Preciosísima ejecución de una idea genial. Me ha encantado. Clic en la foto.

Trans 333 - Tres días (7): huele a meta

martes, 15 de diciembre de 2009

Nos amanece sobre dunas; si no fuera porque aún tenemos cierto poso de cabreo por habernos quedado dormidos, las deberíamos estar disfrutando; visto de otra manera, quizá el no pensar en nuestro estado físico nos ha hecho poder vadearlas a buen ritmo sin notar cansancio. A unos diez kilómetros en línea recta desde el CP14 está Mhamid, nuestra meta, pero nos han hecho desviarnos, casi yendo en sentido contrario; este tipo de desvíos para sacar kilómetros o desnivel me suelen cabrear porque son ilógicos, y menos tan cerca de meta. Pero es así, no le demos más vueltas. Tenemos que pasar por el primer control y volver por donde iniciamos la carrera hace tres días; pero el primer control ya no está puesto y dudamos si hacer un ‘pico’ o tirar rectos al CP15. No tiramos recto porque existe la posibilidad de que haya un “control fantasma”, es decir, alguna forma de comprobar que has pasado por ahí, como una libreta donde tengas que escribir tu nombre, así que por no ganarnos una cuantiosa penalización, vamos hasta el mismo ‘ex-CP1’, que se corresponde con un pozo, vemos que no hay nada para comprobar que hemos pasado realmente por aquí, y ya sí, tiramos rumbo al último control. Días después nos hemos enterado de que un corredor se saltó este punto (cuando era obligatorio) y ganó una plaza. ¿Deberíamos ser sextos?

Miramos hacia atrás para ver si vienen nuestros perseguidores, esos que nos despertaron de mala manera en el CP13, mientras dormíamos plácidamente. No hay rastro de ellos. Todo lo contrario, al cruzarnos con los cámaras y el organizador nos dicen que tenemos a Florence, primera mujer, bastante cerca. Paramos un par de ratos a hablar con ellos, y menos mal que no nos cruzamos con más gente o hubiésemos perdido aún más tiempo, todo sea por no seguir avanzando. Por las fotos parece que venimos de la guerra. Algo parecido. Mucho después divisamos lo que parece ser el CP15. Hace más de tres días, fuertes, risueños y bien comidos, pasábamos por aquí rumbo a la aventura. Estamos de vuelta, tocados pero no hundidos, tras tres jornadas (casi) ininterrumpidas de desierto, con otras fuerzas y otra mentalidad, mucho más cansados y doloridos, pero sabiendo que hemos pasado tres intensos días de arena, frío y penalidades, de experiencias únicas en la vida de un deportista y de una persona; suena pretencioso, pero no tengo duda de que somos mejores en todo tras estos tres días, vivir en el filo de la navaja, aunque sea un rato, te hace verlo todo con otra perspectiva, empezando por uno mismo; no es un cambio radical, por supuesto, son sólo leves matices, suficientes para que haya compensado todo el esfuerzo de los últimos meses.

Con ropa veraniega de nuevo, partimos hacia los kilómetros finales, de dunas y arena, pero que siguiendo las huellas de coche que ahora vemos nos ahorran las dunas que sí cruzamos al comenzar la carrera. Nadie por detrás, quiero tranquilidad y no picarme por ningún puesto estúpido. Un cachondeo final, un pueblo que se acerca, una confusión por las calles –y mira que son cuatro-; cruzamos el cauce seco del Draa, y meta. Nadie nos espera, pero no lo echo de menos. No me siento especialmente contento pero sí satisfecho; tampoco llegas a la meta en un segundo, es algo que llevas rumiando horas y horas. Lo hemos hecho. Hay que desearlo mucho, si no es imposible pegarte semejante paliza; sí, lo hemos deseado lo suficiente: tenemos el derecho de una larga ducha, una buena comida y una siesta como se merece.

Hemos llegado; ni me lo creo aún.

Una chaqueta (casi) única en España; un buen dolor de pies y rodillas; un recorrido que me dolerá borrar del GPS; unas pocos fotos y recuerdos; un amigo para siempre. Trans 333 Maroc 2009.
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Trans 333 - Tres días (6): la dura última noche

Estamos en la tercera noche, no creemos sensato ni razonable intentar hacerla del tirón sin dormir; recuerdo, cinco minutos dormidos (y ni siquiera sé si dormimos) en más de 60 horas. Creo que era obvio que nos debíamos acostar un poco. Avisamos a una enfermera de que nos levantase en quince minutos, nos tapamos con las mantas lo mejor que supimos y nos relajamos. Benditos quince minutos.

Creo que sí dormí, aunque no pondría la mano en el fuego, pero desde luego que descansé. Zapatillas a los pies, mochila a la chepa, otras cinco horas de noche hasta el próximo control, el que sería el penúltimo.

Al poco de salir probamos a ver si hay cobertura, nos vamos acercando a Mhamid, de donde partimos hace casi tres días y es posible que algo tengamos. ¡Bingo! Podemos hablar un par de minutos y nos recompone el ánimo. Aunque esté de nuevo tiritando de frío esta vez me importa menos, dos minutos de cierta voz me dan bastante más calor que la camiseta térmica y las dos chaquetas que llevo puestas. Nos quedan unos cincuenta kilómetros, es la primera vez que pienso realmente que vamos a llegar.

Pero aquí nadie regala nada. Hay que sufrirlo hasta el final. Recuerdo una infinita recta en un altiplano; luces a muchos kilómetros de distancia (nuestra meta); y unos increíbles dolores de pies. Paro unas cuantas veces, me duelen muchísimo y no hay nada que pueda hacer; estiro un poco, tengo como la planta casi rígida, no sé si es la fascia, pero me dicen que pare. A ratos les hago caso, unos segundos. Ni la música ya me hace desconectar, me he escuchado casi todas las canciones más de una vez y me salto demasiadas: poca paciencia ya. En alguna bifurcación tengo dudas, y por nada del mundo quiero hacer kilómetros de más ni tener que cruzar un pedregal aún peor que la pista que llevamos por haberme confundido. Y el frío, maldito frío. Más de veinte kilómetros en los que apenos disfruto. Llegaríamos más tarde de las 0200h al CP14, llego tocado; nadie dijo que iba a ser un final fácil, y no, no lo está siendo. Sólo un tramo más de 20km, otro de diez y a tumbarnos en la cama.

Como algo, me abrigo con toda la ropa excepto alguna cosa que dejo para emergencia, Juan Carlos se apaña los pies como en todos los controles y me tapo con la manta; me entra viento, hace mucho frío y me acurruco. Mi mundo se reduce a una posición fetal y a pasar frío; no sé si quiero más quedarme tumbado o salir de una vez y llegar a meta. Me duele todo, doy unas cuantas vueltas, sigo con frío y veo que Juan Carlos se ha tapado con la manta también, quiero descansar y dejar de pasar frío, tengo ganas de que esto se acabe. Asomo las cabeza y veo dos frontales. Me cago en su puta madre. Aviso a Juan Carlos, metemos todo rápido en la mochila y llegan nuestras pesadillas; un colega de Libia y su compañero, nos saludamos mientras nos estamos calzando y salimos disparados. ¡Son más de las cinco de la mañana! ¡Nos hemos dormido! No sé si en alto o en bajo, pero rebuzno una retahíla de insultos hacia la imbecilidad que hemos cometido, hemos fallado estrepitosamente, nos hemos relajado y la hemos cagado. Creemos que no nos ha pasado nadie, pero sin duda la hemos cagado, fallo imperdonable. Ahora sabemos que si no nos hubiésemos dormido podríamos haber ganado a Florence, la primera fémina: salió del control aterida de frío y con una manta y estuvo varias horas parada en medio de unas dunas sin poder seguir, hipotérmica y rota, intentando llamar a los médicos para decir dónde estaba; no sé si ella ha sido consciente después, pero sin esa manta creo que podría haber habido una desgracia.

Iba furioso, cabreado porque veía que teníamos que luchar el puesto tan cerca de meta, navegaba bastante bien sin frontal por dunas y volábamos con el mosqueo que llevábamos encima. Y ni frío ni hostias, claro. Una preciosa sucesión de dunas de unos cinco kilómetros nos vio amanecer, el tercer y último amanecer.
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